LA CONSPIRACIÓN DE CARACAS











En diciembre de 1796 y a comienzos de 1797, los 4 conspiradores europeos de San Blas, fueron llegando por separado al puerto de La Guaira, desembarcando en el muelle de atraque donde sus partidarios, esperándolos previo acuerdo, les ocultaron del control monárquico de la aduana. Al poco tiempo y reunidos todos, Picornell y sus compañeros entraron en contacto con Manuel Gual y José Maria España, reforzando sus ideas revolucionarias y empapándolos con los detalles propagandísticos del plan. El movimiento conspirativo, que tuvo su foco principal en La Guaira desde donde se extendió rápidamente a Caracas, contó con un conjunto de documentos teóricos e instrucciones de carácter organizativo práctico.

En esa época, a fines del siglo XVIII, tanto en Venezuela como en las otras capitanías del sur no existían ni funcionaban todavía las logias masónicas propiamente dichas. Los intelectuales criollos y comerciantes, se organizaban en “Peñas” o saloncitos, como Sociedades secretas donde se reunían periódicamente y en forma furtiva las personas de ideas liberales. Estas Sociedades eran una especie de centros filosóficos, donde se discutían problemas relacionados con la administración del Estado, con la justicia y la libertad de comercio. Eran grupos secretos que fueron establecidos por españoles y criollos que, habían visitado Francia o que tuvieron contacto con intelectuales españoles que seguían las enseñanzas de los "enciclopedistas" franceses.

Manuel Gual, frecuentaba esas Sociedades secretas, en las cuales también predicaban los principios de la francmasonería, que desde la conferencia de Londres en 1717 se habían difundido por toda Europa. Pero no hay manera de confirmar que este prócer fuera parte de las figuras masónicas o que perteneciera a la Masonería en ese tiempo.

De acuerdo con el testimonio de sus compañeros de armas, Gual poseía una gran cultura general, dominaba el inglés, el francés y además, entre otras cosas, tocaba el violín con maestría. Aunque vivía fuera de Caracas, en la localidad de Santa Lucía lo que hoy es el estado Miranda, frecuentemente viajaba a la ciudad y al puerto de La Guaira, donde se reunía en animadas tertulias con sus amigos y cofrades. En estas reuniones periódicas se fueron preparando los detalles del plan conspirativo, que definió a Manuel Gual como comandante militar del movimiento y determinado por la mayoría, como el presidente de la futura República independiente por establecer.

En ese ambiente, el joven Andrés Bello López ingresaba a la Real y Pontificia Universidad de Caracas, para estudiar Filosofía, Cánones y Leyes, además de las Artes. Los papelones conspirativos de San Blas, pasaron por sus manos y las de los otros jóvenes estudiantes que, ajenos a la planificación de esta, la miraban con simpatía.

La conspiración de Gual y España, que se difundía subverticiamente en Caracas, ya tenía preparado el plan general, militar y político. Los últimos detalles estaban dirigidos por Manuel Gual, quien se encargaba de su implementación, para lo que incluso, diseño la bandera que habría de adoptarse. Entre los conjurados, donde participaron individuos de todas las clases sociales, exceptuando a los mantuanos, había comerciantes como Don Manuel Montesinos Rico, abogados como los criollos Nicolás Ascanio y Luis Tomás Peraza; había también ingenieros militares, funcionarios de la Real Hacienda y el párroco de La Guaira, Don Juan Agustín González. También formaron parte de la conspiración el profesor de Bolívar, Don Simón Rodríguez, el sastre del cuartel y muchos artesanos, además de sargentos, cabos y soldados, unos pardos y algunos blancos.

Así, esperando la situación propicia para dar inicio a la insurrección, un funcionario del cuartel de Caracas, que estaba a cargo de las llaves del polvorín y que había sido contactado por el sastre caraqueño, decidió ganarse el favor de la administración realista con la información del movimiento que se gestaba y al que había sido invitado, por lo que la conspiración fue delatada el 13 de julio, ante el capitán general Pedro Carbonell, quien ordenó una constante vigilancia y sigilosa persecución contra todos los conspiradores.

El 15 de julio de 1797, ya confirmada la conspiración, fue debelada al organismo inquisidor, siendo designado Antonio Fernández de León para que se trasladara a la hacienda de Gual en Santa Lucía, con la misión de incautar los papeles relacionados con la insurrección y apresarlo, para juzgarlo en Caracas. Manuel Gual, quien había sido advertido a tiempo por un recadero que le envió su hermano, se trasladó en secreto a Caracas y de ahí a La Guaira, donde se enteró que José María España había logrado huir hacia los montes de Uria y luego a la ciudad.

Ambos conjurados se encontraron en Camurí Chico, desde donde se embarcaron juntos para Curazao. En esta isla, Gual y España fueron recibidos por los hermanos Manuel y Felipe Piar, quienes días antes habían sido expulsados de La Guaira por las autoridades, bajo sospechas de simpatizar con la revolución.

Posterior a la fallida rebelión de Caracas y con la partida al exilio del profesor Simón Rodríguez a Europa, el 14 de enero de 1797 el joven Simón Bolívar ingresaba en el Batallón de Milicias de blancos, de los Valles de Aragua. Entretanto, la situación de Manuel Gual se hizo cada vez más difícil, ya que las autoridades españolas estrechaban el cerco en torno suyo. Espías al servicio de la Corona lo vigilaban de día y de noche, por lo que decide cambiar su nombre a "Moseiur Bourdón" para ocultar su identidad.

 

Mientras en Santiago del nuevo extremo, de la Capitanía de Chile, José Miguel Carrera y Verdugo junto a sus hermanos, seguían sus estudios en el aristocrático y exclusivo Colegio Carolino de Santiago. Allí en el Convictorio, fue compañero de curso y mejor amigo, de Manuel Rodríguez y Erdoíza, que cursaba filosofía y latín, como parte de su enseñanza primaria, estudios pagados a medias por su padre, que costeaba la diferencia económica del plantel, con la ayuda de becas de la capitanía.

El Convictorio Carolino era el rígido plantel donde estudiaba la nobleza criolla, además, ahí estudiaron casi todos los jóvenes que participarían en el movimiento emancipador de la independencia de esas latitudes sureñas y que, posteriormente, conducirían los destinos de Chile en los primeros años de la república.

 

En el Reino Unido mientras tanto, Bernardo Riquelme asistía a un colegio católico con régimen de internado, ubicado en Richmond a las afueras de Londres. Allí, tuvo un romance con Charlotte, la hija de Timothy Eeles, dueño del recinto dormitorio para estudiantes. Llegó a dominar el inglés, aprendió literatura francesa, dibujo, historia y geografía, música y el manejo de las armas.

Entre sus profesores de ese año estaba Francisco de Miranda, que había regresado a Inglaterra y se daba a la tarea de organizar una filial de la Logia Masónica, para “los hijos de América”, quienes jugarían el papel de iniciados y activistas de la independencia americana. Fue este, como maestro de matemáticas, quien imbuyó a Bernardo de las ideas libertarias que se debatían en esos tiempos. Los derechos del hombre y la soberanía popular, fueron parte de sus consejos, pero no se quedo solo en eso, lo convoco a la acción invitándole a participar con los “jóvenes patriotas” que se reunían en secreto y se formaban políticamente, para tomar parte en la futura lucha por la emancipación americana.

 

En el oeste ecuatoriano, trópico de América del sur, en la ciudad de Quito, en diciembre de 1797 nacía Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru, mientras su madre moriría días después, por fiebre puerperal, en la hacienda Cataguango. Su padre, el hidalgo español Simón Tadeo Sáenz de Vergara y Yedra, la reconoce como hija natural y la envía para ser entregada en el Convento de las monjas del Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción, quedando bajo la tutela de la superiora Sor Buenaventura.

 

El verano de 1798, Riquelme lo pasó en el balneario de Márgate y al solicitar dinero a sus apoderados en Londres para regresar a Richmond, estos se lo negaron, acusándolo de malgastarlo.

 

En febrero de ese año, la fragata Santa Dorotea con un batallón del regimiento de infantería de Murcia, donde se encontraba el segundo teniente José de San Martín, partió desde el puerto de Cartagena hacia Mahón en las islas Baleares, llevando un cargamento metálico de la tesorería real de 614 toneladas y 42 cañones, acompañados de un buque mercante, que formaba parte de una división con otras tres fragatas similares. Desde las Baleares hincharon velas hacia el puerto de Tolón, donde encontrándose con la armada francesa y su buque insignia, fueron conminados por un joven general, Napoleón Bonaparte que en esa fecha ya adquiría fama de gran estratega, y que junto con saludar a los oficiales individualmente, les invitó a integrar la armada francesa.

En un periplo por Argel y el Mediterráneo, desde Pomona, el capitán Manuel Guerrero del Santa Dorotea recibió la orden de enfrentar al barco Lión, de la flota inglesa, con 64 cañones. La flota se encontró con el Lión en alta mar y la estrategia del capitán O´Neylle, era colocarlo entre dos fuegos, pero el navío ingles logro colocarse a sotavento y lanzó toda su artillería contra ellos iniciando el bombardeo. El Santa Casilda también respondió al fuego, pero la artillería inglesa superior en poder de fuego, les hizo alejarse junto a la Prosperina y la Pomona, dejando solo al Santa Dorotea que en inferioridad de condiciones y a riesgo de naufragio, el capitán Guerrero se vio en la obligación de rendir el barco a los ingleses. Mientras el Lión se acercaba triunfante, procedieron a atender a las víctimas que contaban 20 muertos y 32 heridos, entre ellos el capitán, que se encontraba con contusiones leves.

Seis días después, los oficiales y prisioneros del Santa Dorotea fueron entregados a un bergantín que los dejó en el puerto de Mahón, donde el capitán Guerrero consiguió, a costa de promesa de pago, que un navío lo llevara junto a los 50 tripulantes a Cartagena, donde San Martín y sus correligionarios, quedaron internados bajo palabra de no volver a levantar las armas contra los ingleses, por el resto de la guerra.

 

En América, a pesar de la recompensa que se ofrecía por su captura, en 1799, José María España regresó secretamente a Venezuela, pero fue apresado en La Guaira y enviado a Caracas, donde la Real Audiencia lo condenó a la pena de muerte el 6 de mayo, siendo a continuación torturado públicamente, ahorcado y descuartizado el 8 de mayo en la Plaza Mayor.

Manuel Gual entretanto, permaneció en Trinidad, desde donde mantuvo comunicación con el instigador y precursor de la independencia, Francisco de Miranda, quien continuaba en Londres ganando prosélitos para la causa.

Aunque la Conspiración de Caracas fracasó como movimiento revolucionario, los textos que se difundieron durante la implementación de la misma, tuvieron una considerable influencia política en el movimiento emancipador de toda Hispanoamérica.


Próximo Capítulo: Juventud de los tribunos americanos


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