NAPOLEON Y LA GESTA DE BAILEN
En la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808, participó como ayudante de campo del marqués de Coupigny, el capitán José de San Martín, reconociéndole una actuación destacada en la acción de Arrodilla, donde al frente de veintiún hombres derrotó totalmente a una fuerza mucho mayor.
Esta victoria, la famosa batalla de Bailén, fue la primera derrota importante de las casi invencibles tropas de Napoleón y permitió al ejército de Andalucía, recuperar Madrid.
La batalla en si, de acuerdo con el Plan de Porcuna establecido por el general Castaños, debería tener lugar en Andújar. Sin embargo, las tropas de Dupont se pusieron en marcha antes de ello, en dirección a Bailén, para unirse al contingente francés de Vedel que había cruzado Despeñaperros.
En el primer período de la batalla, entre las tres y las cuatro de la madrugada, la vanguardia francesa alcanza el puente del Rumblar y a un kilómetro de distancia, en el Ventorrillo, encuentran a los primeros destacamentos españoles.
Estas posiciones españolas, que no ofrecieron mucha resistencia, fueron desalojadas por los franceses sin dificultad.
Cerca ya en los llanos de Bailén, las tropas napoleónicas chocaron con algunas avanzadas españolas, que cayeron concéntricamente sobre ellos y que, ahora si, les hicieron retroceder hasta el Rumblar de nuevo.
El regimiento de caballería Farnesio, llegó hasta Rumbar también. Es en ese momento, cuando Redding ordena el despliegue de sus tropas, a la salida de Bailén: en forma de media luna, ocupando las alturas para dominar todo el campo y en especial los flancos, por lo que los batallones fueron apostados sobre los cerros Valentín, Zumacar Grande, Cerrajón, Haza Walona, y la retaguardia fue apostada en los cerros San Cristóbal y El Ahorcado en prevención de la llegada de Vedel.
Con Venegas en el ala derecha, el centro de Redding y la izquierda de Coupigny, las fuerzas totales que presentan los españoles bajo el mando de Redding, rondan los 20 000 hombres y el francés Dupont, una cifra algo inferior.
Entre las cuatro y las seis y media de la madrugada, el grueso de la columna francesa llega al Rumblar. Dupont ordena el avance de la caballería, con lo que Dupré arrolla al Farnesio y avanza hasta la batería central española, donde acuchilla a muchos artilleros.
A pesar del enconado ataque, los franceses fueron rechazados por la infantería, que les hicieron volver hasta Cruz Blanca con grandes pérdidas.
Los veteranos soldados franceses entonces, apostaron su artillería de campaña, en ese momento inferior a las piezas españolas, para repeler el contraataque. En el duelo de artillería, los franceses apenas infligen algún daño a las piezas españolas, mientras que gran parte de sus cañones y obuses, son desbaratados. El general Dupont mientras tanto, espera la llegada de sus brigadas más cercanas.
En el tercer período de combate, desde las seis y media hasta las ocho y media de la mañana, a la vanguardia francesa, hasta entonces mandada por Teulet, se le une la brigada Chabert y la caballería de Privé. Las fuerzas con las que en ese momento cuenta Dupont, son de unos 4500 hombres y casi diez piezas de artillería. A la siguiente brigada, la de Pannetier, aún le quedaban dos horas para llegar al lugar.
Dupont no puede esperar a que Castaños le sorprenda por la retaguardia, así que decide atacar, aun estando en desventaja, con el objetivo de romper el centro español y enlazar con Vedel. Para eso, forma cuatro columnas de ataque flanqueadas por la caballería de Dupré y Privé, mientras la artillería apoyaba desde Cruz Blanca. Venegas avanza por el ala derecha y Dupré carga contra ellos, mientras que en el ala izquierda, el cerro del Cerrajón se hallaba tomado por los españoles.
La caballería de Privé carga para desalojarlos y provoca su precipitado repliegue. Para apoyar esta retirada, los suizos del Redding, el Regimiento Jaén y una compañía de zapadores se adelanta. La misma caballería de Privé arrolla al Jaén y obliga al resto a retroceder a sus posiciones de partida. Tras esto, el intenso fuego que recibe Privé le obliga a replegarse.
Simultáneamente a todo esto, en el centro, la infantería francesa avanza entre la lluvia de artillería. Antes de tocar el centro de la línea española, la caballería de Farnesio y Borbón cargan contra ellos y les hacen retroceder. Para apoyar a la infantería, vuelven a acudir al combate los jinetes de Privé, enfrentamiento que termina con la retirada francesa.
Dupont se ve agotado sin el auxilio de Vedel, a quien sigue esperando. En este momento, el resto de las tropas francesas ya están en el Rumblar, a unos 5 kilómetros de la batalla.
En el cuarto período de la batalla, de ocho y media a diez de la mañana, Redding está dispuesto a asestar un golpe contundente haciendo que avanzara el flanco derecho español, desde el Cerro Valentín hasta el Zumacar Chico.
Dupont ordena a la recién llegada brigada Pannetier, que se dirijan contra ellos. Los Marinos de la Guardia se sitúan en Cruz Blanca.
Los franceses no logran desalojar a los españoles de Venegas. En vista de ello, Dupont recurre una vez más a la mermada caballería de Privé, que se desplaza desde la otra punta del campo y que logra poner en retirada a los españoles, que cubren su retirada con los regimientos de Barbastro, Cataluña y una sección de artillería volante. Estos provocan un nuevo repliegue francés.
El desenlace final viene entre las diez de la mañana y la una de la tarde. Vedel, aún no da señales y el intenso calor apretaba los corazones franceses, el cansancio se hacía pesado y el monte bajo, estaba incendiado y candente. La falta de agua para los franceses incrementaba su baja moral, mientras que el apoyo popular de los villanos báilenenses, que saciaban la sed de las tropas españolas, fue importante.
Cansado de esperar los refuerzos, Dupont decide un avance general de sus tropas contra el centro español. El avance fue frenado por una lluvia balas de artillería y de fuego graneado de fusilería. Para proteger la inmediata retirada francesa, los jinetes de Dupré cargan contra la artillería. En esta escaramuza Dupré es herido de muerte y las tropas de Dupont sufren un daño considerable para el resultado de la batalla.
Hacia el mediodía la situación de Dupont es desesperada, temiendo la llegada de Castaños por la retaguardia y sin la aparición de Vedel, piensa en un último esfuerzo, reuniendo a todas las tropas presentes supervivientes, se coloca al frente con sus generales, y se lanzan al ataque contra el centro, al descubierto. Aquí, por primera vez, cargan los Marinos de la Guardia.
En estos conatos de asalto desesperados y encontrándose Redding desprevenido, Dupont se lanza blandiendo su espada contra el General español, para vender cara su derrota. A metros del lugar, José de San Martín viendo el peligro que se cierne sobre el oficial, se lanza al galope en medio de la escaramuza. Entre balas y soldados, con su corcel desbocado, de un salto protege a Redding con su cuerpo, cayendo los dos a tierra. Sorprendido, Dupont intenta entonces, cobrar venganza contra San Martin que se encuentra indefenso en el suelo y en ese momento, es alcanzado por un disparo del joven teniente argentino Carlos María Alvear que, acompañado de José Miguel Carrera, llegaban a la explanada en apoyo de Redding y José de San Martín.
Abatido Dupont y ante las ingentes descargas españolas, sus líneas se deshacen, las bajas crecen, los franceses se detienen y comienzan a huir en retirada. Mientras tanto, los regimientos suizos al servicio de España, que integraban en ese momento las filas napoleónicas, se unen a sus compatriotas que integran las tropas de Redding, en el ala derecha española.
Cruz Mourgeon, que acude al ruido del combate, se asoma por el Rumblar cuando todo está perdido, se acaban las últimas esperanzas de Dupont y herido, solicita la suspensión del combate y el paso de sus tropas, hacia Madrid. Redding acepta el fin de las hostilidades, pero ante lo segundo solicitado, indica que es preciso reunirse con Castaños para discutir las condiciones de la rendición. Agrega que, mientras durasen las negociaciones, las tropas permanecerían en su posición.
Pasadas las dos de la tarde, Castaños y de la Peña, avistan el Rumblar y avisan de su llegada, pero el avance es detenido tras ser informados de la derrota francesa.
Vedel y Dufour, con unos 9000 hombres, iniciaron desde La Carolina una muy lenta marcha hacia Bailén, antes del inicio de la batalla. Llegaron a oír el fuego, pero Vedel, estaba seguro de que Dupont vencería.
Cuando el ruido de la fusilería y la artillería cesaron, interpretó la victoria francesa. Dejó a la mitad de sus tropas en Guarromán y a las cinco de la tarde, llega a Bailén.
Redding en tanto, reforzó las tropas que había en los cerros San Cristóbal y el Ahorcado. Vedel, al ver las tropas españolas, se resiste a creer que la batalla ha terminado y ordena atacar. Una vez iniciado este ataque, llega una orden escrita de Dupont del cese al combate, con lo que, a las seis de la tarde, termina todo el fuego en la batalla de Bailén. Unos 17 600 soldados franceses depusieron sus armas.
El hecho de que el enfrentamiento tuviese lugar a las mismas puertas de Bailén pudo ser decisivo para la victoria española, puesto que la población local apoyó en todo cuanto pudo, a sus tropas. La ayuda más importante fue sin duda el suministro de agua para los soldados, en un día señalado por los cronistas como, “especialmente” caluroso, en una región que generalmente en esa época, registra elevadísimas temperaturas. El suministro de agua fue también, sumamente importante para las piezas de la artillería española, que no dejaron de cumplir su tarea de fuego, contra las tropas enemigas. Mientras que, en el bando contrario, la efectividad de la artillería estuvo sustancialmente reducida por el excesivo calentamiento de los cañones y por la destrucción de una parte de ellos.
De esta manera, las poderosas tropas napoleónicas fueron derrotadas, por las gallardas fuerzas del general Redding antes de que, los refuerzos al mando del general francés Vedel, que volvían desde La Carolina, pudieran unirse a estas, aunque había adivinado las intenciones del general Castaños.
En los días posteriores, se llevaron a cabo las capitulaciones entre ambos bandos.
La derrota del general Dupont en Bailén tuvo graves consecuencias para el esfuerzo de guerra francés. La noticia se extendió por toda la península y forzó al rey José Bonaparte a abandonar Madrid, además de poner en duda la aparente invencibilidad de los ejércitos franceses.
Por lo tanto, Napoleón tuvo que acudir personalmente a la península, con un nuevo y numeroso ejército para dirigir y consolidar su dominio.
Luchando por la causa hispana durante la Guerra de la Independencia Española, en las campañas contra la invasión napoleónica, José Miguel Carrera participó en más de veinte batallas, siendo las principales la ocupación de la ciudad de Mora, la retirada de Consuegra, en río Guadiana y luchó junto a Carlos María Alvear en los combates de Los Yébenes y de Talavera. El joven patriota argentino, participo también, en las batallas de Tudela, Tarancón, Uclés y en los combates de Mora y Consuegra.
Próximo Capítulo: Un Mal Gobierno
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