LA CONSPIRACIÓN DE 1817
El proceso revolucionario de la América hispana fue complejo y se mantuvo permanentemente amenazado, no solo por las fuerzas enemigas realistas, sino también por las disputas de poder entre los partidos patriotas. A veces, los conflictos se daban por la intromisión directa de los virreyes, que apoyaban a los caudillos que les servían a sus planes reaccionarios y otras veces, por intereses personales o miradas distintas de los próceres patriotas, en la forma político militar para alcanzar la independencia.
Es así como, el 24 de julio de 1817 en la confederación venezolana, para solucionar el conflicto de poderes y que se reconociese su liderazgo, Simón Bolívar solicito la realización de un consejo de guerra por traición, en contra de Manuel Piar. Para entregar los antecedentes y sus razones de la acusación contra el caudillo, Bolívar escribió un pronunciamiento en contra de este, que se presentó el mes siguiente, una vez iniciado el juicio.
Mientras la guerra continuaba en Chile, ese año, Javiera Carrera dirigió la llamada “conspiración de 1817” contra O'Higgins, que a la postre significó el encarcelamiento de sus hermanos Luis y Juan José, en Mendoza.
Estos, se vieron envueltos rápidamente en la “conspiración” con el apoyo y la instigación de su hermana, Javiera. El plan era volver a Chile con el propósito de apresar a O’Higgins y San Martín, forzándolos a renunciar y tomar el poder de la nación.
Contaban para esto con el apoyo de sus partidarios en Chile, sector que ellos creían era considerable y que estaba a la espera de su llegada.
Entre tanto se desarrollaban los acontecimientos, los planes de regreso a Chile ya estaban avanzados en junio de 1817, los conspiradores incluso se habían repartido los puestos del futuro gobierno.
Los Carrera habían decidido que Manuel Rodríguez sería el “dictador en lo político”. El General Miguel Brayer, quien había llegado con José Miguel y ahora prestaba servicio en el ejército libertador, estaría a cargo del ejército como capitán general. José Miguel sería enviado de nuevo a EEUU para organizar otra flota marítima, mientras José Luis, a la cabeza de una de las columnas armadas de sus partidarios que se organizarían en Santiago, capturaría a O’Higgins, mientras que, Juan José al mando de la otra columna, se reservaba la captura y juicio militar de San Martín.
A principio de ese mes, los conjurados empezaron a viajar por separado y en grupos pequeños a Mendoza, para desde allí salir a Santiago. A fines del mismo mes los siguió Luis Carrera, disfrazado de mozo de un oficial de apellido Cárdenas y finalmente, el 8 de agosto, Juan José llegaba como amigo y compañero de viaje de un “impresor” que era otro oficial.
Como una “funesta y loca trama”, es denominado por Vicuña Mackenna el plan conspirativo, entre otras cosas refiriéndose a Doña Javiera, indica que es producto de “el sueño de una mujer (…)” agregando que, cuando José Miguel se enteró del plan habría dicho:
– “Mis hermanos se pierden. No son hombres para estas empresas. No tienen ni discreción ni recursos, ni es ésta tampoco la época”.
Racional o no, el plan comenzó a desbaratarse rápidamente, aun antes de que todos los implicados pudieran cruzar la cordillera.
Por algún motivo, Luis Carrera asaltó un postillón para robarle las cartas venidas de Santiago y fue apresado en Mendoza. Su compañero de viaje confesó de inmediato lo planeado por los Carrera, lo que llevó al arresto de Juan José, en el poblado San Luis el 20 de agosto.
En el mismo mes al norte del continente, el consejo de guerra contra Manuel Piar conocía los argumentos que, en el fondo del libelo, lo acusaban de querer eliminar a Simón Bolívar y establecer una “pardocracia”, por lo que, una vez aceptada la acusación, Sedeño fue mandatado a aprehenderlo y posteriormente, Piar fue sometido al juicio que lo declaró culpable.
Esos mismos días en Ecuador, una vez arreglado por su padre con un acaudalado médico inglés avecindado en Guayaquil, Manuela Sáenz se une en un matrimonio con James Thorne, un hombre mucho mayor que ella. La inquieta y rebelde Manuela, aunque no amaba a Thorne y en un principio rechazaba el arreglo matrimonial, aceptó celebrar la boda para poder dedicarse a organizar fiestas en la alta sociedad ecuatoriana, y poder participar de las discusiones políticas y sociales, de criollos y realistas, enterándose así, de las vicisitudes de la guerra por la independencia americana.
Entretanto en Montevideo, según consigna Vicuña Mackenna, en septiembre de 1817 una vez terminado su Manifiesto a los Pueblos de Chile, José Miguel Carrera se dedicó a organizar sus planes y a conseguir ayuda para su proyecto.
Aun cuando, en concreto no se sabe cuáles eran sus planes, según algunos documentos y las numerosas cartas que José Miguel mandó a su esposa, dejan entrever algo al respecto. Le informa a ella que ha estado en contacto con Artigas y que, “de ahí, a Chile” hay un paso. Le dice que bastaría con “ahorcar cuatro bribones” y que era una “lástima que “Riquelme” (O’Higgins) no tenga mil pescuezos para medio pagar”, también declara que Chile está destinado a ser parte de una confederación del sur de América, según indica en la “Proclama a los Chilenos”, así como en el “Aviso a los Pueblos de Chile” y otros manifiestos públicos, por lo que se puede determinar que Carrera había llegado a la misma conclusión que la de Bolívar, en la forma de gobierno para las nuevas naciones.
El 16 de octubre de 1817, con el cumplimiento de la sentencia emitida por el consejo de guerra y el fusilamiento de Manuel Piar, el libertador Simón Bolívar quedó claramente como jefe de las fuerzas independentistas confederadas en Venezuela.
Mientras José Miguel Carrera, el 15 de noviembre de 1817 recibe una carta fechada en Washington y mandada a través de un oficial naval del gobierno de ese país, en que se le dice que, el propósito de los enviados que le llevaron la carta “es preparar el camino para el reconocimiento de la independencia de aquellos países de Sud América que estén dispuestos a establecer gobiernos conformes al nuestro” y que “el momento favorable ha llegado, abrigo la confianza de que sabrá Ud. aprovecharlo y emplear toda su energía en hacerlo fecundo”.
La carta hace entrever que Carrera está sujeto ahora, a los planes de la Masonería de Boston y que, desde Montevideo, escribe a sus financistas en EEUU para solicitarles apoyo.
Para comprender el sentido de ese documento conviene tener en cuenta algunos otros factores, como el que a Carrera se le reconoce como patriota argentino y la carta, está escrita muy cuidadosamente y no dice nada que no pueda ser explicado como una expresión de los mejores deseos a países hermanos, además y en todo caso, no está escrita por un político del gobierno norteamericano sino por el comodoro David Porter, un alto oficial de la marina y miembro de los Comisionados Navales de Estados Unidos quien, se podía alegar que, era amigo personal de José Miguel Carrera.
Puesto que, la posición oficial del gobierno de EEUU entregada a las otras naciones de ascendencia hispana, era que “en el presente no es expediente reconocer la independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata ni de otra, en consideración tanto a sus intereses como los de EEUU”.
Un poco más tarde se revela cuáles son los problemas que causan tales solicitudes de reconocimiento oficial y la determinación, del gobierno norteamericano de sacar provecho a dicho reconocimiento. Por lo mismo, Argentina se muestra reacia a conceder a EEUU la calidad de “nación más favorecida” en asuntos de comercio.
La carta hace una referencia a “las miras de mi gobierno respecto a Sud-América y de Ud. mismo”. Es menester recordar que, el presidente de Estados Unidos era James Monroe, el mismo que algunos años después anunciaría la doctrina que lleva su nombre y su secretario de Estado, John Quincy Adams, era el verdadero autor de esa doctrina, de hecho, la carta establece las condiciones de esa misma y es que, si Inglaterra no se inmiscuye, EEUU actuará sin consideración a esos intereses ínter monárquicos.
Se puede notar entre esa carta y esa doctrina, una curiosa similitud de fondo y forma, en ambos casos se afirma que, en relación a Sud-América, EEUU actuará sin consideración de los intereses europeos.
En 1817 se produjo la invasión luso-brasileña a la Provincia Oriental que tomó la ciudad de Montevideo. El pueblo oriental, dirigido por Artigas, logró mantener a los invasores limitados al control de la ciudad.
En diciembre de 1817, en el sur de Chile entretanto, uno de los aliados de Manuel Rodríguez, el montonero José Miguel Neira, era fusilado por órdenes del coronel Ramón Freire en Talca; este hecho contribuyó a distanciar al bajo pueblo y a Rodríguez, del entorno de San Martin y O'Higgins, enemistándose con la Logia Lautaro.
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