JUVENTUD DE LOS TRIBUNOS EN TIEMPOS DE INQUIETUD
En la capitanía de Chile, la juventud criolla mezclaba sus estudios, de férrea disciplina, con mercolinas y sabatinas en el Colegio Carolino de Santiago.
Corría el año 1799 y José Miguel Carrera cansado de las monásticas obligaciones, a pesar de ser favorecido por sus profesores gracias a su condición social, decide fugarse después de negarse a aceptar un castigo por indisciplina. Sus hermanos y su amigo Manuel Rodríguez, le ayudan a escapar de noche, por los tejados del edificio y el joven, de carácter altivo por el lujo y la ostentación, no regresaría nuevamente al convictorio, pues la fortuna familiar se lo permitía.
Con el favor de su hermana Javiera, que intercedió en su defensa, el joven no dio su brazo a torcer, obligando a su padre aceptar su independencia.
Así, a pesar de la severidad del plantel Carolino, los tres hermanos Rodríguez, Manuel, Carlos y Ambrosio, más su medio hermano, Joaquín Fernández de Leiva, siguieron sus estudios en Cánones y Leyes, con el fin de alcanzar la Universidad y conseguir el Doctorado, mientras los hermanos Carrera, Luis, Juan José, José Miguel, de acuerdo a su carácter, se decidieron por las armas y fueron tribunos militares.
Luego de romper relaciones con los relojeros Spencer y Perkins por la falta de dinero, Bernardo Riquelme decidió regresar a casa de su antiguo tutor Don Nicolás De la Cruz y Bahamonde, en España.
Así fue como a fines de abril de 1799, el joven se embarcó en el puerto de Falmouth rumbo a Lisboa y de ahí continuó por tierra hasta Cádiz.
Ya en España, Bernardo pretendió ingresar a una academia militar de marina, proceso que le serviría para adquirir conocimientos y usarlos posteriormente en la guerra de independencia, pero su origen de criollo no reconocido por el padre, le provocó el rechazo de las autoridades a su solicitud. Ante la imposibilidad de formarse militarmente, solicitó a su padre la autorización para regresar a Chile. Una vez concedida esta solicitud, cuando recibió la respuesta del Perú, debió esperar un tiempo indefinido, pues había estallado una nueva guerra entre España e Inglaterra.
Desde los primeros años de su vida, el padre de Manuelita Sáenz la llevaba de visita a la Hacienda Cataguango, donde compartía con su madrastra, quien siempre la trató con cariño y le entregaba afectuosos cuidados de madre.
La madrastra, doña Juana del Campo Larraondo y Valencia, era una ilustre dama quiteña, poseedora además de talentos especiales, por lo que se gano el afecto de Manuela y fomentó su interés por la lectura, enseñándole buenas costumbres sociales. En una de las salidas del internado para pasar algunos días en Cataguango, el padre de Manuela, que en esa época era funcionario de la Real Audiencia de Quito, le regala dos esclavas negras, Natán y Jonatás, niñas como ella, para que la acompañen y compartan sus juegos, con las que mantuvo una amistad que les unió para siempre, convirtiéndose en inseparables compañeras. En la casa paterna, además, se formó un profundo lazo de amor con José María Sáenz de Vergara, su hermano de padre.
Ese año, a finales de 1799 el joven Simón Bolívar egresado del Batallón de milicias de Aragua, fue enviado a España por su Tío, el albacea de la fortuna familiar, para que continuara sus estudios en Madrid y de esa manera poder sacárselo de encima, disponiendo así de los bienes familiares sin control alguno.
Llegado el año 1800 y ya en Bilbao, Simón Bolívar que había fijado su estancia junto a los familiares de su tío, que vivían en precarias condiciones de los recursos que éste les enviaba y que, apoyados en su origen de fuste y alcurnia, prestaban servicios y frecuentaban a familias de nobleza vasca. Fue en una de estas visitas donde Simón conoció a la joven María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza.
Prendado de su belleza, comenzó a visitarla intentando cortejarla, a pesar de la oposición del padre de la joven, que consideraba a Simón como un “advenedizo” criollo de Las Américas, inteligente pero impetuoso.
Entretanto en Trinidad, entre los conspiradores de Caracas que quedaban en el exilio, la salud de Manuel Gual se ve muy afectada por problemas intestinales, pero se sobrepone a ellos para viajar a la colonia danesa Saint Thomas, en busca de armas y de voluntarios que quieran participar en sus proyectos independentistas.
Sin embargo, a pesar de los apoyos de comerciantes con los que cuenta, sólo consigue dos jóvenes que lo acompañan a Trinidad. Agregado a esto, se suma la frialdad con la que empezó a tratarlo el gobernador inglés Thomas Picton y los obstáculos que comenzó a poner en su camino.
El 3 de abril de ese año, Bernardo Riquelme zarpó a bordo del navío La Confianza, velero que formaba parte de un numeroso convoy que tomaba rumbo a Las Américas. Al cuarto día de viaje, una poderosa escuadra inglesa apresó cuatro naves de la flota, entre las cuales estaba la que transportaba al joven Riquelme. Todos sus tripulantes y pasajeros fueron conducidos a Gibraltar donde fueron posteriormente dejados en libertad.
Sin equipaje ni recursos, Bernardo se dirigió a pie hasta Algeciras y luego, ofreció su trabajo a cambio de traslado en buque hasta Cádiz, donde nuevamente se dirigiría a la casa de Nicolás de la Cruz y Bahamonde. Pero su arribo a Cádiz no fue en un momento propicio, la fiebre amarilla había llegado azotando la ciudad, por lo que, De la Cruz con su familia y el joven tribuno recién llegado, se trasladaron a Sanlúcar de Barrameda, para eludir la pandemia y fue allí que, le atacó la fiebre de manera brutal, que lo tuvo al borde de la muerte.
Durante unos días, Bernardo se debatía agonizante y ya, prácticamente sin salvación, pidió que le suministraran quina, lo que solo por compasión lo hicieron con el moribundo, pero milagrosamente, a las pocas horas la fiebre había bajado y con el correr de los siguientes días, mejoró completamente.
Ya recuperado y con la fiebre amarilla extinguida, Bernardo regresó con la familia De la Cruz a Cádiz.
Durante su estancia en Cádiz, a la espera de regresar a América, Bernardo reforzó y compartió sus ideas revolucionarias con varias personas que le había indicado Francisco de Miranda, quien lo había reclutado como iniciado en Londres. Era una nueva, secreta y activa filial de la masonería en Cádiz, denominada “Gran Logia Americana”.
Mientras Andrés Bello López, se graduaba de bachiller en artes el 14 de junio, dejando pendientes los exámenes de derecho y medicina, para aprender por cuenta propia los idiomas ingles y francés, mientras acompañaba al naturalista alemán Alexander Von Humboldt que, junto a Aime Bonpland exploraban los fiordos del mar Caribe. Posteriormente, sus traducciones de los textos clásicos del siglo de oro, le hicieron ganar cierto prestigio en la sociedad caraqueña.
Entretanto, en el mes de agosto, el padre de María Teresa Rodríguez del Toro, al ver que no podía evitar los encuentros furtivos de su hija con Simón, a pesar de que lo había prohibido, intento separarla del joven pretendiente llevándosela al interior de Vizcaya. Pero Simón Bolívar abandono su residencia en Bilbao y la siguió por los pueblos vascos e hispanos hasta encontrarla, para seguir su declarado empeño de conquista y la enamorada Maria Teresa, gracias a la perseverancia demostrada por Simón, aceptó el cortejo con el obligado reconocimiento y aceptación al noviazgo, del progenitor Rodríguez Del Toro.
A principios de 1800 Francisco de Miranda convive en Londres con Sarah Andrews, su ama de llaves, la que espera su primer hijo en común. La idea que concibe Miranda, es que, aprovechando el efecto de la conspiración de Caracas, debía comenzar a preparar sus planes para multiplicar las acciones conspirativas a fin de independizar a toda Hispanoamérica y escribe cartas a Napoleón con ese propósito, quien le concede un permiso tácito para que viaje a Francia
En la Capitanía de Chile entretanto, Javiera Carrera Verdugo nuevamente hacía noticia, puesto que, se casaba en segundas nupcias con un reconocido peninsular de origen, Don Pedro Díaz de Valdés, abogado español que llegó a Santiago como regidor y asesor de la Capitanía General. Con él, tendría 5 hijos que también se sumarian a la patricia, pero criolla familia de los Carrera.
En septiembre de ese año en la isla Trinidad, el exiliado Juan Monaira, un amigo de Manuel Gual y compañero de causa emancipadora, muere en extrañas circunstancias, lo que es comentado difusamente en círculos intelectuales de la capitanía, llegando a circular el rumor de que había sido envenenado por un espía español, al cual también se le culpa y se hace creer entre los liberales, que mató a Gual, puesto que el 25 de octubre de ese año también, perece súbitamente.
De esa forma, la conspiración de Caracas termina diluyéndose en las provincias venezolanas y pasa al olvido momentáneo, o eso creen los mantuanos, chapetones y patricios adeptos a la monarquía.
Mientras en París, Miranda realiza encuentros con representantes del gobierno y establece contactos clandestinos para una reunión con la francmasonería, donde se encuentra con ellos el 28 de noviembre de 1800. Poco después, las autoridades que habían desplegado espías tras los pasos de Miranda, son alertadas y el ministro de la policía José Fouché, ordena que sea expulsado del país, por realizar maniobras e intrigas contrarias a los intereses del gobierno francés y de sus aliados.
A comienzos de enero de 1801, don Nicolás De La Cruz le comunicó a Bernardo Riquelme que su padre, indignado con él a causa de las juntas sociales contrarias a la corona, le ordenaba que lo despidiera de su casa.
Lo que había desatado la furia y dado lugar a la irritación del padre con su hijo, fue que, a fines del año anterior, el virrey se enteró que un cómplice de Francisco de Miranda, el cubano Pedro José Caro, había denunciado ante la corte española un plan de insurrección de las Indias Occidentales e informado que, en esta conspiración, participaba “Bernardo Riquelme, que era protegido del virrey O´Higgins y posiblemente un hijo bastardo”. La noticia habría llegado a oídos del rey Carlos IV quien habría decidido remover al virrey Ambrosio O´Higgins de su cargo.
Bernardo le respondió al Virrey a través de una carta, donde negaba conocer el motivo de la “infamia cometida en su contra” le contaba en forma detallada sus sufrimientos en Londres y Cádiz y finalmente, le solicitaba que le perdonara las faltas que hubiere podido cometer. Sin embargo, la carta no tendría una respuesta puesto que, a los pocos días de haber sido notificado por su apoderado de la determinación de su padre, en Cádiz se recibió la noticia de la muerte del virrey O'Higgins y junto con esta, la información de que había dejado a su hijo Bernardo, una cuantiosa herencia. En ese preciso instante, la situación del joven Riquelme, ahora reconocido como O'Higgins, cambió radicalmente y pronto, pudo disponer del dinero necesario para regresar a su tierra natal.
Mientras tanto, en las Misiones Orientales, producto de la conquista portuguesa, el territorio del villorrio del Tape es anexado a Río Grande del Sur, y los asentamientos administrados por los españoles y criollos del Virreinato son entregados a las fuerzas de ocupación. La familia De Alvear y Balbastro junto al niño Carlos María y sus hermanos, en una gran caravana compuesta de esclavos y los demás criollos, regresan al Rio de la Plata con todos sus enseres, tras la orden real de abandonar el territorio y las parcelas.
Una vez llegados a Buenos Aires, se instalaron en el solar de la familia, mientras Carlos María era enlistado como cadete en el Regimiento de Dragones de Buenos Aires, en que figuró como portaestandarte en la revista de graduación.
De regreso a Londres, en 1801, Francisco de Miranda continúa sus gestiones en favor de la independencia de América, buscando esta vez apoyo con el ministro ingles Nicolás Vansittart, quien se convertirá en uno de sus más constantes aliados. Esperanzado con el apoyo conseguido para la empresa iniciada, se da a la tarea de preparar un programa de gobierno provisional, elaborando un reglamento militar y una proclama dirigida a los pueblos del “continente colombiano”, como decide nombrar a Hispanoamérica.
En 1802 se traslada a la casa número 27 de Graf ton Way, la que se convertiría en su residencia definitiva en Londres, hasta sus últimos días.
Así llego el 14 de abril de 1802 y en la fragata Aurora, Bernardo Riquelme se embarcaba de regreso a América.
Entretanto Andrés Bello se ganaba en concurso público, el rango de oficial Segundo de Secretaria, del gobierno colonial del virreinato de la Nueva Granada, convirtiéndose de esta manera en el funcionario criollo intelectual más influyente de la sociedad caraqueña.
Mientras tanto, ya recuperado de un asalto que le dejo con considerables heridas y la pérdida de 3.350 reales pertenecientes al ejército español, el segundo teniente José de San Martín y su regimiento el Murcia, fueron embarcados y enviados a Ceuta de África, para completar su entrenamiento y ascender a segundo ayudante, donde se le incluyo en la conformación del batallón de infantería de Campo Mayor, que se acantonaría desempeñando en Sevilla.
La ciudad de Bilbao se enciende de palomas al vuelo, al tañer del campanario de la iglesia mayor, el día 26 de mayo, donde Simón Bolívar y María Teresa contrajeron matrimonio. Finalmente, era lo que le permitiría a Simón acceder a los bienes que administraba como testaferro su tío.
De inmediato, Bolívar junto a su flamante esposa, se embarcaron hacia el caribe de regreso a Caracas para recuperar sus bienes y administrar la mediana fortuna familiar despilfarrada por su tío, que intentaba como testaferro, retenerla por decreto real a modo de una encomienda administrativa, solicitada al gobernador de Caracas.
A pesar que, producto de la pandemia de fiebre amarilla que había asolado Europa, el barco en el que regresaban a América los recién casados, transportaba enfermos de paludismo a los que estuvieron expuestos los pasajeros del bergantín, Simón y María Teresa desembarcaron en Caracas sin contratiempos, para instalarse en Casa del Vínculo y del Retorno, desde julio de 1802. Mientras Bernardo Riquelme, continuaba su viaje de regreso a la capitanía de Chile, arribando a Valparaíso el 6 de septiembre, a la edad de 24 años.
Al llegar a la capitanía de Chile, Bernardo se alojó en Santiago en la casa de su primo el capitán Tomás O'Higgins, quien lo acogió y le informó el contenido exacto del testamento del Virrey Ambrosio O'Higgins, que consistía en las tierras de la hacienda “Las Canteras” con su casa patronal y barracas, los peones y esclavos, mas 3000 cabezas de ganado. Como la liquidación de la herencia se efectuaba en Lima, les escribió a los albaceas solicitándoles información y firmando, por primera vez con gran satisfacción y orgullo, como Bernardo O’Higgins y Riquelme.
Los albaceas le respondieron que, para tomar posesión, era necesario esperar el término del juicio de residencia, que conforme con la ley se le seguía a su padre en calidad de ex-virrey, además le informaban que habían instruido al administrador de la hacienda Las Canteras, comandante Don Pedro Nolasco del Río, antiguo amigo y asistente de su padre, que le hiciera entrega de ésta, previo otorgamiento de una fianza, mientras quedaba a la espera del término del juicio en Perú.
Recibida esta información, Bernardo se dirigió a Chillán a buscar a su madre y hermanastra Rosa para así comenzar a vivir en Los Ángeles, debido a que sus tíos Riquelme ya radicaban en el lugar después de la muerte de su abuelo Simón Riquelme en 1801.
Luego, se entrevistó nuevamente con el administrador de su estancia, don Pedro Nolasco Del Río, quien lo dejó tomar bajo fianza, algunas cabezas de ganado de la herencia y con su venta, saldar las deudas del viaje.
Entretanto, el matrimonio Bolívar Rodríguez vivió en Caracas hasta los primeros días enero de 1803 para realizar los trámites de reclamación de bienes. Algunos días después, aprobada la reclamación contra su tío, se trasladaron a La Coruña, para hacer posesión física de las propiedades y las tierras familiares, pero a causa de la fiebre amarilla o paludismo que sufrió María Teresa, contagiada en el barco en que viajaron, el matrimonio regresó a su Casa del Vínculo en Caracas, donde ella murió el 22 de enero, a pesar de los esfuerzos de la servidumbre y los médicos por ayudarla. Simón Bolívar, abatido y consternado por la pérdida del amor de su vida, decide dejar todo a cargo de sus hermanos, para volver a Europa e informar personalmente sobre la desgracia, a la familia de Maria Teresa.
En el sur de la capitanía de Chile, invitado por el comandante Del Río y acompañado de su tío, Manuel Riquelme, Bernardo O´Higgins asistió en marzo de 1803 al parlamento de Negrete, reunión efectuada con el propósito de mantener la armonía con los indígenas, en el mismo lugar en que su padre, Ambrosio O'Higgins, lo había realizado 10 años antes. Esta reunión le sirvió para ver de cerca y confraternizar con los caciques mapuches y recordar tiempos de su infancia.
Dos meses después se dirigió a Lima para agilizar los trámites de liquidación de la herencia e iniciar los trámites de legitimación, esta última diligencia a la postre fracasó, pero regresó con las instrucciones de los albaceas para que el administrador de la hacienda le hiciera entrega definitiva de esta.
Ese mismo año, a pesar de las promesas hechas por el gabinete británico de prestar ayuda para la empresa libertaria, Francisco de Miranda no puede realizar la expedición que había planificado hacia la isla Trinidad, determinada como base de operaciones en América. Por lo tanto, decide posponerla para buscar nuevos apoyos económicos y logísticos.
Mientras en Vizcaya, y una vez entregada la triste noticia a la familia Rodríguez Del Toro, Simón Bolívar se sumerge en los tendederos, y baratillos, para pasar las penas, frecuentando las barberías, mentideros y cantinas de los portales, hasta altas horas de la noche, intentando calmar su desazón y soledad.
Entre sus tertulias y amoríos, para pasar la melancolía o las frustraciones de su estado lascivo, Simón encuentra a su antiguo profesor Simón Rodríguez, con quien comparte filosóficas discusiones del momento político y se relaciona con los “jóvenes patriotas americanos” que, en Cádiz e Inglaterra, dirigidos por Francisco de Miranda, captaban iniciados para la liberación de la América española, en la “Logia Americana”.
A fines de ese año, José de San Martín recibió un nuevo ascenso, ahora a capitán segundo de infantería. Los oficiales del batallón de Campo Mayor lo acogieron sin miramientos. Eran jóvenes curtidos en la milicia que, sin entrar en acciones de guerra ni campañas, se trasladaban periódicamente entre las fortificaciones de Gibraltar y su sede en Cádiz, desde ahí seguía, junto a los interesados en temas militares, los sucesos bélicos locales y mundiales.
En el año 1804, después de aplastada La Comuna de Paris y retomado el control del país por el ejército realista bajo el mando de la burguesía liberal dirigida secretamente por la francmasonería aliada ahora a las monarquías europeas que, les reconocían y compartían intereses para adquirir poder político, y una vez retomado el poder por la oligarquía y los burgueses, las revueltas democráticas de la plebe en Francia, culminaron por completo con el golpe de estado impuesto por el general Napoleón Bonaparte, quien instaura de inmediato la Dictadura que declara a Francia como el nuevo Imperio Napoleónico.
En la capitanía general de Chile en tanto, el joven Ramón Freire Serrano, después de la muerte de su padre en medio de un viaje comercial por el virreinato del Perú y con su familia desarraigada, se ve obligado por las circunstancias a dirigirse con su madre, a la ciudad de Concepción, para asentarse permanentemente ahí. La madre quedaba abandonada solo con su hijo y sin contactos, por lo que debieron vivir de allegados en la casa de un tío en Talcahuano. El joven Ramón, agobiado por las deudas, se ocupó como dependiente de una casa de comercio.
Mientras, el 19 de febrero, Bernardo O’Higgins tomó posesión de las tierras demarcadas de la encomienda testada por el virrey, que consistía ahora, además de la hacienda, sus inquilinos y esclavos, en 4300 vacunos y 540 caballares, contados luego de un rodeo que duró 22 días. Esta diferencia en el ganado con lo que figuraba en el testamento, dieron lugar a que posteriormente hubiera una conciliación con su primo Tomás, para repartir entre ambos el ganado excedente.
Una vez instalado en su propiedad, Bernardo O´Higgins llevó a vivir con él a su madre, a su media hermana Rosa y a su tío Manuel Riquelme. Ellos le acompañaron y le ayudaron, tanto en la compra de los enseres como en la construcción de graneros, habitaciones y una nueva casona patronal, la que estuvo terminada en cuatro años.
Bernardo aplicó en sus tierras lo que había observado en la reciente revolución agrícola inglesa, construyó fosos, apotreró las tierras cultivables, efectuó la rotación de los cultivos e introdujo nuevas herramientas como el arado de hierro y plantó vides para la producción de vino. Provoco una pequeña revolución agrícola, que no quedo invisible a los ojos de los chapetones y terratenientes hispanos, que la percibieron como una amenaza a su poder y posición de privilegio.
Próximo Capítulo: Logia Masónica de Boston
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