LOS PATRICIOS MERCANTILES
En Chile, un nuevo actor político comenzaba a manejar los hilos de la joven nación que, gracias a la sangre de otros hombres, había declarado su independencia.
Perteneciente a la aristocracia criolla, Diego Portales Palazuelos fue uno de 23 hijos de José Santiago Portales Larraín director de la Real Casa de Moneda y María Encarnación Palazuelos Acevedo, ambos considerados patriotas.
Diego Portales, sin embargo, se mantuvo más bien indiferente ante las luchas emancipadoras, pues la política le interesaba menos que los negocios particulares.
La sociedad Portales Cea, organización comercial que inicio mientras vivió en Perú, contrató con el gobierno de Ramón Freire el estanco del tabaco, en base a prestamos y recursos de Bancos ingleses al Estado chileno, que se encargaría de la distribución mercantil en el Pacifico, fue su primer negocio. Pero, producto de las convulsiones y ensayos constitucionales de la nueva republica chilena, la manufactura del tabaco se convirtió en un fracaso.
Esta circunstancia y la relación con los financistas masones ingleses, que financiaban el estanco, lo convencieron que, “sin orden público ni autoridad honrada” sería imposible desarrollar sus actividades económicas. De esta manera, se constituyó un grupo político conservador denominado “de los estanqueros”, al cual se agregaron los colaboradores inmediatos en el negocio del estanco, Diego José Benavente, Manuel Gandarillas y Manuel Rengifo, además de los pelucones, todos hastiados por la situación que ellos consideraban de “desorden y desgobierno”.
También, para crear una opinión favorable a sus ideas, el abogado Portales fundó dos periódicos que apoyaban y difundían sus teorías políticas conservadoras: “El Vigía” que se relacionaba con el estanco tabaquero en Valparaíso, y “El Hambriento” en Santiago, desde el cual se criticaba la gestión del gobierno liberal pipiolo.
Poco a poco fue convirtiéndose en el líder de los estanqueros. En sus ideas se vieron reflejadas las aspiraciones de diversos políticos conservadores que, en 1830, conspiraron junto a las fuerzas liberales, para retomar por la fuerza, el poder que perdían ahora en manos de los federalistas.
La noche del 3 de abril de 1830, durante una tertulia en la casa del vicepresidente José Tomas Ovalle, se supo de las excusas que Mariano Egaña había esgrimido para ocuparse del ministerio del Interior y la negativa de Benavente para el de Guerra. Irritado por las indecisiones, el mismo Portales se propuso hacerse cargo en el futuro gobierno, de los tres ministerios rechazados; Interior, Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, para de esa manera, convertirse en la figura política más poderosa del país.
El 14 de abril de 1830 en Chile, durante la noche, el ejercito de Freire cruzo el río Maule y tomo la ciudad de Talca, para atrincherarse y resistir el inminente ataque de Joaquín Prieto.
El día 16 el comandante de la tercera división José Rondizzoni, convenció a Freire del suicidio que equivalía quedarse a resistir en la ciudad, por lo que, al amanecer, el ejercito salio del poblado situándose al poniente del cerro Baesa, donde se encontraba Prieto y sus hombres. Este, percatándose del movimiento de tropas, se traslado a orillas del río Lircay cerca de Talca, dejando la caballería y algunos cañones para seguir hacia el sur. Esto engaño a Freire que pensando en un repliegue enemigo avanzó para ganar posiciones, siendo sorprendido por las fuerzas conservadoras de Joaquín Prieto que se enfrentan en una corta escaramuza y huyen, repitiendo los ataques y retiradas una y otra vez, desarticulando a las fuerzas de Ramón Freire que, el 17 de abril en la batalla de Lircay, sucumbe a las cuatro de la tarde, con la muerte también de sus comandantes.
Con este triunfo, el bando Pelucón se apodera del gobierno para reinstaurar el dominio conservador masón y mercantil, dirigido entre las sombras por Diego Portales Palazuelos, que, aprovechando la derrota política, persigue y encarcela al ultimo héroe patriota Ramón Freire Serrano, para enjuiciarlo y desterrarlo exiliado al Perú.
Durante el tiempo que Simón Bolívar Palacios estuvo fuera de Venezuela, Manuela Sáenz solía organizar en su casa representaciones en las que era habitual la burla hacia los enemigos del Libertador; entre estas representaciones, “la quema de Santander" era una de las actuaciones preferidas.
Decidido ya para volver a Quito, un abatido Antonio José de Sucre, emprende tan sólo animado por el reencuentro con su esposa y con su primogénita, el regreso a Ecuador.
Viajando hacia la línea del Ecuador, al suroeste de la actual Colombia y en el camino de vuelta a Quito, en una emboscada que al parecer había sido ordenada por José María Obando, como jefe militar de la provincia de Pasto, Sucre fue asesinado en la sierra de Berruecos.
Fueron señalados como autores materiales de este crimen, José Erazo y Apolinar Morillo, quien diez años más tarde fue apresado y fusilado por esta causa.
Entretanto, Bolívar era víctima de las rivalidades entre los caudillos que empezaban a gobernar a Venezuela y lo único que le complacía, haciéndole olvidar sus frustraciones políticas, eran los amores nocturnos con Manuela Sáenz, que se prolongarían hasta su regreso a Colombia, en donde renuncia a su cargo en el gobierno.
Sus últimas declaraciones reflejan la amargura que sentía por no haber logrado su objetivo de la unidad en la nueva patria:
– "¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro".
A pesar del desprestigio de los últimos años, hecho correr por los cónsules norteamericanos y los masones que, producto de su opinión contra el imperialismo europeo y contra la republica norteamericana, sumado al ideal bolivariano de la Patria Grande Latinoamericana e independiente, se habían convertido ahora en sus enemigos.
A pesar del intento norteamericano y europeo de matar su imagen, a Simón Bolívar se le reconoce hasta nuestros días como uno de los grandes artífices de la emancipación americana.
Bolívar fue el primero en vislumbrar a los Estados Unidos como potencia en su fase pre imperialista. En una carta a Patricio Campbell, desde Guayaquil, el 5 de agosto de 1829 indicaba:
– “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria, a nombre de la libertad”.
En todos los rincones de Hispanoamérica, los cónsules encargados de negocios del gobierno norteamericano, hacían correr rumores de las “ansias de poder” del libertador, que denominaban como “el reyezuelo” o “el dictadorcillo” que “amasaba una cuantiosa fortuna en oro” para “apoderarse de las tierras americanas”.
Después de que fuera aceptada su dimisión a la presidencia de Colombia, el 8 de mayo de 1830 Simón Bolívar abandonó la capital colombiana.
Antes de la salida del Libertador hacia Cartagena, se levantó una ola de calumnias en contra de Manuela Sáenz, por parte de Santander, el culpable de traición e intento de asesinato a Bolívar y que había sido perdonado, por lo que Manuela decidió escribir, como forma de protesta, La Torre de Babel en julio de 1830. Este escrito, motivó que se le acusara a ella de conspiración y se emitió una orden de prisión en su contra. Seguidamente, tuvo lugar la persecución a todos los colaboradores de Bolívar y en especial a Manuela, que la consideraban extremadamente peligrosa.
Pocos meses después, Simón Bolívar pasaba sus días en Cartagena, alejado de la política. Allí fue donde recibió la noticia del asesinato de Sucre y de inmediato, siente su vida amenazada a causa de su enemistad con el gobierno norteamericano, dominado por la Logia masónica de Boston, a quienes Bolívar conocía de sus métodos para acabar con sus opositores y con los que consideraban traidores.
En su situación y en un estado de intrigas políticas, en una ocasión y gracias a la protección de sus partidarios, es salvando de ser asaltado cerca de su residencia.
Ante la recomendación de su amigo Joaquín de Mier y Benítez, se cree que aceptó refugiarse en la Quinta de San Pedro Alejandrino al sur de Santa Marta, viaje en el que parte en diciembre de 1830 y se asegura, que fue escoltado por el buque USS Grampus, de la marina de Estados Unidos.
Es en la Quinta de San Pedro, el día el 17 de diciembre de 1830, cuando Simón Bolívar Palacios el “El Libertador de América”, siendo atendido extrañamente por el médico francés Alejandro Próspero Révérend en compañía del Dr. M. Night, médico militar del USS Grampus, perdió la vida.
La causa de su muerte es desconocida… al igual que la de otros héroes americanos, en su mayoría, de los países hispano americanos.
A fines de diciembre, en una carta al gobernador de la ciudad de Santa Marta, llego la noticia de la muerte de Bolívar. En dicha carta se indicaba que, su muerte, había sido producto de un trastorno hidroelectrolítico, aunque durante mucho tiempo se divulgó la suposición que el libertador murió de tuberculosis, esparciendo esta aseveración por todos los rincones de América del sur.
El 17 de enero de 1831 durante el gobierno de José Joaquín Prieto en Chile, Diego Portales fue ministro interino de Guerra y Marina. Como ministro emprendió una tarea que cambió el militarismo en la política, una practica existente hasta entonces. Este visualizó cuáles eran las fuerzas con las que debía contar, por lo que, después de un prolongado periodo en pruebas de sistemas y formas de gobierno, eligió a una aristocracia cansada y temerosa como base social, considerando como sostén ideológico a la Iglesia católica y como soporte armado del gobierno, a los militares de Concepción.
Disolvió todos los elementos democráticos de las instituciones, que el consideraba “pudieran atentar contra el orden establecido”, dando de baja a 136 jefes y oficiales del ejército, eliminando el militarismo pipiolo e integrando a la oficialidad del bando pelucón.
El “nuevo estado de derecho” fue un pilar en su política; todos estaban sujetos a la ley, no importando el cargo que se ejerciera y para ello, contó con grandes juristas como el venezolano Andrés Bello y Mariano Egaña.
En las instituciones del estado, Portales terminó con los políticos pipiolos que estaban como funcionarios públicos y según el, usaban el cargo “para sus campañas”, junto con los políticos reaccionarios que consideraba ineficientes.
A mediados de 1832 renunció a su puesto de ministro, para que fuese nombrado gobernador de Valparaíso y comandante general de marina. En ese cargo, se dedico a implementar el comercio mercante y el control aduanero, mientras se reunía con sus camaradas de partido para que en el grupo de estudio mercantil, de redactaran proyectos de ley a nombre del gobierno, aludiendo en una carta a un amigo que al final “con ley o sin ley, a esa señora que llaman Constitución hay que violarla cuando las circunstancias son extremas”; de manera que, poco a poco fue sentando las bases como supuesto ideólogo del sistema autocrático mercantil, que se debería implantar en Chile, lo que en definitiva, se promulgaría como la Constitución de 1833.
En ese año, Carlos Rodríguez Erdoíza exiliado en Lima, mantuvo una ácida polémica de prensa con Bernardo O'Higgins, acerca del asesinato y la desaparición de su hermano, el abogado y coronel patriota Manuel Rodríguez Erdoíza.
Los escritos periodísticos relataban todas las inexactitudes y contradicciones que, los acusados del crimen habían declarado en el juicio en Chile, lo que hacia recaer en el ex director supremo la culpa, puesto que el asesinato había sido ordenado por Monteagudo que se encontraba como representante de gobierno y a la orden del general en jefe por la verticalidad del mando, por lo que le asignaba la responsabilidad del alevoso crimen a él y a la Logia Lautaro.
Cuatro años después del Congreso Anfictiónico Americano, la Gran Colombia Federativa se disolvió en tres países y el gobierno de Colombia, dirigido por Francisco de Paula Santander, emitió contra Manuela Sáenz, el decreto gubernativo que la desterró de esas tierras.
Así, el 1 de enero de 1834 le ordenaron a la heroína Manuelita, que abandonara la nación colombiana en un plazo de trece días. Mientras tanto, fue encerrada en la cárcel de mujeres y desde allí, fue conducida en silla de manos hasta el pueblo de Funza, para enviarla posteriormente a caballo al puerto de Cartagena para ser embarcada con destino a Jamaica y ella, partió hacia el exilio que cumpliría en esa isla.
Siete meses más tarde, Manuela se enteró de la muerte del Libertador al recibir una carta enviada por Peroux De Lacroix, donde detallaba los pormenores y la sospecha de su posible asesinato, por lo que al conocer las circunstancias del deceso de su amado Simón Bolívar, lo que para ella fue un terrible golpe psicológico, termino por derrumbarla, sumiéndola en la desesperación hasta que decidió suicidarse. Se dirigió resuelta a Guaduas, donde se hizo morder por una víbora, pero fue socorrida y salvada por los habitantes del lugar.
Entretanto, durante ese año 1834 poco a poco, las Provincias Unidas del Centro de América se desmembraron en cinco Estados independientes.
Es así como en 1835 en un viaje al sur por parte del presidente provisional peruano Luis Orbegoso, el día 23 de febrero, un movimiento militar a cargo del general Felipe Santiago Salaberry desconoce a Orbegoso y se autoproclama como Jefe Supremo de la Republica del Perú, extendiendo su autoridad en el resto del país. Mientras el presidente derrocado, instalaba su opositor gobierno en Arequipa.
Mientras el general peruano Gamarra, desterrado en Bolivia y el general Andrés de Santa Cruz, se reúnen y aprovechando la situación acuerdan una alianza para formar una Confederación Perú-boliviana.
Posteriormente, una vez puesto de acuerdo con Santa Cruz, por el paso de Puno, Gamarra regresa con su ejército a Perú para ocupar el Cuzco, lo que, a pesar que no conocía la alianza de los generales, es usado por Orbegoso para recuperar el poder, utilizando una autorización del Congreso dictada un año antes, que permitía solicitar auxilio militar a Bolivia ante un peligro inmediato.
El general Santa Cruz aprovechando la cláusula de autorización del Congreso peruano, propuesta por Orbegoso para defenderse de la agresión y desconociendo el acuerdo con Gamarra, firma una alianza con el gobierno derrocado en Arequipa, el 15 de junio de 1935 proponiendo la conformación de la Confederación, para poder usar el ejercito boliviano e iniciar la invasión desde Bolivia, para que Orbegoso retomara el poder en Perú.
Aunque Gamarra y Salaberry se unen para hacer frente a la recién creada Confederación, el 13 de agosto son derrotados en la batalla de Yanacocha, donde Gamarra fue tomado prisionero y deportado nuevamente a Chile.
Manuela Sáenz, recuperada ya de su depresión, regresó al Ecuador en 1835 pero no alcanzó a llegar a Quito. Cuando se encontraba en Guaranda, su pasaporte fue revocado y el presidente Vicente Rocafuerte, ante la noticia de su llegada, determinó su salida inmediata del país.
Esto le llevó de nuevo al destierro, por lo que decidió instalarse en el puerto de Paita, al norte del Perú, donde se radicó sin ningún tipo de recursos económicos y subsistió, elaborando dulces por encargo, tejidos y bordados, para la venta, ya que las rentas por el arriendo de su hacienda de Catahuango en Quito, no le eran enviadas por el gobierno ecuatoriano.
Manuela era querida por la gente del pueblo, en la puerta de su casa se podía leer “English Spoken” y bautizaba a los niños, con la condición de que se llamaran Simón o Simona. Allí fue visitada por varios ilustres personajes, como el patriota italiano Giuseppe Garibaldi, el escritor peruano Ricardo Palma, que se basó en sus relatos para redactar parte de sus Tradiciones peruanas, y también recibió la visita de muchos americanos importantes, entre los que figuraron el profesor Simón Rodríguez y Herman Melvilla.
El 21 de septiembre, en el gobierno de Joaquín Prieto y ante los acontecimientos que se desarrollaban en Perú y Bolivia, Diego Portales volvió al gobierno, ocupando la cartera de Guerra y Marina de Chile, preparando las fuerzas militares para la “defensa nacional” y una vez organizado el Ejercito Chileno, gestiono para que el gobierno le entregara la cartera del Interior y Relaciones Exteriores, por lo que el 9 de noviembre, asumiendo el cargo, se da a la tarea para desarrollar con sus conocidos peruanos, el mercado del tabaco por el pacifico, además de convertir a Valparaíso en el puerto mas importante del sur de América y establecer una marina mercante, donde gracias a los contactos de Andrés Bello, en las otras naciones sudamericanas, saca mayores ventajas comerciales para Chile, entrando en conflicto económico con los federalistas de Perú y Bolivia.
Mientras tanto, en Bolivia, Andrés de Santa Cruz iniciaba una atrevida política de relaciones públicas, desatando pasiones e intrigas en Argentina, Chile y Perú, cuyo objetivo era ganar partidarios sudamericanos, para formar una gran federación bajo su mandato.
A causa de los problemas que presentaba la guerra civil en Lima, los descontentos y bandidos liderados por León Escobar, aprovecharon la situación y se dedicaron al saqueo y al asesinato, por lo que el general Francisco Vidal a cargo de la Guardia Nacional, ocupo la ciudad para restablecer el orden, deteniendo al cabecilla Escobar y en un rápido sumario, es fusilado por provocar la anarquía. Luego, el 8 de enero de 1836 una vez restaurado el orden, Vidal devolvió el poder a Orbegoso quien entro triunfante en Lima sin haber combatido ni enfrentado al general Salaberry, que era derrotado por Santa Cruz el 7 de febrero, en la batalla de Socabaya. Posteriormente, en Arequipa, Salaberry es capturado y en un juicio militar se le condena a ser fusilado, por lo que Santa Cruz comienza a organizar la Confederación con Orbegoso y el gobierno de Perú.
En Chile, junto al presidente Prieto, Diego Portales organizó una tenaz resistencia en contra de los partidarios chilenos que sentían simpatía por Santa Cruz y propugnaban las ideas confederadas, por lo que, con sus periódicos de Santiago y Valparaíso, inicio una gran campaña ideológica nacionalista además de reforzar el ejército. Así, el 14 de febrero, ante la modificación de tarifas aduaneras entre Lima y Valparaíso, el tratado de Amistad, Comercio y Navegación, que mantenían Chile y Perú, fue revocado por el gobierno chileno.
El 9 de mayo, en el Congreso de Tacna, la Confederación Perú-boliviana fue oficialmente declarada y Andrés de Santa Cruz fue declarado Director Supremo Protector de la Confederación, que estableció en el Palacio de descanso del virrey Pezuela la sede de gobierno, a pesar que el Congreso boliviano no estaba de acuerdo con las medidas administrativas tomadas por Santa Cruz.
En julio de 1836, en una carta enviada a Santa Cruz, Orbegoso reconoce que mantenía contactos de amistad con Ramón Freire y Bernardo O`Higgins, quienes deseaban un cambio de gobierno en Chile.
Mientras Freire, que durante su exilio se había impregnado de los ideales unitarios difundidos por Bolívar, el cual mantenía un arraigo numeroso en la sociedad peruana y parte importante de los bolivianos, comienza a preparar su regreso a chile tomando contacto con Orbegoso y otros financistas mercantiles de la Logia Lautaro, conocidos de O`Higgins, para armar una flota con el arriendo de 2 barcos de guerra de la confederación, a fin de dirigirse a Chiloé y desde ahí, iniciar la campaña para derrocar al gobierno chileno.
La expedición confederada al mando de Freire, salio hacia el sur con los buques “Orbegoso” y “Monteagudo” tomando dirección a la isla grande de Chiloé donde llegó a principios de agosto. Mientras el Orbegoso tomaba un importante fuerte del archipiélago, en el Monteagudo la tripulación se revelaba en contra de Freire, con un motín que lo tomó prisionero para entregarlo a las autoridades de la Isla, quienes lo mantuvieron en prisión a la espera de las ordenes enviadas por la capital.
Llegada la noticia del intento fallido de establecer su autoridad en la isla, el gobierno envió la orden firmada por Portales, para que Ramón Freire fuese enviado prisionero al archipiélago de Juan Fernández, mientras se le seguía el juicio por alta traición. Portales asumió que, detrás de este evento estaba Santa Cruz con intenciones de derrocar al gobierno, por lo que le entrega al marino español Victorino Garrido, una misión ofensiva contra la escuadra confederada, a fin de darle un golpe decisivo a la marina Perú-boliviana fondeada en el Callao, sin declaración de guerra.
El 21 de agosto, durante la noche, los marinos chilenos a bordo del bergantín Aquiles, capturaron tres buques con poco armamento de la Confederación, lo que provoco la reacción del Protector Santa Cruz, arrestando al embajador chileno acusado de complicidad en el atentado del Callao, pero para evitar la guerra, fue liberado antes de iniciar conversaciones con Garrido, el enviado de Chile. Posteriormente, el Congreso chileno designo a Mariano Egaña, para negociar un “Tratado de Paz”
En el gobierno chileno, que había adquirido una significativa deuda comercial con la banca inglesa, junto a los sectores conservadores, miraban con recelo a la Confederación y el ministro Portales convenció al mandatario de romper relaciones, alegando como razón principal la competencia comercial nacida por la búsqueda hegemónica de los puertos del pacifico, por parte del Perú y de Bolivia unidas, junto a la influencia que ejercían los federalistas en Coquimbo. La justificación de la contienda estaba definida, por lo que la guerra contra la Confederación Perú-boliviana fue declarada el 28 de diciembre de 1836, lo que provocó en el país una reacción de descontento, alentada por los federalistas y el partido Pipiolo.
Para evitar “liderazgos molestosos” en 1837 el gobierno chileno ordenó que Ramón Freire, prisionero en Juan Fernández, fuera trasladado en la goleta ColoColo con dirección a Australia.
El 21 de enero de ese año, mientras Blanco Encalada con la escuadra chilena mantenía un bloqueo en el Callao, una flotilla confederada, aprovechando la neblina, sale del apostadero para iniciar el ataque y abordar los buques enemigos, pero la presencia de las cañoneras es descubierta y los buques chilenos salen a alta mar a la espera de que levante la niebla. Ocurrido esto, las naves se lanzan al ataque haciendo volver a las cañoneras para refugiarse en el puerto, mientras los fuegos del Castillo del Callao protegen la retirada.
Una vez iniciadas las hostilidades, Portales desarrolla una campaña hacia los países que mantenían gobiernos contrarios a las ideas bolivarianas federalistas, para lograr alianzas de unidad contra la Confederación y contando, con sus partidarios peruanos y los gobiernos de Argentina y Ecuador, logro que formalmente el 9 de mayo de 1837, el gobierno argentino declarara la guerra al gobierno de Santa Cruz, pero el ejercito argentino actuaría en forma separada.
Aunque Ecuador, siendo enemigo de Perú y arrastrando disputas anteriores por territorio, a causa de sus problemas internos sobre política y las formas de gobierno, no oficializo alguna declaración de guerra y no participo en ningún tipo de hostilidades.
En el interior del ejercito chileno, en especial en grupos de veteranos de la guerra de independencia y partidarios de Freire, iniciaron una conspiración en contra del ministro Portales que era, en definitiva, por su influencia sobre Prieto, el que gobernaba y el 3 de junio, cuando Portales se encontraba pasando revista a la tropa en Quillota, fue hecho prisionero por el coronel José Antonio Vidaurre.
El golpe se había dado y para asegurar el triunfo de la conspiración federalista, había que tomar la ciudad de Valparaíso, por lo que las tropas sublevadas se dirigieron al Puerto.
El gobierno entonces, movilizo a las tropas leales con la infantería de línea, y alertó a la escuadra chilena a cargo de Manuel Blanco Encalada, que se encontraba en Huacho.
Mientras Roberto Simpson mantenía el bloqueo en el Callao, Encalada, por orden del gobierno, puso proa al sur con la corbeta Valparaíso para enfrentar a los sublevados.
Además, en Quillota, las tropas de Caballería al mando del peruano Ramón Castilla, salieron al encuentro de los sublevados y tres días más tarde, las tropas complotadas en una breve escaramuza, fueron derrotadas y sus oficiales condenados a muerte por rebelión, son fusilados de inmediato.
Mientras el capitán Santiago Florín, que era el hijastro de Vidaurre y encargado de conducir engrillado al Ministro con su sección de granaderos, llevaba al prisionero en dirección al Puerto. Al recibir la noticia de la derrota, en un sector porteño llamado Cabritería, ordenó el fusilamiento de Portales, por lo que este es ejecutado de seis balazos.
Con Alejandro Heredia, como comandante en Jefe del Ejercito Argentino Confederado, inició la campaña en el noreste argentino mientras el general alemán Otto Felipe Braun, nacionalizado boliviano, ante la inactividad de Heredia, comenzó las hostilidades en Tupiza mientras el ataque argentino se daba en Tarija, pero finalmente Braun hizo retroceder a los atacantes hasta Jujuy en agosto de ese año.
Después de la ocupación de las aldeas de La Quiaca, Cochinota, Santa Victoria e Iruya, las columnas bolivianas se reunieron el 11 de septiembre en la quebrada de Humahuaca, donde Felipe Heredia fue derrotado en la “batalla de la herradura”.
El 15 de septiembre de 1837 zarpa de Valparaíso, la primera “Expedición Restauradora” bajo el mando de Blanco Encalada, enviada por el gobierno chileno, con los peruanos opositores a la Confederación, algunos marinos ingleses y tropas chilenas, compuestas de 16 transportes mercantes mas 7 buques de guerra dirigidos por el capitán de fragata Roberto Simpson.
Tocando puerto en Iquique el 22 de septiembre, ante la indiferencia de las autoridades y la población, continúan hacia el norte en dirección a Arica, donde el prefecto de la provincia, el coronel boliviano Lope de Quiroz con sus tropas, había prometido unirse a la expedición, llegando el 24 de septiembre y sin encontrar rastros de López ni sus hombres, Blanco envía una fuerza de guerra al puerto de Cobija, tomándola por 11 días.
López de Quiroga había planeado un engaño a las tropas enemigas, con los habitantes de Arica, para cortar la posible línea de suministros durante las operaciones en la zona, mientras Blanco Encalada y la expedición ponían proa al puerto de Islay llegando el día 29 con malas condiciones meteorológicas, por lo que, al intentar arribar a puerto, naufraga el transporte Carmen, con la división militar peruana opositora, perdiendo una gran cantidad de pertrechos y armamento.
El 12 de octubre, el ejército “restaurador” ocupó Arequipa sin encontrar apoyo en la población, adhesión que le habían asegurado los agentes peruanos.
Tres días después del Callao zarpo el general venezolano José Trinidad Moran con la misión de atacar puertos chilenos y liberar al general Ramón Freire prisionero en Juan Fernández y que se encontraba en peligro de muerte. Se desplazo hacia el sur y después de recorrer la costa de Coquimbo, arribó al archipiélago de Juan Fernández el 14 de noviembre, cuando ya había sido exiliado a Australia.
Posteriormente, para estar más cerca de Chile, Freire se trasladó a Tahití ofreciendo sus servicios como militar, en donde ofició de representante de la Reina Pomaré ante las autoridades francesas, evitando la anexión a cambio del protectorado.
Durante esos años en Perú, Manuela Sáenz se dedicó a la venta de tabaco, además de traducir y escribir cartas a los Estados Unidos, tanto correos personales de parte de los balleneros que pasaban por la zona, como para difundir los pormenores de la guerra.
Mientras el ejército invasor se mantenía inactivo a la espera en Arequipa, las fuerzas de Santa Cruz se reunían en un ejército de cinco mil soldados de infantería, caballería y marina, para avanzar contra la ciudad. Entretanto, por orden de Santa Cruz, el general Antonio Vigil salía de Lima hacia el sur, para cortar las comunicaciones entre el ejército de Blanco y la escuadra chilena.
El bloqueo de los puertos peruanos por la armada chilena para interferir el comercio, se realizaba con algunos problemas de enlace, por lo que la goleta Peruviana al mando de Tomas Ruedas, arribo al puerto de Santa el 26 de octubre para abastecerse de agua, enviando a 15 marinos en una lancha creyéndolo desguarecido. El capitán de puerto peruano Juan Seguín, reunió un grupo de milicianos que se habían quedado para atacar a los enemigos y en un corto enfrentamiento, hicieron retirarse a los marinos chilenos.
En Arequipa, la vanguardia del ejército confederado luego de realizar maniobras de combate, se percataron que las tropas enemigas con un escuadrón de caballería y una compañía de cazadores, se desplazaban por las inmediaciones del río de Paucarpata, con destino a Miraflores.
Para cortar el paso de las tropas enemigas, el ejército confederado decidió copar las alturas de San Lucas para establecer su campamento. El general Santa Cruz dispuso estratégicamente su artillería en las alturas, frente al llano de Porongoche y junto con proteger la posición por seis compañías de cazadores, mando a la caballería y una columna de infantería, a ocupar el cerro vecino. Esta posición estratégica la denomino “el balcón de Arequipa” y desplegó además, unas columnas de infantería y caballería en el llano, para hacer frente a las tropas chilenas que, sorprendidas por el fuego de la artillería, rompieron la formación para diseminarse en grupos de guerrillas, dejando a la caballería a la retaguardia.
Santa Cruz ordeno a su caballería, atacar cerro abajo al pie del San Lucas, por lo que las tropas restauradoras, viéndose en desventaja evitaron el combate retirándose a su campamento.
La posición del ejército Confederado fue reforzada con puestos de vigilancia y mientras Santa Cruz mandaba un emisario para establecer conversaciones, las tropas en estado de alerta, pasaron la noche.
El general Blanco Encalada acepto enviar emisarios para reunirse por lo que el 17 de noviembre, se efectuó el primer encuentro entre Antonio Irrizari por los chilenos y Herrera representando a Santa Cruz, en el poblado de Sanbandía por cerca de 4 horas, donde se acordó el fin de las hostilidades y además, los chilenos pedían garantías para los oficiales peruanos que participaban en la expedición restauradora.
Santa Cruz acepto el Tratado de Paz y Amistad junto con firmar un armisticio, por lo que el ejército chileno, en los días siguientes, se retiró a la caleta de Quilca, donde se reembarcó de regreso a Chile, dejando cerca de cien soldados heridos y enfermos en Perú, a cargo de Irrizari.
En diciembre de 1837, después que el general al mando del ejercito, entregara el informe con el acuerdo de Paz correspondiente, este fue rechazado por el gobierno chileno y a Blanco Encalada se le siguió un juicio por traición. Los tambores de guerra seguían sonando y el gobierno chileno emitió un decreto desconociendo lo acordado, aludiendo que los representantes de Paucarpata no tenían autorización de firmar la paz. A pesar que los soldados enfermos no pudieron regresar a Chile y podían ser considerados como prisioneros de guerra, Santa Cruz respetó su libertad y como un gesto de buena fe, permitió su posterior regreso.
Ante los triunfos de las tropas al mando de Otto Braun, el 3 de mayo de 1838 el Parlamento Boliviano ratificó oficialmente la Confederación. El 11 de junio, otra división argentina al mando de Felipe Heredia fue derrotada por las tropas de Timoteo Raña en el combate de Iruya y el 24 del mismo mes, en las serranías de Montenegro, el general argentino Gregorio Paz fue derrotado por las tropas de Otto Braun en el combate de Coyambuyo, poniendo fin a la guerra entre argentinos y peruano-bolivianos.
Preparada una nueva expedición chilena durante los primeros meses de 1938, se inicia la segunda campaña restauradora con Manuel Bulnes y el general Agustín Gamarra como director general de operaciones, desembarcando en Perú para enfrentar al ejército confederado. Aprovechando la situación y la alianza con el ejercito unido restaurador, Orbegoso junto al sector peruano opositor a la Confederación, inicio una campaña militar contra Santa Cruz, declarando el Estado nor-peruano como “Republica Peruana del Norte” pero, ante los actos vandálicos cometidos por los chilenos en su avance a Lima y el poco interés de los generales del ejercito restaurador por controlar la situación, Orbegoso declaro la guerra también a las fuerzas restauradoras.
El 18 agosto, en las afueras de Lima, Orbegoso y sus batallones comandados por Nieto y Vidal, se atrincheraron en la Portada de Guías, para hacer frente a las fuerzas chilenas, que tenia su cuartel general en La Legua, entre el Callao y la ciudad peruana, donde permanecieron hasta el día 20. El general Bulnes cerciorándose que tanto Lima como el Callao estaban casi desguarnecidos y solos las fuerzas de Orbegoso se le oponían. Al mediodía del 21, las fuerzas chilenas avanzaron hasta el fundo Palao y para evitar el choque directo, se detuvieron frente a La Portada de la antigua ciudad amurallada.
Entre el río Rimac y el cerro Amancaes, se posicionaron las tropas restauradoras, mientras que los de Orbegoso se vieron forzadas por los santacruceños a iniciar el ataque entre edificios, árboles y un terreno accidentado, desde donde rompieron fuego contra la vanguardia de Bulnes, enviando además la carga de caballería. Ante el peligro, Bulnes envía a los lanceros como refuerzo y al escuadrón de cazadores para proseguir el avance. La batalla se prolongo cerca de una hora y media con fuego desde los edificios y los flancos, por lo que Bulnes lanzo los batallones Carampagne y Colchagua, apoyados por piezas de artillería para romper el centro de la línea peruana. La resistencia se prolongo hasta entrada la tarde y ambas fuerzas mantenían sus posiciones hasta que Orbegoso lanzo a la carga nuevamente la caballería frente al avance de dos batallones por el flanco derecho que ganaban la altura, pero la resistencia peruana se quebró y los jinetes fueron derrotados dispersándose, por lo que Orbegoso y sus oficiales se retiraban a Lima y los pocos defensores se replegaron al puente de piedra. Bulnes ordeno al coronel Pedro Godoy la persecución de las diezmadas fuerzas peruanas hasta la ocupación de la Plaza Mayor de Lima, provocando la huida de Nieto hacia el Callao y de Vidal herido, a Huaraz, mientras Orbegoso se ocultaba en la Ciudad.
Tomada la ciudad, los soldados chilenos se dedicaron al pillaje, prendiendo fuego a las casas y rematando a los heridos, sin poder ser controlados por Bulnes, quien al día siguiente restableció el orden declarando la vigencia de la constitución peruana del 34 y nombro al Mariscal Agustín Gamarra como presidente provisional.
En Argentina, el 22 de agosto, ante la derrota frente al ejército confederado, Heredia ordeno la retirada disponiendo que la fracción del ejército perdedor, se disolviera y regresara a su lugar de origen.
Mientras Orbegoso permaneció unos días oculto en Lima, hasta que, disfrazado salio de la ciudad para dirigirse al Callao donde fue reconocido y perseguido a balazos, por lo que, lanzándose al mar busco refugio en los requeríos del puerto y posteriormente en la fortaleza del Real Felipe del Callao.
En posteriores proclamas, calificaba al ejercito restaurador de invasores, llamando a la formación de un Congreso, para decidir la suerte del Perú y continuar la guerra contra los chilenos y los Confederados. Aunque Gamarra le ofreció una alianza contra Santa Cruz, este declino algún tipo de acuerdo con el general, lo que fue usado por el Protector Santa Cruz, para convencerle de apoyarle, a cambio de la instalación del Congreso una vez expulsado el ejército invasor.
El prestigio del general Heredia se vio debilitado, después de la derrota del ejercito confederado, por lo que el pueblo de Tucuman, junto a la “coalición del norte” al mando de Alejo Cordova, se levanto contra el ejercito el 12 de noviembre, asesinando al general Heredia. Las provincias de Salta y Jujuy pasaban a ser parte de la Confederación del Pacifico.
La alianza de Orbegoso, que mantuvo su Estado como autónomo no confederado y Santa Cruz, dio frutos y las fuerzas peruano-bolivianas, se organizaban para retomaron la ciudad de Lima con una invasión del norte confederado, no sin antes ordenar el zarpe de las naves francesas y peruanas, bajo la bandera de la confederación, a cargo del marino Juan Blanchet, con la misión de efectuar una incursión en la costa norte, para atacar los buques de transporte y de guerra chilenos, asegurándoles un suculento botín de las naves de transporte capturadas.
El ejercito restaurador en tanto, el 28 de octubre preparo un consejo de guerra en Lima para el día siguiente, con Gamarra, Bulnes, Castilla y los oficiales encargados, para emprender la retirada de la ciudad ya que las tropas estaban diezmadas por falta de alimentos y enfermedades, sumado al avance de Santa Cruz, por lo que se toma la decisión de enfrentarse definitivamente a los confederados, emprendiendo la marcha hacia Yungay.
El 8 de noviembre 1838, el ejército restaurador abandonó Lima, embarcando primero la infantería y la artillería, mientras la caballería marchaba hacia Chancay. El punto de reunión era Huaylas, donde se reunirían las fuerzas del mariscal Gamarra y el general Bulnes para preparar la ofensiva hasta Yungay.
El 6 de enero 1839 ya reunidas en la provincia de Huaylas, en marcha y terminando de cruzar el Rio Buin, la retaguardia del ejército peruano-chileno, es sorprendida en medio del puente, en el camino real, por la vanguardia de las tropas de Santa Cruz que, mientras disponía de la formación de ataque, envía a la primera división del coronel Cerdeña, junto a Moran y Guiliarte, a hostigar al enemigo por diversos lugares, por lo que Bulnes dispone a los tres batallones en la ribera norte del rio Buin, dejando a los cazadores para proteger el puente, amenazado por la artillería confederada.
Bajo una lluvia torrencial, cerca de las cuatro de la tarde, con un indeciso repliegue producto del nutrido fuego, los batallones Carampagne y Portales son dispersados hacia la quebrada y las alturas den Buin, donde se encontraba el grueso del ejército restaurador. Santa Cruz intenta vencer a la división que protegía el puente, siendo rechazados por un nutrido fuego de la infantería del regimiento Valdivia, haciéndoles volver a la posición anterior producto de una herida del coronel Guarda y frente al refuerzo de las tropas restauradoras que vuelven a la batalla.
Ante la ofensiva de los chilenos, las fuerzas de Santa Cruz se repliegan hacia los cerros de la cuesta de Huaullan sin obtener el control del puente que es cortado por las tropas de Bulnes para continuar la marcha.
Mientras al norte de Callao, el 12 de ese mes, en la bahía de Casma, tres naves chilenas al mando del capitán de navío ingles Roberto Simpson, que realizaban faenas de carga, se enfrentan a cuatro naves de la confederación, al mando del francés Juan Blanchet, en un combate naval donde las naves de Simpson, en el muelle repelen el ataque confederado que, ante el nutrido fuego defensivo, se ven obligados a volver al sur para reparar sus naves y reorganizarse.
El ejército confederado se batía en retirada, marchando a Yungay para ocupar la zona cerca de Tarar y el día 13 ocupa el pueblo de Yungay con el fin de cortar la línea de abastecimiento, quedando en una posición ventajosa para enfrentar al enemigo.
Las fuerzas de Manuel Bulnes, enterados del movimiento confederado, marchan desde San Miguel a dar la Batalla contra las tropas de Santa Cruz en Yungay, con los generales Manuel Bulnes y Ramón Castilla liderando las fuerzas.
El enfrentamiento es inminente cuando las tropas restauradoras llegan a la zona, pero las posiciones confederadas se encuentran fuertes y atrincheradas en las afueras del pueblo, por lo que la batalla se prolonga unos días, mientras se estudia el teatro de operaciones. Sin movimiento de fuerzas ni línea de abastecimiento, los víveres comienzan a escasear en las tropas restauradoras, mientras Santa Cruz, sin problemas logísticos, durante la noche del día 19 envía como espía al coronel Rodríguez Magariños, a las posiciones chilenas, lo que es descubierto por Gamarra y Manuel Rodríguez es sorprendido.
Mientras el general confederado Anselmo Quiroz con 600 soldados ocupa la cumbre del cerro pan de azúcar, en la quebrada del Río Ancash se ubican dos divisiones protegidas con artillería, dejando la retaguardia cubierta por la caballería, información que es obtenida por Gamarra y entregada al general Bulnes, por que en la madrugada del 20 de enero 1839 comienza el ataque de las tropas chileno-peruanas por el Punyan.
El batallón Aconcagua, al mando de Pedro Silva, tiene la misión de tomar la posición en el Pan de Azúcar, por lo que se le ordena al coronel Ugarteche realizar primero la acción de tomar las alturas del cerro Punyan, pero Santa Cruz, percatándose del movimiento, envía al batallón Ayacucho a reforzar la posición.
Ante la maniobra, Bulnes envía tres batallones en apoyo de Ugarteche, con lo que obligan a los confederados a abandonar las posiciones de altura, retrocediendo por la derecha junto al batallón Ayacucho. Sin disparar un solo tiro, las fuerzas restauradoras controlan el Punyan y a las 9 de la mañana, las compañías chilenas y los cazadores del Perú, se lanzan al ataque ante un fuego nutrido, para asaltar el Pan de Azúcar, quedando en la escalada, sin el comandante Valenzuela primero y cayendo después el mayor Olivares, pero las tropas continúan el ascenso.
Ante el arrojo enemigo y la inminente derrota en el Pan de azúcar, Santa Cruz envía refuerzos que son interceptados por dos batallones mandados por Bulnes, que observa los movimientos desde la hacienda Punyan en la altura, por lo que, a las diez de la mañana, las tropas chilenas casi destrozadas y sin oficiales, a cargo de la soldado Candelaria Pérez liderando el ataque, llegan a la cumbre a punta de bayonetas, logrando una aplastante victoria con la muerte del general Quiroz.
Ante la perdida de la posición estratégica y el retroceso de los confederados hasta las trincheras de la quebrada Ancash, Bulnes ordena el ataque final enviando los cinco batallones a campo abierto y contra fuerzas superiores, bajo fuego de artillería.
Ya a las 14:30 horas, en un agotador ataque de las fuerzas restauradoras que no prospera, Bermúdez ordena saltar las trincheras y cargar a la bayoneta, para quebrar la línea restauradora enemiga, que se bate en retirada. Seguro del triunfo confederado, Santa Cruz detiene el fuego cruzado y manda a la caballería para terminar la batalla en campo traviesa, por lo que viendo rota la línea de ataque de las tropas restauradoras y teniendo la ventaja de quedar a descubierto la caballería confederada, el coronel Fernando Baquedano, lanza a los cinco escuadrones de caballería chilena contra los lanceros bolivianos y los carabineros de la frontera altoperuana, haciéndoles retirarse nuevamente a las trincheras.
Enfrentados nuevamente a fuego cruzado en la quebrada del río Ancash, Santa Cruz ordena resistir en las trincheras, pero los generales bolivianos Velasco y Ballivián, amotinados junto a los batallones de reserva, abandonan el campo de batalla con el coronel Gilarte que, junto a sus soldados deja su posición sin efectuar disparo alguno y a la orden de Bulnes para emprender una carga final, con todas las fuerzas de los restauradores apoyados por Gamarra, las tropas de Bulnes finalmente rompen la defensa y dispersan a los confederados, para tomar las piezas de artillería de Santa Cruz.
En esa batalla, el general Bulnes felicita y propone el ascenso a sargento para Candelaria Pérez, por su arrojo y valentía.
Junto a sus generales de la plana Mayor Riva, Cerdeña y Millar, Santa Cruz escapa en dirección a Lima, donde llega después de cuatro días de marcha y desconfiando de su seguridad personal en esa ciudad, decide viajar a Arequipa. Días después, ante un motín popular, Santa Cruz entra como refugiado al consulado Ingles de Islay donde, en un buque de guerra de la corona británica, parte al exilio en Ecuador.
Con el apoyo de Inglaterra, las condiciones acordadas para el termino del conflicto fueron favorables para Chile, finalmente fue esta nación y su oligarquía mercantil quien ganó la contienda al firmar la paz, terminando así el sueño de Miranda, Bolívar y Santa Cruz, con el fracaso del ultimo intento de unidad confederada en la patria grande bolivariana, mientras el general Ramón Freire terminaba su exilio en Tahiti para regresar a Chile en 1842 gracias a una ley de amnistía general, donde se retiró a la vida privada.
En 1847, James Thorne el esposo legal de Manuela Sáenz, murió asesinado, siendo incapaz de cobrar ni siquiera los 8000 pesos de la dote entregada por su padre al momento de su matrimonio.
Con su vista perdida en el horizonte, en su parcela de Cachagua, el 9 de diciembre de 1851 fallece el general héroe de la independencia chilena, Ramón Freire Serrano y sin ningún tipo de homenaje, es sepultado solo con la presencia de su familia y amigos.
Manuela Sáenz falleció el 23 de noviembre de 1856, durante una epidemia de difteria que azotó la región, cuando ya estaba cerca de cumplir los 59 años de edad.
Su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio local y para evitar el contagio, todas sus posesiones fueron incineradas, incluidas una parte importante de las cartas de amor escritas por Bolívar y documentos de la Gran Colombia, que aún mantenía bajo su custodia.
Manuelita entregó al historiador O’Leary gran parte de documentos para elaborar la voluminosa biografía sobre el Libertador, de quien Manuela dijo:
– “Viva adoré a Bolívar, muerto lo venero”.
La unidad de los países Latinoamericanos que se liberaron de la monarquía española en el siglo XIX y que hubiesen conformado la “Patria Grande”, sigue pendiente hasta el día de hoy, a la espera del resurgimiento en las naciones americanas, de estadistas como Simón Bolívar, Cesar Sandino, Fidel Castro, Salvador Allende y Hugo Chávez, mandatarios que se entregaron a la causa de la verdadera independencia regional y que busquen la integración latinoamericana.
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