LA LOGIA MASÓNICA DE BOSTON

 


A fines de septiembre del año 1804, a bordo de la fragata “Nuestra Señora de las Mercedes”, la familia De Alvear y Balbastro junto a sus hijos, inician viaje a España para arraigarse en la Madre Patria. En esos días las relaciones entre España e Inglaterra gozaban de unas pacíficas tratativas en relación a las colonias. El viaje se desarrolló sin contratiempos hasta el 5 de octubre, cuando la escuadra española que transportaba mercaderías y a las familias de las Américas llegaba a destino y se encontraba casi frente a la costa de Cádiz, se aproximaron sorpresivamente cuatro fragatas inglesas. Confiado, el capitán la fragata española mas expuesta, permitió la aproximación de los ingleses a la escuadra sin ponerse a cubierto y cuando se encontraban a corta distancia, estando a "tiro de fusil" uno de los capitanes ingleses intimó a viva voz, que el navío español de la retaguardia quedara como presa de "Su Majestad Británica" junto a sus tripulantes.

Sin dar fe a lo que escuchaban y con una creciente indignación, los españoles decidieron enviar una chalupa con algunos marinos, como delegación, a fin de parlamentar y aclarar un posible malentendido. Pero los ingleses, viendo que el navío español “Nuestra Señora de las Mercedes” en vez de aceptar la intimación, parecía querer buscar forma de dilatar el plazo de rendición, respondieron con una andanada de balas de cañón unidas por eslabones y balas calentadas al rojo vivo. Una de esos proyectiles incendiarios dio en el polvorín del navío español que, en medio de una ruidosa explosión, voló por los aires.

Desde la nave capitana de la flota, el joven Carlos Maria de Alvear, que en ese entonces tenía 16 años, vio como en medio del fuego se hundía el navío donde perecían su madre junto a sus seis hermanos y otras 240 personas indefensas. Los ingleses, como coronario de la cobarde acción, llevaron secuestrada al resto de la flota hasta Gran Bretaña, junto a los supervivientes.

Este hecho, ocurrido frente a la costa portuguesa del Cabo de Santa María, en manifiesta provocación armada, motivó la declaración de guerra de España contra el Reino Unido el 14 de diciembre y fue, la antesala de la batalla de Trafalgar.

El 9 de noviembre de ese año, en un nuevo viaje procedente del Reino Unido, Francisco de Miranda desembarca en la ciudad de Nueva York. Allí, permaneció algo más de un año y mantuvo contactos con su maestro de la logia y destacadas personalidades públicas, como el presidente Jefferson y el secretario de Estado Madison.

Buscaba apoyos y recursos para llevar adelante su empresa, por lo que junto con las reuniones con personeros de gobierno realizaba reuniones privadas con personajes influyentes como Jacob Lewis, comerciante de Puerto Príncipe, y el coronel William Stephens Smith, a la sazón inspector del puerto de Nueva York, a quien conocía desde 1783. Fue Smith quien le puso en contacto con el armador y contrabandista norteamericano Samuel G. Ogden, propietario de una corbeta que Miranda contrató y que rebautizó en inglés con el nombre de su hijo Leandro.

 

Mientras tanto, en la corte española se producía una grave crisis, el príncipe Fernando alarmado por la conducta y ambiciones del amante de su madre, comenzó a preparar con sus partidarios, un ministerio adicto a su mandato, escribiendo una justificación epistolar para el Rey, donde le advertía sobre una conspiración para apoderarse del trono una vez muerto.

Pero los patricios cercanos al amante de la Reina, acusaron al príncipe de intentar asesinar a los monarcas y de manifiesta traición a la corona, lo que fue reconocido por Fernando en la corte, solicitando a su padre el perdón real.

La conspiración de Fernando, que contaba con el apoyo de Napoleón, derivó a la intervención de un árbitro, a quien el Rey solicitó ayuda, lo que termino con un golpe de Estado y la abdicación al trono de Carlos IV en favor de Fernando, gracias a su popularidad de este, ganada entre la mayoría de los nobles.

Pero el emperador Napoleón tenía otros planes. Aprovechando la división política de la corte española, y conseguido el objetivo golpista, envía un contingente de tropas francesas a España para ocupar las ciudades más importantes, con la intención de conformar el imperio franco napoleónico, anexando a Portugal y las provincias del norte de España, que unirían a Francia con esas tierras.

En los primeros meses de 1805 Francisco de Miranda finalmente hace sus preparativos para marcharse y emprender su empresa libertadora. Decide redactar su testamento, nombrando por albaceas a sus amigos John Turnbull y Nicolás Vansittart. En este, estipula que su archivo personal “Colombeia” sea enviado a Caracas una vez que Venezuela sea independiente, que sus clásicos literarios griegos y latinos se envíen a la Universidad de Caracas como donación y que sus demás bienes, tanto de Caracas, Londres y París, sean entregados en administración, a sus hermanas y sobrinos, para asegurar la educación de su hijo Leandro y a Sarah Andrews.

Solucionado el problema del testamento, el 9 de febrero se embarca con destino a Nueva York acompañado por su secretario Tomás Molini. Ya instalado en los Estados Unidos, hace una visita al secretario de Estado James Madison, para solicitar una reunión junto al presidente Thomas Jefferson, quienes lo reciben cordialmente y se enteran de sus planes, pero le niegan comprometerse en la expedición a nombre del gobierno. Con la ayuda de algunos amigos y empresarios masones, Miranda logra concretar con Samuel G. Ogden la compra del bergantín al que ya había denominado con el nombre de su hijo, “Leander” y se da a la tarea de preparar el abastecimiento logístico y a la tripulación.

 

Así, mientras se prepara la expedición y los acontecimientos imperiales se van desencadenando en Europa, más al oriente hacia el Mediterráneo y sobre las tierras del Monte Sacro en Roma, el 15 de agosto de 1805, después de vivir 2 años sin rumbo en brazos de los placeres mundanos, cansado e imbuido de un idealismo juvenil y en presencia de su maestro Simón Rodríguez, el rebelde criollo americano Simón Bolívar Palacios es iniciado en la gran Logia de los jóvenes de América, donde se comprometió solemnemente ante las ruinas del imperio romano, a liberar la “patria” que lo vio nacer.

Sus palabras resuenan entre las ruinas con el juramento del iniciado;

– "¡Juro delante de usted, mi maestro, juro por el Dios de mis padres y juro por ellos, juro por mi honor y por mi patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen, por el dominio y la voluntad del poder español!"

En el puerto de Talcahuano entretanto, Ramón Freire Serrano agobiado por las deudas familiares y los problemas de vivir como allegados en casa de sus tíos, decide ayudar a su madre dejándola con su familia de origen, para nuevamente emprender viaje, pero ahora buscando su destino personal. Debió renunciar a su educación y al trabajo ocasional de dependiente en la tienda, para buscar un trabajo definitivo y asumirlo como profesión. En los muelles buscó alguna ocasión de trabajo permanente, siendo contratado como ayudante y cargador de un barco mercante español. De esta manera, con entereza y trabajo constante, se ganó la confianza del capitán del navío, quien al poco tiempo autorizó su embarco en algunas ocasiones, para viajar por las costas de la capitanía; comenzando así su adiestramiento como marino en el galeón.

En Inglaterra mientras tanto, a fines de 1805 los rehenes militares españoles del Cabo de Santa María, se preparaban para terminar su cautiverio. Don Diego de Alvear había conocido a Luisa Rebeca Ward, con quien contrajo matrimonio en segundas nupcias tres años más tarde del inicio de la guerra. A pesar de “la terrible catástrofe," como diría un viajero inglés por la muerte de su madre y sus hermanos, y de la antipatía que Carlos Maria Alvear profesaba por los británicos, aceptó el enlace de su padre con la natural inglesa y junto con su nueva esposa, regresaron a España.

Llegaba el 2 de febrero de 1806 y en el puerto de Nueva York, con el beneplácito político de la Logia de Boston, de la Corona Inglesa y el apoyo económico de empresarios privados estadounidenses y británicos, Francisco de Miranda partió en la corbeta Leander hacia Haití, donde se le sumarían dos goletas y el buque Emperador, para formar una pequeña flota en aguas caribeñas. 

Su intención definitiva era realizar la invasión conjunta, con el apoyo de la flota inglesa, por el Caribe y el Atlántico del sur, para desembarcar posteriormente en las costas del Río de la Plata con parte de la flota inglesa y en Nueva Granada, con las cuatro naves desde Haití, obtener el apoyo de la población de Venezuela y comenzar la lucha definitiva por la independencia, desde el norte y el suréste de América.

En aguas americanas la Leander es interceptada por la fragata británica Cleopatra, al mando del capitán Wright, para acompañar a la corbeta y proseguir la travesía hasta tomar tierra americana en la isla de La Española, el 20 de febrero.

La expedición permaneció durante seis semanas en Jacmel y consiguió fletar las goletas Bacchus y Bee, con las que también se dirigió a tierra firme, hacia Ocumare de la Costa, donde entabló combate con las fuerzas navales realistas al mando de Antonio Tiscar, que repelieron el ataque de la flota invasora, la que no se encontraba preparada para el combate en alta mar, no permitiéndoles a los expedicionarios tocar tierra firme.

El grueso de la flota inglesa entretanto, en la quincena de abril, llegaba a las costas del Río de la Plata con una escuadra a cargo del coronel William Carr Beresford, para apoderarse de la capitanía e instaurar un gobierno de “colonia inglesa”. Así el 29 de abril, la escuadra recala la isla de Santa Elena, para preparar el ataque a Buenos Aires mientras enviaba la fragata "HMS Leda" en labores de espionaje al Río de la Plata, donde fue sorprendida por una partida de milicianos que capturó a los espías, enviándolos como prisioneros a Buenos Aires para alertar al virrey. Este, sin preocuparse mayormente por el asunto, decidió no tomar ninguna medida defensiva, por lo que el 27 de junio las tropas británicas desfilaron por la Plaza Mayor de Buenos Aires, ciudad que las autoridades del virreinato habían entregado sin mayor resistencia.

Pero el pueblo reacciono posteriormente contra la invasión. Se organizaron y formaron las Milicias Urbanas que, junto con el Escuadrón de Húsares comandado por Juan Martín de Pueyrredón, realizaron una enconada resistencia, tanto urbana como campesina, de criollos y españoles, que hizo fracasar estruendosamente la expedición inglesa por el atlántico, y la ocupación inglesa solo permaneció por 26 días.

 

Capturadas las naves de Miranda en el norte, la flota realista escoltó las dos goletas hasta Puerto Cabello, junto a 58 prisioneros que fueron encerrados en el castillo de San Felipe. En represalia al intento de invasión, 10 prisioneros en su mayoría estadounidenses, fueron acusados de piratería en un juicio sumario, para posteriormente ahorcarlos y descuartizarlos en la plaza mayor de Puerto Cabello, el 21 de julio de 1806.

Uno de los ahorcados y descuartizados, fue el impresor Miles L. Hall quien, por ese motivo, ha sido considerado como el primer mártir de la imprenta en Venezuela. Los demás expedicionarios sufrirían prisión por más de diez años.

 

Después de fracasar en el desembarco de Ocumare, Miranda se refugió en Trinidad, donde llegó casi sin pertrechos de guerra, con una imprenta y con un solo navío, la corbeta Leander.

El gobernador británico de Trinidad, sir Thomas Hyslop, le facilitó a Miranda una decena de buques y más pertrechos, para que pudiese continuar la lucha. Con una expedición aumentada ahora a 11 buques y 300 hombres de desembarco a cargo del comodoro Lord Thomas Cochrane, la nueva flota llega a las costas de Coro el 1º de agosto de 1806.

En la madrugada del día 3 de agosto, mientras los buques descargaban su artillería, Miranda y sus hombres se precipitan a tierra para el asalto al fortín.

Ese mismo día, en lo alto del Fortín de La Vela, la bandera tricolor venezolana fue izada por primera vez. Pero el pueblo, no se sublevó en los días siguientes, puesto que los criollos y los españoles consideraban el asalto como una invasión inglesa, por lo que, al no encontrar apoyo popular, Miranda se reembarcó diez días después para partir con rumbo a Aruba y luego de algún tiempo en Trinidad como huésped del gobernador Hyslop, se dirigió a Inglaterra.

Ese año marcó, además, el regreso a su hacienda en tierras venezolanas, del joven Simón Bolívar que, enterándose de la escaramuza libertaria, decidió unir sus esfuerzos a la causa revolucionaria iniciada por Francisco de Miranda, promoviendo los valores liberales y a la vez, administrar los negocios familiares, participando en política, administración y gestión local mantuana.

 

Mientras en la capitanía de Chile, Bernardo O’Higgins era elegido por el pueblo de Chillán como Alcalde del Cabildo local, poniéndose de inmediato en contra del intendente de Concepción, Don Luis de Álava, por los intentos de atropellar los derechos comunales de los comerciantes con su administración y éste, a su vez, comenzó a vigilarlo por sus "inclinaciones pro inglesas", manifestadas según el,  por la adquisición de herramientas de esa nacionalidad para su hacienda y por la correspondencia que mantenía con personajes de la logia en Buenos Aires, ciudad que en esos momentos era amenazada por la invasión inglesa y que formaba parte de la estrategia de Miranda.

El Intendente no se arriesgó a detenerlo, pues O'Higgins ya era un personaje estimado y respetado en la región, pero sí buscó atacarlo políticamente de diversas maneras.

 

Entrado el año 1807 y luego de algún tiempo en Lima, enviado por su padre a causa de su deserción del convictorio Carolino, además por líos de faldas con esposas de chapetones tanto en Chile como en Perú, José Miguel Carrera parte a España, para enrielar su carácter. Una vez instalado en la madre patria y por sus recomendaciones patricias, se enroló en los Voluntarios de Madrid del ejército realista y posteriormente, en los Húsares de Farnesio, donde logró una formación militar sólida.

Mientras Manuel Rodríguez y Erdoíza en Chile, se recibía sin mayores dificultades de Bachiller en Cañones y Leyes, en la reconocida Universidad de San Felipe. Frente al Rector, don Manuel José de Vargas, prestó su juramento de rigor. Su certificado destacaba el “talento aventajado que le adornaba” para desempeñarse con “lucimiento y escrupulosa aplicación”.

Rodríguez ejerció posteriormente la profesión de abogado, como procurador “sin Borla” del Cabildo de Santiago y siguió la carrera de "opositor" a los cargos civiles, pero no podía titularse de Doctor en Leyes, debido a que el sistema colonial de privilegios relativos al lugar de nacimiento, consideraba principalmente a los peninsulares como merecedores del título y exigía, por la Borla de Doctor, un pago inalcanzable para su familia, dependiente de un cargo burocrático paterno, en la real Aduana, que lo postergó frente a otros estudiantes, procuradores y opositores, con mayores influencias, de mejor situación económica y o nacidos en la península.

A pesar del hecho que gozaba de buenas recomendaciones y que Joaquín Fernández de Leiva y Erdoíza, su medio hermano y tutor, era vicerrector de la misma universidad, no pudo alcanzar la preciada toga, incluso, Rodríguez ofreció trabajar sin pago de Instituta, hasta completar la dote.

 

Así también, a mediados de ese año, cuando Simón Bolívar volvió de las haciendas a la Casa del Vínculo de Caracas, se encontró con una urbe inmersa en un ambiente de gran agitación social y política, ciudad que era gobernada por personajes interinos, bajo la supervisión de un regio Regente visitador visto con malos ojos por la colectividad caraqueña, llamado Joaquín de Mosquera y Figueroa, quien sentía especial simpatía por María Antonia Bolívar, la hermana mayor de Simón, que en algunas ocasiones, a pesar de ser casada, frecuentaba en secreto al Regente.

En ese estado de incertidumbre y conmoción, Simón Bolívar se dio de inmediato a la tarea para formar la “Sociedad Patriótica”, con algunos comerciantes y criollos caraqueños.

 

A fines de 1807 el joven Carlos María de Alvear se incorporó, con el grado de alférez, a la Brigada de Carabineros Reales. Entre sus compañeros de armas, se encuentra José Miguel Carrera, con quien comparte amistad en los cuerpos de línea, y con otros jóvenes americanos que, en ese entonces, ya eran cercanos al círculo de los “jóvenes Patriotas” que dirigía Francisco de Miranda.

En 1808 Ante la intención del joven monarca español de casarse con la sobrina de Napoleón Bonaparte, para asegurar su lugar en el trono, el emperador francés decide nombrar a su hermano José Bonaparte como monarca de España, asegurando la conformación del nuevo imperio Napoleónico.

Las tropas del emperador invadieron toda la península Ibérica y Fernando VII de España fue hecho prisionero. El nuevo Rey de España era destronado antes de comenzar a reinar, lo que derivó en el apoyo del pueblo a su monarca y el inicio de la resistencia a la dominación francesa.

Poco después, producto del descontento del pueblo español, estalló la rebelión contra el emperador Bonaparte y contra su hermano José, que había sido apodado por los españoles como “Pepe Botella” por su afición al alcohol. Se estableció así, una Junta Central de Gobierno español, que actuó primero en Sevilla y luego en Cádiz.

En ese estado de cosas, José de San Martín fue ascendido por la Junta de Cádiz, ahora al cargo de ayudante primero del Regimiento de Voluntarios de Campo Mayor. También sirvió más de un año, a bordo de la fragata de guerra Dorotea. 


 Próximo Capítulo: La Gesta de Bailén


https://artificesdelalibertad.blogspot.com/2021/03/napoleon-y-la-gesta-de-bailen.html

Comentarios

Entradas populares de este blog

Libertadores: datos de Francisco De Miranda

Freemasons architects of freedom

LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y LA COMUNA DE PARIS