ZOZOBRA Y AFIANZAMIENTO DE LA INDEPENDENCIA


 

Durante todo el año 1817, en Chile siguieron las acciones para expulsar a los realistas del país.

Así, sin un éxito definitivo, llegó el 2 de febrero de 1818 y en Talca, se firmó oficialmente la Independencia de Chile, siendo jurada el día 12 del mismo mes en Santiago.

Aprovechando el dominio de la isla de Chiloé y el control de los fuertes en esa posesión austral, el virrey del Perú envió refuerzos para los realistas al mando del ex gobernador Mariano Osorio.

Mientras tanto, San Martín viajó a Buenos Aires para pedir más colaboración a Pueyrredón, indicándole que, para la expedición al Perú, debería también formar una escuadra naval en el pacifico y poniéndose al tanto de la conspiración carrerina, dejo en manos de la Logia el problema de la prisión de los hermanos Carrera.

A su regreso a Chile, el libertador ordenó a sus hombres replegarse hacia el norte y reunió unos 8000 hombres en las afueras de Talca, para prevenir algún intento desestabilizador.

San Martín ordenó también, seguir una investigación y el arresto del resto de los conjurados e involucrados en la conspiración contra O´Higgins y su gobierno, los que fueron capturados en Chile alrededor del 8 de febrero de 1818.

Junto a los complotados fueron arrestados numerosos criollos y Carrerinos, incluyendo a Manuel Rodríguez.

La investigación determinó que los conspiradores organizados, solo eran doce comprobados y un par de sospechosos, pero es posible que Rodríguez hubiera estado al tanto de los planes, sin embargo, este juró que, no solo no sabía nada, sino que además nunca estaría envuelto en tales maniobras golpistas.

A pesar de que los Carrera estaban detenidos en Mendoza, los documentos relevantes fueron enviados a Santiago para la atención de O'Higgins junto a San Martín y en la práctica, eso significó que el juicio se alargara indefinidamente.

Al mismo tiempo y según Vicuña Mackenna, la falta de seriedad de la tentativa se hacía evidente, la mayoría de los acusados, incluido Manuel Rodríguez, fueron puestos en libertad.

Además, los dos generales tenían otras preocupaciones más urgentes debido a la guerra contra los realistas y en todo caso, la investigación estaba en manos de la logia Lautaro, en Buenos Aires. Todo esto, hacía prever un desenlace inminente para los hermanos Carrera.

 

Mientras tanto, el 4 de marzo José Miguel Carrera finalmente publicaba su Manifiesto a los Pueblos de Chile.

Ese documento es, a pesar que en él niega toda ambición política y agrega que no lo anima ni un deseo de rebelión ni de venganza, una verdadera proclamación del inicio de su campaña.

Dirigido a los "Pueblos generosos, camaradas y compañeros de armas", en la proclama acusa a San Martín y a O'Higgins de numerosas deshonestidades, incluyendo el estar en colusión con el grupo monarquista y ser la vanguardia de ellos, con el fin de "sustituir en su restauración, al yugo extranjero el de sus pretendidos libertadores"

José Miguel declara posteriormente, que el objetivo de publicar ese Manifiesto no solo es defender su honor sino también "por lo menos avisar a los Pueblos de los peligros que los circundan y prevenirlos contra las redes que arma cautelosamente la ambición detestable, de un enemigo doméstico encubierto con el Paladín de la Libertad Pública" agregando que "No sería prudente callar por delicadeza lo que es preciso publicar por deber". Agrega que, "Nosotros hemos peleado, hemos derramado nuestra sangre para destruir la tiranía, no para cambiar de tiranos."

Con esa publicación y la llegada de la carta desde EEUU, los planes de Carrera, cualquiera que fueran sus detalles, parecían estar empezando a dar frutos.

Sin embargo, para esa fecha y aparentemente desprovistos de comunicación con él, sus hermanos que habían decidido actuar se encontraban en la situación que probó ser desastrosa para la familia Carrera.

Desgraciadamente para ellos, en Mendoza fueron adicionalmente acusados de querer escapar con la ayuda de prisioneros realistas, a quienes intentaron armar y organizar para derrocar las autoridades provinciales e invadir Chile, cargos que Luis Carrera reconoció implícitamente, lo cual lo ubicó en el estrado de traidor a la causa patriota.

 

En Chile, el 19 de marzo de 1818 las fuerzas chilenas que se movilizaban para evitar un inminente ataque enemigo, fueron sorprendidas durante la noche por los realistas del general Osorio que eran aproximadamente cinco mil soldados, enfrentándose en la localidad de Cancha Rayada a la salida norte de Talca. Allí se produjo la sorpresa en la oscuridad, cuando el Ejército Unido bajo las órdenes de San Martín realizaba una maniobra nocturna, donde se generó una gran confusión, que desoriento tanto a las tropas patriotas como a las españolas, que perdieron 300 hombres, pero quedaron dueños del campo y capturaron el parque, fusiles y cañones, levantando mucho la moral de sus tropas.

Los patriotas fueron derrotados a pesar que solo tuvieron 120 bajas, puesto que la división a cargo de Las Heras emprendió una retirada ordenada sustrayéndose de la lucha, por lo que posteriormente, se pudo iniciar la reorganización del Ejército Unido de Los Andes.

La sorpresa, que llego como una difusa noticia del desastre de Cancha Rayada, causó una gran consternación en la capital y la desmoralización hizo efecto en muchos patriotas chilenos. Algunos escribieron a Osorio pidiendo clemencia mientras otros, huían y se preparaban para dirigirse nuevamente a las Provincias Unidas allende Los Andes.

La llegada de varios criollos sureños y algunos soldados con noticias alarmantes, donde incluso se corrió el rumor de la muerte de O´Higgins, provocó gran pánico y casi todos pensaron en una nueva emigración a Mendoza, entonces se convoco a un cabildo abierto y en aquellas críticas circunstancias, apareció la figura altiva de Manuel Rodríguez entre los ciudadanos, convocando a la calma y después de una emocionante arenga llamando a dar la vida por la causa de la independencia, al grito desgarrador de "¡Aún tenemos Patria, ciudadanos!", se encendió un fuego abrasador en el corazón libertario de cada santiaguino, devolviendo el ánimo a los que creían todo perdido y se preparaban a huir presos de la desesperanza.

En medio del temor es Manuel Rodríguez el que domina la situación y apresta la capital para resistir a los realistas, agitando al pueblo y organizando la movilización más extraordinaria.

Los convenció, animó, organizó y finalmente los motivó fervorosamente a unirse y prepararse a defender la ciudad.

Esta acción, transformó al guerrillero Rodríguez en el hombre más popular de Chile desde ese día, lo que finalmente sería una de las principales razones para ganarse la enemistad de O´Higgins.

El pueblo lo nombró integrante al gobierno de la Junta Delegada que presidía don Luis de la Cruz y a las pocas horas, lo nombraron director supremo, por lo que Rodríguez organizó y armó un regimiento que llamó los Húsares de la Muerte.

Gracias a la audacia y oportunidad de Manuel Rodríguez en Santiago, se evitó un nuevo desbande y con ello, aseguró la supervivencia de la novel república.

 

Posteriormente, entre los soldados que seguían llegando a Santiago, aparece O'Higgins a caballo y herido, dirigiéndose de inmediato al palacio de gobierno donde Rodríguez, sin oposición alguna, le hace entrega formal del mando y aunque respetuosamente se pone a las órdenes de O'Higgins, este se desentiende, lo ningunea y se niega a colaborar con él para el reagrupamiento del gobierno en la capital.

Mientras tanto, José de San Martín no se dio por vencido y en solo quince días, junto al coronel Las Heras, puso nuevamente a su ejército en condiciones de luchar y se preparó, para esperar a Osorio en los llanos del río Maipo.

 

José Miguel Carrera recibió la noticia del desastre en Cancha Rayada el 21 de marzo de 1818.

Algunos días antes, había publicado su manifiesto y para mayor desgracia de los hermanos Carrera, el descubrimiento de la tentativa coincidió con la noticia de la derrota patriota después de la Sorpresa de Cancha Rayada y la llegada de la noticia del encarcelamiento de sus leales tanto en Chile como en Mendoza.

Estas noticias provocaron alarma en las provincias del Río de la Plata y se temía una invasión realista ya sea desde Chile o desde el sur de Argentina.

Dado que la ambición de poder político, militar y económico de los Carrera, según los escritos de Barros Arana, se tornaba fuera de control, poniendo en riesgo también los planes libertarios de la logia Lautaro, las autoridades justificándose en los tiempos difíciles que se vivían, decidieron tomar medidas drásticas.

Como consecuencia de todo esto, en lo que en el mejor de los casos puede ser llamado un juicio sumario, los hermanos Carrera fueron encontrados culpables de los delitos de "lesa patria" y "actos contra la plaza", por lo que fueron condenados a muerte por el gobernador de Mendoza Toribio Luzuriaga.

 

Mientras en las afueras de Santiago, el 5 de abril se produjo la batalla en los llanos de Maipú, donde las fuerzas patriotas atrincheradas contuvieron el ataque realista, manteniendo las posiciones.

Desde la altura de las lomas al norte de los llanos, el general en jefe esperaba la ocasión propicia para pasar a la ofensiva. Las tropas realistas intentaban romper la defensa, reforzando el centro de ataque que comenzaba a romper las líneas defensivas hasta que, a la orden de San Martin, los coroneles Santiago Bueras y Ramón Freire al mando de los dragones de la frontera, se lanzaron a la carga de caballería por los flancos.

A sablazos y en medio de las balas, los jinetes patriotas destrozaron a los Dragones del Rey y a los Dragones de Arequipa, obteniendo una completa victoria. El adversario dejó en el campo de batalla 2000 cadáveres, con la rendición de casi 2500 prisioneros, más todo su armamento y material de guerra.

El brigadier O’Higgins, herido en Cancha Rayada, no participó de la batalla; pero oportunamente, se hizo presente montado en su caballo, una vez finalizada la lucha, para abrazar a San Martín y llamarlo el “Salvador de Chile”.

En el escueto parte de la victoria, José de San Martín dice:

– “Acabamos de ganar completamente la acción. Nuestra caballería los persigue hasta concluirlos. La patria es libre, abril de 1818”.

El Batallón de Los Húsares de la Muerte tampoco participo de la batalla.

Sobre la actitud de Manuel Rodríguez por no participar en esta decisiva batalla, se sostiene de parte de algunos historiadores que él, retiene a sus "Húsares de la Muerte" y no participa, como un acto de desagravio para no apoyar a O'Higgins, sin embargo, a pesar de estas desavenencias de su no participación, se deja en claro que, la unidad “Húsares de La Muerte” se mantuvo con el Director Supremo a la espera en retaguardia, por disposiciones de Bernardo O'Higgins y que, posteriormente, realizaron la última carga de caballería de la batalla, donde arrolló y capturó a 700 soldados realistas al mando del desertor patriota Ángel Calvo en el cerro Niebla, donde se habían posicionado para defenderse.

Posteriormente y una vez derrotado ese destacamento realista, a los Húsares se les dio la orden de continuar al sur para ir en persecución de los dragones dispersos.

Lo cierto es que Manuel Rodríguez volvió a Santiago y el teniente coronel Serrano fue encomendado y llevó a cabo esa orden, a consecuencia de lo cual Rodríguez fue tomado prisionero y se le siguió un juicio sumario por conspiración, que no llevó a conocer datos concretos.

Cabe considerar que, la ausencia del regimiento en el combate, puede ser considerada deserción en tiempos de guerra, cargo que puede tener consecuencias serias. Lo mismo se puede decir de un oficial que demande la disolución de su ejército y trate de derrocar su gobierno.

Acerca de la inocencia o no de Manuel Rodríguez, del cargo hecho por O`Higgins de “conspiración para tomar el gobierno”, hay un elemento adicional a considerar. El regimiento de los Húsares de la Muerte bajo su mando, no participó en esa batalla porque, según el entonces capitán de ese regimiento don Ramón Allende, el cuerpo de oficiales desde capitán para arriba, decidió que, "se trataría de conservar a todo trance el regimiento, con la casi seguridad de que próximamente, debían llegar a Chile don Juan José y don Luis Carrera, presos en Mendoza, pero cuya libertad era inminente”.

En todo caso, los Húsares de la Muerte que estaba integrado casi todo por partidarios carrerinos, contaba con José Miguel libre en Montevideo.

En suma, el regimiento debía ser la base de una revolución contra aquel orden de cosas, que para ellos no era más que “una persecución permanente, la cual tomaría mayores proporciones una vez pasada la presente situación," pero también se afirma que, Manuel Rodríguez, al devolver el mando supremo a O'Higgins y presentarle el nuevo cuerpo militar que había creado para ir a la batalla, lo pone a disposición del director supremo y éste, es quien le impide participar en el enfrentamiento pronto a librarse, debido a la desconfianza que había por la lucha entre carrerinos y o’higinistas.

Posteriormente Rodríguez fue liberado de todo cargo, gracias a la gestión de José de San Martin al interceder a su favor. Luego, este batallón de Húsares seria disuelto, por ser considerados por la logia Lautaro como una amenaza para el gobierno de Bernardo O'Higgins, por la lealtad que esta unidad profesaba a su líder Manuel Rodríguez.

 

Así las cosas, en los llanos al sureste de Santiago, con la batalla de Maipú los patriotas obtuvieron la definitiva victoria sobre las tropas realistas, lo que aseguró la independencia de Chile y Argentina.

El Gobierno de Chile premió a José de San Martín, con una vajilla de plata y seis mil pesos por “los servicios a la patria”. Pero este, rechazó ambos regalos diciendo:

“No estamos en tiempos para tanto lujo”.

Posteriormente, para continuar con la eliminación total en Chile, del fragmentado ejercito realista que intentaba reagruparse en el sur, José de San Martín le concede al espía criollo Vicente Benavides, un nuevo y último indulto, a cambio de su reinserción en el ejército patriota.

Básicamente, se esperaba que actuase como espía al interior del comando realista y como enlace de las partidas de desertores que iban quedando al sur de La Frontera.

En aquel mismo momento, Talcahuano y la ciudad de Concepción estaba siendo completamente evacuada por los realistas bajo el mando del coronel Juan Francisco Sánchez, con rumbo a Los Ángeles, en lo que sería uno de los últimos movimientos del otrora victorioso ejército del Rey.

Sin embargo, a pesar del triunfo obtenido y de ser reconocido como “el libertador”, San Martín tuvo como opositores locales a los líderes del sector Carrerino, que diferían de O’Higgins y de las decisiones de San Martín, aunque Juan José y Luis Carrera estaban arrestados en Mendoza esperando cumplir la condena y José Miguel, refugiado en la Banda Oriental. Carlos Maria de Alvear se instaló en la ciudad ocupada de Montevideo en mayo de 1818, luego de casi tres años de exilio en Río de Janeiro.


Próximo Capítulo: El Guerrillero Inmortal


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