LA DICTADURA LAUTARINA

  



Conforme se van desarrollando los hechos, el avance del movimiento independentista hispano americano se encamina inevitablemente a la formación de una gran patria americana federativa… La idea germina en la mente de Miranda, con el gran “continente colombiano”, después la necesidad de la guerra patriótica contra el enemigo común, el sistema monárquico español, determinan en San Martín y Bolívar a vislumbrar, aunque proyectos políticos diferentes, una “monarquía constitucional de incanato” el primero y una “federación latino americana” la gran Colombia, el segundo.

La logia de Boston va apoyando los procesos sin comprometer a la gran nación norteamericana, que en la mente de su presidente federal Monroe, elabora una doctrina de “América para los americanos” y que se va traduciendo en controles ideológicos por medio de Cónsules, filiales masónicas latinas y caudillos americanos, como Santander, Artigas y Carrera, que asumen la idea “confederativa hispano americana” sujeta a los intereses estratégicos del norte.

Para alcanzar el objetivo final, se debe ir paso a paso, avanzar tácticamente teniendo como amigos dictadores a quienes sirven para el fin ultimo, afianzarlos mientras no entorpezcan y sacarlos si no se ajustan al plan, desprestigiarlos primero y asesinarlos después. La logia Lautaro, que trabajaba para los planes de otros, sin importar quien la dirigiera, tenía claro el objetivo final.

 

El 26 de mayo de 1818, contra Manuel Rodríguez, ya acusado de “alborotador incorregible” y encarcelado en el cuartel de calle San Pablo, fue promulgada al orden para su trasladado a la prisión militar de Quillota.

El prisionero fue sacado con las manos atadas y custodiado por el batallón Cazadores de los Andes. Al coronel argentino Rudecindo Alvarado le encargaron tomar el mando del destacamento que lo trasladaría.

La ruta que siguieron los soldados y el prisionero, fue saliendo por Chicureo y ya atardeciendo, pasaron una noche en la casona patronal de Polpaico, en el Fundo que pertenecía a don José Serey Osbando, español nacido en Cataluña que tenia 22 varones y 2 damas de descendencia, donde Manuel Rodríguez fue mantenido y se le ofreció su última cena. En ese lugar tomó el mando el coronel Alvarado y el batallón de cazadores fue remplazado para separarlo del destacamento que custodiaba a Rodríguez.

Al día siguiente, Rudecindo Alvarado y un pequeño destacamento a cargo del prisionero, se dirigieron camino a Tiltil.

El destacamento lo componían los soldados de apellido Parra y Gómez, el teniente Maure, el cabo Agüero, Antonio Navarro, que no consta continuar con el destacamento y Bernardo de Monteagudo, quien dirigía el grupo en misión especial del gobierno.

Llegando el grupo al sector escampado "Cancha del Gato", que aún existe sin modificaciones antrópicas, aproximadamente a unos cuatro kilómetros al sur del pueblo de Tiltil, específicamente frente a la Hacienda "El Sauce", cerca de un bosque de maitenes a orillas del río Lampa, el guerrillero Rodríguez es asesinado de un tiro por la espalda, a manos del teniente Antonio Navarro, quien logro distraer su atención con un comentario de un ave que pasaba por el sector.

Según indica el parte oficial, consignado por Bernardo Monteagudo, se adujo como causa de muerte que el guerrillero tomó una daga, atacando a Navarro e intentó escapar. Esta versión fue oficializada por el gobierno de Bernardo O´Higgins.

Pero en el lugar hubo un testigo, el campesino Hilario Cortés que cumplía labores agrícolas en el sector, quien se escondió y presenció el asesinato.

Según cuenta Cortés, Manuel Rodríguez recibió un balazo a quemarropa en la espalda, efectuado por pistola o arcabuz (arma más probable), una serie de bayonetazos en el abdomen y cuello, luego uno, o varios golpes de culata en el cráneo, para rematarlo.

Su cuerpo fue despojado de su traje militar, dejándolo semidesnudo y abandonado, sin ser enterrado con el evidente objetivo de que los animales carroñeros hicieran la parte final de la tarea.

El campesino Cortés y su patrón, Tomás del Valle, cinco días más tarde tomaron los restos del guerrillero y los enterraron en una capilla en Tiltil, guardando en completo secreto el lugar exacto del entierro.

El sindicado como asesino Antonio Navarro, diría mucho más tarde que, el autor material, fue el coronel Rudecindo Alvarado, jefe de la comitiva militar y que la autoría de Navarro, solo fue de conveniencia para el oficialismo.

Pedro Serey Soliz, uno de los hijos de don José el hacendado de Tiltil, relata que fue testigo del “fusilamiento” junto a sus hermanos y a su hijo Pedro Serey Espinoza, el que entrega su testimonio:

   " También mi padre dice que estuvo presente de la muerte de Don Manuel Rodríguez, que fue fusilado en el fundo de Tiltil, en tiempos que mi abuelo vivía ahí, donde lo fusilaron, al día siguiente lo desenterraron, y lo cambiaron a otro sitio y le pusieron en un nicho fuera del peligro donde estaba enterrado a la orilla del río, a por muchos años preguntaban dónde estaría enterrado Rodríguez, un tío sabía, dio noticias en Santiago y fueron personas a desenterrarlo, a donde el con mi abuelo y otros tíos varios el que se llamaba José Serey Solís, cuenta mi padre."

Un documento, escrito de puño y letra por el teniente José Antonio Maure, miembro del pelotón que custodiaba a Rodríguez, (escrito donado por la familia al museo Colchagua de Santa Cruz) relata con gran minuciosidad las horas previas a la muerte, las circunstancias del crimen, detalles desconocidos y los hechos materiales del asesinato. Además, se inculpa personalmente de haber dado los tiros de gracia al patriota, siguiendo órdenes de su superior Navarro.

Claramente se trata de un documento de gran valor histórico, que servirá para aclarar las circunstancias del crimen, no así sus autores intelectuales, ya que en el lugar del documento donde parece nombrarlos, este se encuentra con una mancha de tinta ex profeso.

Otra versión y que corresponde al parte militar entregado en Quillota, indica que el autor de los disparos fue el coronel Rudecindo Alvarado, comandante del destacamento y batallón Cazadores de los Andes, quien además era miembro de un grupo extremo de la Logia Lautarina.

Alvarado apartó a Navarro y junto con el sargento Sequeira, los soldados Parra, Gómez y Agüero armados a la bayoneta tomaron a Rodríguez y lo condujeron a la "cancha del Gato" donde Alvarado disparó al prisionero y los acompañantes lo remataron con particular salvajismo.

El teniente Navarro confesaría, en 1825, que el abogado Bernardo de Monteagudo le dio la orden de asesinar a Rodríguez. Monteagudo fue expulsado a Perú, donde sería asesinado por un desconocido, el mismo año en que Navarro confesó.

Como recuerdo de aquel luctuoso suceso, el asesinato del abogado y coronel Manuel Rodríguez y Erdoíza, se erigió, en 1863 un monolito en su memoria, en que se lee la siguiente estrofa del poeta Guillermo Matta:

¡Jamás el héroe muere!

en la mano que le hiere

en página inmortal su nombre escribe,

y el héroe mártir con su gloria vive.

De esa manera, el Guerrillero Manuel Rodríguez se convertía en un héroe popular y mártir del pueblo que, a pesar del costo político para el gobierno y estando desaparecido, dejaba descabezaba la opción política contraria al director supremo.  

 

Bernardo O'Higgins y la logia Lautaro se aseguraban de no tener oposición de peso en la región, tanto en los soldados patriotas como en el partido carrerino, puesto que José Miguel, su principal contrincante, se encontraba en el exilio y políticamente manchado, por depender de un estadista pro realista, en Montevideo.

Entretanto, partiendo desde la ciudad chilena, José de San Martín se trasladaba a Buenos Aires para obtener del gobierno un acordado empréstito que permitiera costear los gastos de la Expedición Libertadora del Perú. Pueyrredón le había prometido quinientos mil pesos, pero luego, hubo dificultades para cumplir la promesa debido a las luchas internas entre Buenos Aires y los caudillos federales. Entonces, el libertador San Martín presento su renuncia a la jefatura del ejército y ante este hecho, el Directorio envió a San Martín doscientos mil pesos.

Cuando se disponía a reanudar su vuelta a Chile, para preparar la campaña al Perú, recibió la orden del Directorio de las Provincias Unidas, de marchar hacia el litoral argentino con su ejército para combatir a los federales de Santa Fe y Entre Ríos. San Martín se negó de plano y ante la insistencia del gobierno, respondió con el silencio.

 

En Venezuela durante 1818, la situación del ejército español se hizo insostenible y Morillo, se vio obligado a retirar algunas de sus fuerzas de la Nueva Granada, para intentar contener al general patriota Simón Bolívar.

Junto con los preparativos militares también se realizaban acciones políticas importantes.

A mediados de 1818 en junio, había llegado a Angostura, capital de la Venezuela revolucionaria, el agente diplomático J. B. Irvine, enviado por el gobierno de los Estados Unidos con una triple misión:

                Manifestar las simpatías con que la República del Norte veía el nacimiento de los nuevos Estados en la América del Sur, o sea, fuera del territorio continental de la América del Norte y de sus perspectivas expansionistas por el Caribe, América Central y México.

                Protestar por la confiscación de los dos barcos norteamericanos, capturados en el Orinoco por las fuerzas navales de los patriotas, cuando intentaban romper el bloqueo decretado contra España.

                Esclarecer el estado en que quedarían las relaciones entre la Venezuela revolucionaria y la Unión americana, luego del incidente acaecido con la República de Florida.

La reacción del Libertador Bolívar a todos estos planteamientos, puede apreciarse en la comunicación dirigida a Lino de Clemente, el 24 de julio, donde consta:

“A consecuencia de haber llegado a esta República Mr. J. B. Irvine, con el carácter de Agente de esos Estados y de las disposiciones favorables de ese Gobierno con respecto a los pueblos libres de América del Sur, he creído conveniente extender el adjunto diploma, nombrando a usted Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela, cerca del gobierno de los Estados Unidos de la América del Norte...”

El 21 de enero de 1819 llegaron a Angostura los buques británicos, el Perseverance y el Tartare, con un cuerpo de voluntarios para apoyar al general Bolívar y el 15 de febrero, el Libertador reunió el Congreso de Angostura, acontecimiento en el que pronunció una de sus mejores composiciones políticas, el “Discurso de Angostura”, en el que hacía un análisis crítico de la situación, exponía el rumbo a seguir para fundar la Patria Grande y anunciaba la Ley Fundamental de la República de la Gran Colombia

Para entonces, la situación política y militar era lo bastante buena como para pensar en la organización de un Estado completamente libre y así fue como, se instaló ese año el Supremo Congreso de la República de Colombia, en Angostura.

Además, Simón Bolívar había dado inicio a la Campaña Admirable por el bajo Magdalena Colombiano, donde sumaba a sus fuerzas las tropas de los buques británicos Perseverance y Tartare, que fueron conocidas como la Legión Británica, desalojando a los realistas que se ocultaban en los pueblos de la zona. El libertador contaba con sus servicios de espías, amigos de Mercedes Abrego, heroína de la región de Salazar Gramalote, quien le envía datos sobre las posiciones, movimientos y cantidad de soldados realistas, indicando que en Cúcuta se encontraba el general invasor Correa, provocando daños y represión contra los patriotas, por lo que Bolívar aparece en la mañana del 28 de febrero, por las lomas del costado occidental de Cúcuta, desde donde observa el valle dominado por Correa.

Encontrándose a la vista los generales y después de saludarse, cerca de las 9 de la mañana se inicia la batalla que dura casi cinco horas de arduo enfrentamiento y gracias, al suministro de agua entregado a los patriotas por el joven Eugenio Sosa en una burra con tinajas, se rompieron las líneas realistas que emprenden el repliegue hacia La Grita en Venezuela, con lo cual, el occidente venezolano fue liberado.

Este enfrentamiento bélico entre Simón Bolívar y las tropas españolas, significó el inicio de la campaña donde el Libertador aseguro la libertad de Colombia y Venezuela, puesto que Cúcuta era una plaza estratégica que servía de corredor realista entre Caracas y Bogotá, por lo que las tropas del general Correa perdieron todo contacto con las otras fuerzas, favoreciendo a la resistencia criolla.


Próximo Capítulo: La Federación del Sur


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