SAN FERNANDO Y LA INDEPENDENCIA
Al cabo de un año en Norteamérica, a pesar de la negativa oficial de ayuda por parte del gobierno norteamericano, José Miguel Carrera logró convencer al presidente James Madison sobre la importancia de su ayuda y en secreto, consiguió reunir cinco embarcaciones para formar una escuadra naval, conformada por los bergantines Savage y Regente, la corbeta Clifton, la fragata General Scott y la goleta Davey, además de armamento y soldados para la liberación de Chile.
Llegó de vuelta a Argentina el 9 de febrero de 1817 según consigna en su diario.
En Buenos Aires, por sugerencia de la logia Lautaro, se le instruyo que la campaña de Chile se encontraba en un momento muy delicado y debía poner la flotilla a disposición del ejército libertador.
Aduciendo que hacer tal cosa equivalía a decidir por adelantado el futuro gobierno de Chile, Carrera se negó a poner su flotilla al mando de San Martín.
Según Diego José Benavente Carrera dijo;
– “Entonces San Martín no va a liberar el país sino a conquistarlo, no va a dejar a los pueblos que elijan a su mandatario sino a imponerlo”.
En consecuencia y ante la negativa, el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón le impidió el paso a él y su flota, dejándola en custodia del gobierno argentino.
Para convencer al gobernador realista que el ataque principal sería por el sur de Chile, aprovechando los grupos guerrilleros de Manuel Rodríguez, de Miguel Neira y los vaquéanos y mapuches que llegaron unos días antes que las demás tropas patriotas, el 11 de febrero las tropas encabezadas por Ramón Freire y sus improvisados guerrilleros, que no eran mas de noventa, se lanzaron a la guarnición de Talca levantando a la población contra los realistas, causando estragos en los destacamentos españoles que se habían quedado en el sur, mientras el grueso había regresado al norte por informes que indicaban tropas cerca de Coquimbo.
Totalmente desorientados, los realistas no sabían dónde atacaría el ejército libertador.
Una vez organizada una fuerza considerable entre los guerrilleros y los campesinos alzados, las tropas de Freire realizando nuevamente las maniobras de distracción, pasando una y otra vez, con distintos uniformes hacia la ciudad de Curicó, derrotaron sin contratiempos a las fuerzas realistas y se apoderan de la ciudad, tomando la gobernación y haciendo huir a los pocos soldados que quedaban, dejando ese día Talca y Curico en manos de los patriotas.
Mientras Manuel Rodríguez con ciento cincuenta de sus hombres, junto a las guerrillas de Miguel Neira al mando de Francisco Salas, asaltaron esa noche a San Fernando.
La guarnición realista resistió el ataque; entonces Salas gritó con voz atronadora:
– ¡Que avance la artillería! ¡Que se muevan los cañones!
Inmediatamente los montoneros pusieron en movimiento las rastras de cueros con piedras en su interior, que producían un ruido idéntico al rodado de cañones. Los realistas, creyéndose atacados por una gran fuerza militar, huyeron despavoridos.
Así, casi sin disparar un solo tiro, Neira, Salas y Rodríguez, se apoderaron de San Fernando el 12 de febrero de 1817.
El coronel Rafael Maroto, jefe del ejército realista, enterándose de la entrada de tropas patriotas a San Felipe, decidió salir al encuentro de los independentistas del norte. Ante las noticias del avance del jefe realista Maroto, hacia las casas de Chacabuco, San Martín ordenó el avance a Santiago.
En la madrugada del 12 de febrero la segunda división al mando de Bernardo O'Higgins recibiendo la orden del general en jefe, se puso en movimiento siguiendo por el camino real, mientras que el militar argentino Cabot enviado antes por San Martín, se tomaba con no mas de doscientos soldados la ciudad de Coquimbo.
Durante la mañana, las tropas de O'Higgins avanzaron por la cuesta de Chacabuco hasta que tuvieron a la vista al ejército realista, iniciando los patriotas desde la cresta, el ataque frontal para caer sobre el enemigo.
La división bajó por la quebrada de Ñipa, atravesó el riachuelo de las Margaritas y enfrentó al ejército realista que se encontraba atrincherado en el lugar.
Después del mediodía y tras una ardua batalla todo había terminado y O'Higgins, entró a las casas de Chacabuco, donde poco después llegó el general San Martín.
Ese día se convirtió en un día de gloria, en la que el Ejército de Los Andes obtuvo la victoria sobre los realistas que, contaron 500 muertos y 600 prisioneros, mientras que los patriotas solo tuvieron 12 bajas.
En Santiago, al enterarse de la derrota, el gobernador Casimiro Marcó del Pont huyó hacia el sur oeste, mientras sus oficiales se refugiaban al sur de Talca, pero el gobernador fue capturado por el capitán José Félix Aldao, que gozaría de larga trayectoria militar posterior.
Los montoneros y soldados de Ramón Freire, Miguel Neira y Manuel Rodríguez, continuaron la persecución de los realistas en el valle de Colchagua, evitando que se reagruparan en la zona central, mientras los campesinos de la zona que simpatizaban con los guerrilleros de Rodríguez, se alzaban también en armas contra los españoles que controlaban los pueblos del sur.
Tres días después, ya en Santiago, el 18 de febrero se convocó a un cabildo abierto que propuso a San Martín como director supremo de la naciente república, pero este rechazó el ofrecimiento para evitar sospechas sobre un posible avasallamiento de la Provincias Unidas del Río de la Plata, sobre la autonomía de Chile.
A los días siguientes, el cabildo con los vecinos de Santiago reunidos en la plaza de armas, proclamaron a Bernardo O'Higgins como Director Supremo de la joven nación, designación que la logia Lautaro y San Martín aceptaron.
Entretanto en el sur, las batallas continuaban y el 9 de marzo de 1817 Ramón Freire se apoderó de Linares, lo que le permitió asegurar la zona para que siete días después, ocupara la ciudad de Chillán, mientras en San Fernando, el cabildo nombraba a Manuel Rodríguez como gobernador interino.
Los aportes militares que prestaron, tanto Ramón Freire como Manuel Rodríguez para asegurar la llegada del ejército libertador, con acciones realizadas por ellos en el sur, les valió el reconocimiento de San Martín y a nombre del gobierno del Director Supremo, por lo que fueron premiados con el ascenso de ambos al grado de Coronel del ejército libertador.
Entretanto en Buenos Aires, el general José Miguel Carrera reunió a sus soldados dispersos en la provincia del Rio de la Plata.
Se le unió un grupo de partidarios, entre los que se encontraban, aparte de su amigo el oficial estadounidense William Kennedy, los dos Benavente, Manuel Gandarillas, Pedro Vidal y Camilo Henríquez, a quienes los embarco en la flotilla que, después de un intento de zarpar sin permiso, fue requisada y éste fuera encarcelado a bordo del bergantín Belén, el 29 de marzo.
A causa de la medida arbitraria del gobierno al confiscar su flota naval, Carrera comienza a involucrarse en las disputas internas de los caudillos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, por lo que Javiera Carrera es acusada de alborotadora y es detenida por ser partidaria de su hermano, para luego ser desterrada a Luján y después a San José de Flores, localidades cercanas a Buenos Aires, donde finalmente fue recluida en un convento en aquella capital.
Días después en Santiago, José de San Martín aprovechando los logros de Freire en el sur, ordenó a Las Heras que persiguiera a los realistas hasta Concepción. Estos soldados que, después de la derrota en Chacabuco quedaron dispersos en grupos pequeños, se apoderaron de la plaza de Talcahuano y comenzaban a reagruparse formando guerrillas que sembraban terror en la zona sur, mientras que, en plena marcha hacia Concepción por la división al mando de Las Heras, fue atacado el 4 de abril por una fuerza realista enviada desde Talcahuano por el general José Ordóñez en Curapaligüe, muy cerca de la ciudad.
La victoria fue de los patriotas y obligó a los realistas a retirarse más al sur.
En un primer momento Las Heras pensó sitiar las ciudades de Concepción y Talcahuano, pero consciente de su inferioridad numérica frente a los realistas comandados por Ordóñez, pidió refuerzos a O’Higgins que, recibida la información, partió en su ayuda al frente de 800 hombres a mediados de abril.
Al poco tiempo, llegó a la ciudad de Buenos Aires el reconocido amigo de José Miguel Carrera, anterior ex director supremo Carlos María de Alvear quien, aparentemente, se había declarado ahora fiel sirviente de la corona y promovía el federalismo y que, intercediendo en favor de la liberación de su camarada, se presentó ante las autoridades porteñas.
Poco después, a través de su hermana Javiera, se le ofrecieron pasaportes para él y sus hermanos, lo que Carrera interpretó como un acto de querer eliminarlo al salir de prisión.
Acusó a San Martín y la logia Lautaro de querer asesinarlo, lo que, según Carrera, se demostró con la visita del general argentino para disculparse por el encarcelamiento de carácter político, sobre lo cual escribió Carrera en su diario;
– “después de esta escena teatral, no dudaba ya que se trataba de nuestro exterminio”.
Sin embargo, tuvo su momento de flaqueza, según Vicuña Mackenna que cita una carta de éste a Pueyrredón fechada el 3 de abril, en la que dice:
– “Apenas consiga de V.E. la libertad y un pasaporte para puertos extranjeros y sin pensar más en la carrera que me ha obligado a todo género de sacrificios, me dedicaré a endulzar las amarguras de los que son desdichados por mí”.
En compensación a su aporte militar patriota, junto a los pasaportes y la libertad, se le ofreció nombrarlo embajador del estado chileno en los EEUU y mantener los cargos militares a sus hermanos si lo acompañaban.
Pero al final Carrera prefirió escapar un poco antes del 18 de abril, para lo que contó con la ayuda del comandante del Belén, Manuel de Monteverde y de William Kennedy.
A bordo de un bergantín portugués, José Miguel llegó a Montevideo donde recibió la protección del general Carlos Federico Lecor y según Benavente, se dedicó “a vindicar su honor tan vilmente ultrajado (…por lo que...) Escribió un manifiesto (…) y respondía a cuanta calumnia se le hacía...”.
En su Manifiesto a los Pueblos, escrito por Carrera después de salir de prisión dice que, después de la batalla de Chacabuco, San Martín fue a visitarlo el 15 de abril para explicarle que, su arresto se habría debido a motivos políticos, pero que ahora no había obstáculos para su libertad, aunque la historia oficial no conoce este viaje del general argentino desde Chile a Buenos Aires.
Mientras tanto, Juan José Carrera, quien también había estado prisionero, pero en el bergantín “25 de mayo”, fue puesto en libertad poco después de la fuga de José Miguel. Luis Carrera no fue aprisionado gracias a que estaba en casa de doña Quintanilla de Alvear y vivió como prófugo durante ese tiempo, hasta que fue puesto en libertad su hermano mayor.
Lecor, al mando de un ejército monarquista y en momentos en que José Miguel Carrera escogió asilarse bajo su protección, amenazaba la independencia del sur.
Se temía una invasión al resto de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, intención final del Reino del Brasil bajo la influencia de la princesa Carlota. Adicionalmente, en la misma Argentina había un fuerte grupo partidario de ella.
En esas circunstancias, asilarse en Montevideo bajo la protección de un general líder de una expedición monárquica, daba suficientes motivos para recelos y sospechas. Recelos que, se ha alegado con énfasis, formaban parte central de las intenciones expansionistas de Lecor y su secretario Nicolás Herrera.
Por este motivo, el viaje y posterior asilo de José Miguel Carrera en Montevideo, es calificado de “imprudente” por Benjamín Vicuña Mackenna, agregando que se ve de nuevo esa vehemencia que hacía que, “Carrera actuara sin considerar las consecuencias”.
Este asilo de José Miguel Carrera, puede ser visto como nefasto para su reputación política y posiblemente, como un factor importante en el próximo ajusticiamiento de sus hermanos.
Parafraseando al historiador inglés Edward Gibbon, se puede decir que en algún momento en el periodo que sigue, Carrera dejó de ser el autor de su destino y se transformó, al igual que otros próceres, en actor de los proyectos de otros.
En el norte de la américa española en tanto, la disputa del poder federativo se había agudizado.
Piar tomaba Angostura en abril de 1817 y el intento de reponer la Confederación de pueblos libres de Colombia, quedaba definitivamente abortado. Simón Bolívar se encontraba en la disyuntiva de enfrentarse tanto a los realistas como a los patriotas.
El 5 de mayo de 1817 en las cercanías de Concepción, las tropas de Bernardo O'Higgins y Las Heras, reforzada por los Dragones de Ramón Freire, fueron atacadas por el propio Ordóñez en el Cerro Gavilán.
Pero nuevamente, los agresores fueron derrotados y se vieron obligados a evacuar Concepción, aunque O’Higgins no pudo impedir que se atrincheraran en el puerto fortificado de Talcahuano.
Entonces el Director Supremo, encargó al coronel Ramón Freire una misión casi imposible para sus fuerzas; debía tomar el fuerte Arauco, una sólida estructura protegida por varias trincheras, además de encontrarse en una estratégica posición defensiva junto al caudaloso rio Carampagne. Ese era un punto clave para el reabastecimiento de las tropas realistas y debería ser anulado.
El 26 de mayo, con no más de doscientos patriotas, Freire decidió atacarlo de frente, cruzando el río expuestos a las balas enemigas.
Con el agua hasta el cuello y bajo una tenaz lluvia, comenzó el ataque suicida. Bajo el fuego de los cañones y la fusilería, con el mismo coronel gritando las órdenes a la cabeza del grupo, atacó con gran violencia y ferocidad hasta tomar el fuerte.
Ante la desbandada realista y una vez controlada la plaza, dejando al capitán Cienfuegos a cargo del fuerte, Freire volvió a Concepción y se reunió con O´Higgins, para informar de la misión en los precisos momentos que los realistas, doblando el número y apoyados por los indígenas del sector, recapturaban el fuerte reforzando las trincheras defensivas.
Nuevamente debía recuperarse la posición, pero ahora Freire y O´Higgins reorganizaron las tropas y contraatacaron con la caballería por los flancos, arrasando las trincheras y empalizadas, haciendo huir definitivamente a los realistas.
La leyenda de “los Dragones de Freire” comenzaba ese día, con la “orden al mérito” entregada al coronel por su arrojo y decisión en el combate y su sacrificio por la Patria.
Tras varios meses de infructuosa lucha, en que los realistas permanecieron sitiados en Talcahuano mientras las tropas patriotas intentaron capturar esa fortaleza, usando una táctica organizada y dirigida por el general francés Miguel Brayer, se lanzaron nuevamente en un ataque definitivo.
La operación fracasó por completo, sufriendo las atacantes graves bajas y el esfuerzo de esos días hechos por los patriotas, resulto ser un arduo intento repetidamente vencido por el enemigo, haciendo completamente imposible la tarea de recuperar la plaza.
Envalentonados y atrincherados, los realistas empiezan a aplicar una táctica de desgaste, por lo que hacen reaparecer las guerrillas formadas por indios y milicias del rey dispersas desde Chillán, Rere, Nacimiento y el Laja, que hostigan a los patriotas al sur del rio Biobio, línea geográfica reconocida como la frontera del territorio mapuche.
Próximo Capítulo: La Conspiración del 17
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