HIJOS DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA



El 25 de febrero de 1778 nace José Francisco de San Martín y Matorras en Yapeyú, a orillas del Río Uruguay, que en ese tiempo era una localidad del Virreinato del Río de la Plata, y el 20 de agosto del mismo año, nace en Chillán de la Capitanía General de Chile, extremo sur del Virreinato del Perú, el natural Bernardo Riquelme.

Las vidas de ambos se cruzarán en la lucha emancipadora, gesta asumida para llevar la libertad a los nacidos en las tierras del sur de la América española. José de San Martín, era el robusto hijo de un militar español enviado a prestar servicios a "las Indias", para hacerse cargo y administrar los bienes de los Jesuitas expulsados de la banda oriental del Río Uruguay, mientras que Bernardo Riquelme comenzaba su niñez como "huacho", pues no había sido reconocido legalmente por su Padre, el Virrey Don Ambrosio O’Higgins. Se crió en los campos de la hacienda Las Canteras, vigilado por un peón de confianza del virrey, estudiando en el colegio de Naturales de Chillán, donde compartía con los hijos de los caciques de la región. Para su formación, por orden del padre, se le envió a convivir una temporada en los poblados mapuche de la frontera.

Mientras tanto en la Madre Patria, Francisco de Miranda recuperándose de sus heridas de guerra, se encontraba bajo sospecha por la Santa inquisición a consecuencia de las actividades sociales que le permitía su convalecencia en Cádiz, lo que provocó una Sumaria de 155 hojas, que la Inquisición había remitido contra él en Sevilla, el 11 de noviembre de 1778 por "delitos de proposiciones, tenencia de libros prohibidos y pinturas obscenas".

 

Así, en tiempos de imperialismo mercantilista, la situación inglesa comienza a tambalear en su colonia americana y el reino de España toma partido contra su adversario, involucrándose en la Guerra de Independencia de Estados Unidos, con el objetivo de recuperar Florida, ampliar sus territorios en Luisiana y obligar a Gran Bretaña a mantener varios frentes bélicos simultáneos, procurando de paso, recuperar Gibraltar y el control al Mediterráneo.

Instalados ya en el norte en 1779, el capitán general de la Luisiana española Bernardo de Gálvez, atacó a los británicos en Baton Rouge y Natchez, consiguiendo liberar de fuerzas hostiles, la cuenca baja del río Misisipi, sitio estratégico donde los enemigos pudieran amenazar su capital, Nueva Orleáns.

Para reforzar el contingente español que luchaba en América del norte, se organizó en Cádiz a principios de 1780, una flota expedicionaria al mando del almirante José Solano y Bote, en la que participó Francisco Miranda como miembro de las tropas de infantería de Cajigal. La flota partió de Cádiz el 28 de abril y llegó a La Habana el 4 de agosto del mismo año.

En esta coyuntura de guerra en tierras coloniales norteñas, la Capitanía General de Chile gozaba de una falsa tranquilidad, puesto que, guardado bajo un estricto secreto por las autoridades, fue descubierta casualmente una frustrada conspiración denominada "de los tres Antonios".

Por medio de un motín, los conspiradores pretendían derribar al gobierno colonial monárquico en la capitanía y establecer un régimen republicano, cuyo gobierno sería ejercido por un Senado popularmente elegido.

El accionar reaccionario, del cuerpo inquisidor monárquico, arrojo que, bajo dictado de la Real Audiencia de Chile, se emitiera una orden de detención el 1 de enero de 1781 para ser ejecutada de inmediato, con la captura y el envió a Lima, de los franceses Antonio Gramusset  y Antonio Berney, ambos en calidad de prisioneros para ser juzgados ante el virrey, mientras que el criollo José Antonio de Rojas, a causa de su alta posición social, logró evitar la cárcel quedando en confinamiento domiciliario.

Esta conspiración no pasó de ser un hecho anecdótico en su momento, comentado solo por algunas autoridades, uno que otro ilustrado francés y algunos criollos de fuste.

En la mayor de las Antillas mientras tanto, se preparó un ataque contra Pensacola en la Florida, en una acción conjunta donde debían participar las fuerzas españolas de Luisiana y la flota expedicionaria de Cádiz. Una vez embarcadas las fuerzas de infantería de Cajigal, salieron de La Habana el 9 de abril de 1781 y Miranda, nuevamente viajó para participar en la batalla de Pensacola, acción militar que culminó el 8 de mayo de ese año, con victoria de las fuerzas españolas.

Después de la batalla, el capitán Francisco de Miranda fue ascendido a teniente coronel gracias a su labor en la planificación y estudio del terreno. Allí, permaneció destacado un tiempo en Pensacola y continuó adquiriendo libros para aumentar su biblioteca personal y compró, cuatro esclavos negros para proveerse de servicio doméstico. Poco después, Cajigal le encargó una misión secreta, para que descubriera la situación militar británica en Jamaica, enviándolo bajo el pretexto formal de ser un comisionado español encargado de negociar un convenio de intercambio de prisioneros. Tras recibir el despacho oficial encomendándole la misión, Miranda se embarcó vía Batabanó rumbo a Jamaica y llegó a Kingston el 20 de septiembre de ese año.

Al principio, su presencia provocó una natural desconfianza en los ingleses, pero a pesar de ello, logró realizar con éxito su misión de reconocimiento y, además, negoció un convenio fechado el 18 de noviembre, que regulaba el canje de prisioneros españoles e ingleses del mismo rango.

Con la información obtenida, Miranda volvió a Cuba y tras tocar tierra en Batabanó, envió de inmediato un informe al capitán general de Cuba, con detalles muy precisos sobre la capacidad de las tropas británicas y las operaciones en el sector.

Mientras tanto, Andrés de Jesús María y José Bello López, nacía en Caracas, el 29 de noviembre de 1781 hijo primogénito del abogado y fiscal Bartolomé bello, y de Ana Antonia López, sin saber que este criollo, tendría reservado un lugar en la historia.

Cursó sus primeras letras en la prestigiosa academia caraqueña de Ramón Vanlosten y siendo niño, frecuentaba el Convento de Las Mercedes donde el sacerdote Cristóbal de Quezada, le enseñaba el latín y filosofía escolástica.

 

Ajenos a este ambiente de guerra en el norte del Caribe, viajando entre los pueblos y ciudades de la Capitanía de Chile, una caravana de comerciantes cruzó Los Andes desde Mendoza hasta Santiago, entre ellos, el joven Juan Martínez de Rozas dejaba a una parte de su familia mendocina, para instalarse en el centro de la capitanía y completar sus estudios de Jurisprudencia Civil en la Real Universidad de San Felipe.

La familia de Rozas, de origen noble y acomodada en el virreinato del Perú, administraba una pequeña hacienda en los alrededores de Concepción, en la que este futuro prócer de la independencia había pasado los veranos durante su niñez. Nacido en las provincias del Río de la Plata, llegaba con 21 años y muchas esperanzas de hacer carrera en la capital de la capitanía General. 

El 5 de febrero de 1782 en Cádiz, se dictó la perentoria orden de enviar a Francisco de Miranda de regreso a España, sentencia de la Sumaria interpuesta por la inquisición en su contra. El exitoso espionaje que debía haber culminado como una acción destacada en la carrera militar de Miranda, terminó siendo empañada como consecuencia del cumplimiento de la sentencia del Supremo Consejo Inquisitorial, orden real que no llegó a cumplirse debido a diversos fallos de fondo y forma en el proceso administrativo y también, en parte por el apoyo incondicional del comandante Cajigal que hacían cuestionar la disposición real.

Mientras se conseguía que el rey revisara el caso, Cajigal encomendó a Miranda la misión de acompañarle en el ataque a las islas Bahamas, en la que se logró la capitulación inglesa el 8 de mayo de 1782 a favor de España. En las negociaciones, que Cajigal dispuso que fueran dirigidas por Miranda, se consiguió, además, la cesión de todas las islas junto con la capitulación.

La eficiencia demostrada por Francisco de Miranda en las Bahamas, le valió entonces la recomendación de Cajigal para que fuera ascendido a coronel y pasó a estar, bajo las órdenes del comandante general de las fuerzas españolas en Cuba Bernardo de Gálvez, como ayudante de campo en la población de Guárico, del Saint Domínguez francés en la isla de La Española.

En aquel momento los españoles estaban preparando una acción conjunta con los franceses para invadir Jamaica, el último reducto inglés en el Golfo de México, por lo que la población de Guárico era el lugar idóneo para planificar estas operaciones, una por estar cercano a la isla y otra por su posición de fácil acceso para poder reunir tropas. Los mandos militares consideraban a Miranda la persona idónea para planificar las operaciones, por tener además de la experticia, un conocimiento de primera mano de la situación de los ingleses en la zona.

No obstante, un ataque preventivo de los ingleses contra las fuerzas conjuntas, sumado a las dificultades de la flota francesa, forzaron la paz entre Inglaterra y Francia, definiendo que la invasión no se concretara y, por lo tanto, Francisco de Miranda permaneció un tiempo más en Guárico, preocupado de problemas menores de organización militar, donde la Inquisición sería su principal problema.

En 1783 Simón José Antonio Bolívar Palacios nació en la Caracas venezolana del Virreinato de la Nueva Granada, la noche del 24 al 25 de julio, en el periodo de la inestabilidad europea producto de la guerra imperialista de las monarquías y la incubación de la Revolución Francesa. Comienza su vida en el espacio tiempo que trastocaría el sistema monárquico imperante, que se debatía, enfermo de su propia decadencia.

La familia Bolívar Palacios, con tres hijos anteriores a Simón, pertenecía a la aristocracia caraqueña, llegada de La Puebla de Bolívar en Vizcaya, de la merindad de Marquina, y conformaba una administración agraria mantuana de Nueva Granada, con algunas haciendas y un par de centenas de esclavos.

Entretanto, los problemas de Francisco de Miranda con la Inquisición se complicaron aun más, por lo que las autoridades, lo envían a La Habana para ser detenido y enviado a España. Pero por diversas circunstancias estos planes se ven frustrados y gracias al apoyo de Cajigal, el coronel consigue escapar de la vigilancia del Gobernador de La Habana, ante la inminencia de su arresto.

Miranda decide irse a los Estados Unidos y con la ayuda del norteamericano James Seagrove, que arregló su viaje en un barco que lo llevó hasta New Bern, puerto donde desembarcó el 10 de julio de 1783 a las cinco de la tarde. Llegaba a Norteamérica, ya terminada la guerra de independencia de los Estados y en una etapa de reconstrucción económica y social, en que se debatía sobre la forma política a adoptar, entre el federalismo o la confederación.

Durante el tiempo que estuvo en Estados Unidos, Francisco de Miranda conoció a George Washington en Filadelfia, cuando este, acababa de recibir el control militar de Nueva York tras el fin de la guerra. También conoció a otros personajes involucrados en la lucha por la independencia, como el general Henry Knox o Samuel Adams.

Se desplaza por Charleston, Filadelfia y Boston, tratando amistad con diversos personajes de la sociedad estadounidense en veladas y paseos, en los cuales llegó a tener algunas aventuras amorosas, que el mismo Miranda calificó de intrascendentes, hasta llegar a la pujante ciudad de Nueva York.

En esta ciudad, conoció a la importante familia Livingston, cuyos miembros ocupaban destacadas posiciones políticas y tenían vínculos con otras familias relevantes de la ciudad. Al parecer Miranda mantuvo una relación romántica con Susan Livingston, hija del canciller norteamericano, relación que se vislumbra según las cartas que le escribía Susan, cuando Miranda realizó un viaje a Boston y en el que la joven da a entender que podría estar enamorada de él. Parece, sin embargo, que Miranda no deseara pasar más allá de una simple amistad, lo que explicaría su precipitada y sorpresiva salida de Nueva York. Aunque Miranda mantuvo el contacto epistolar con Susan durante años, nunca volvió a verla, por lo cual posiblemente este llegó a la conclusión que, una relación que lo podría llevar al matrimonio, no era compatible con su forma de vida y sus planes futuros.

Mientras recorría las ciudades y pueblos de la basta geografía norteamericana, Miranda tuvo conocimiento de ciertas instituciones ilustradas de la nueva nación, que lo impresionaron favorablemente, como la biblioteca de New Port y de los centros educativos Princeton, Rhode Island o el Cambridge College. Además, Miranda realizó un estudio crítico sobre sus defensas militares de Estados Unidos, en el que demostró un amplio conocimiento sobre el desarrollo del conflicto norteamericano y sus circunstancias. Allí Miranda preparó y fijó la técnica de correspondencia que usó durante el resto de su viaje, donde conoce a las personas mediante el obsequio y préstamo de libros, además examina la cultura y las costumbres de los sitios por los que pasa, de una forma práctica y metódica.

La Logia Masónica de Boston, seguramente a causa de sus conocimientos, su movilidad y facilidad de relacionarse con diversas  personas, encontró en Miranda el aprendiz perfecto para desarrollar su plan continental, que pretendía liberar del sistema monárquico a las américas y darle un nuevo orden al mundo, propagando los ideales del iluminismo en territorios que les eran difíciles de acceder, a causa del control político de la corona española, por lo que es cooptado a integrar, como iniciado, a la organización secreta que ya se ramificaba en Europa, tanto en Inglaterra como en Cádiz. No se puede especificar concretamente cuando Francisco de Miranda comienza sus estudios del iluminismo y quien fue su maestro Masón en Estados Unidos, puesto que generalmente los iniciados y maestros de la Masonería por motivos de seguridad y compartimentación, no se conocen entre todos ellos. Cada maestro Masón se contactaba solo con un aprendiz a la vez, para organizar un círculo de la Logia y las reuniones secretas entre los participantes locales del círculo, evitando así las pugnas de poder y la eliminación física de sus miembros por parte de sus enemigos.

Entretanto, aprovechando los frágiles acuerdos de paz entre Francia y España, que provocó el fracaso de la invasión a Jamaica, los franceses habían enviado informes al gobierno norteamericano desde La Habana, en los cuales acusaban a Miranda de "peligroso" mostrándolo como un traidor y desertor, escritos que, de forma conveniente, fueron divulgados para perjudicarle puesto que él era la única persona que podía desmentir la acusación del fracaso de la invasión como responsabilidad de España. Los informes que redactaron los espías franceses, resaltan tanto, los tratos que mantuvo Miranda con personas sospechosas de conspirar contra España, como los encuentros con personajes considerados enemigos peligrosos, pues eran eminentes sabios de su tiempo. La difusión de estos documentos logró que la situación de Miranda fuera comprometida, dado que no podía defenderse sin divulgar los detalles de su misión de espionaje en Jamaica, que eran secreto de Estado y, por lo tanto, ante esta situación la logia decide enviarle a Inglaterra como agitador, para ganar prosélitos a la causa emancipadora.

El 15 de diciembre de 1784, Miranda salió del puerto de Boston en la fragata mercante Neptuno, a las cinco de la tarde rumbo a Londres y después de un viaje que duró algunos días, llegó a Inglaterra el 10 de febrero de 1785.

En Londres, Miranda fue vigilado discretamente por los españoles y la inquisición, ante las sospechas de traición que recaían sobre él.

En el año 1785 también, Santiago del Nuevo Extremo de la Capitanía General de Chile, recibe el 27 de febrero a Manuel Javier Rodríguez y Erdoíza; y el 15 de octubre de ese año, abre sus ojos a la vida José Miguel de la Carrera y Verdugo, a quien se le conoció como “el Príncipe de los caminos”.

Mientras el hogar familiar de los Rodríguez y Erdoíza, componía una familia modesta de un funcionario de la real aduana, que se ubicaba en la esquina sur oriente de la intersección de las actuales calles Morandé y Agustinas, la casa de los Carrera y Verdugo, familia adinerada de la alta sociedad santiaguina, se encontraba en la esquina sur poniente de la misma intersección, sobre la actual Plaza de la Constitución, razón por lo cual desde su infancia y luego en el colegio Carolino, los jóvenes tribunos, fueron entrañables amigos y socios de correrías.

En ese mismo año llegó a la corte de Inglaterra, como secretario de la primera embajada de Estados Unidos, el coronel William Stephens Smith, a quien Francisco de Miranda conocía de su estancia en Nueva York.

Miranda y el coronel Smith, mandados y seguramente en conocimiento de la masonería, comenzaron a coordinar acciones políticas, y decidieron viajar a Prusia para presenciar las maniobras militares preparadas por el rey Federico II el Grande.

Bernardo del Campo, embajador de España en la capital británica desde 1783, proporcionó a Miranda una carta de presentación para el ministro de España en Berlín, mientras que James Penman, hombre de negocios inglés con quien Miranda había trabado amistad en Charleston, se encargó de guardarle sus papeles mientras estuviera de viaje. Sin embargo, la amabilidad del embajador español encubre su intriga para lograr que Miranda viaje a Calais y allí pueda ser apresado y entregado a España.

La farsa, que asignaba también un papel a la esposa y a la hija del vicecónsul español en Londres, con el pretexto de salir de Inglaterra para ingresar a la joven en un monasterio, se desbarató porque el venezolano y su amigo, se dirigieron el 10 de agosto de 1785 al puerto holandés de Hellevoetsluis y no a la ciudad del norte de Francia.

En Caracas entretanto, el padre de Simón Bolívar murió de tuberculosis en enero de 1786 y Concepción Palacios, su madre, se trasladó a la hacienda de la Casa Grande, para administrarla y mantener a la familia Bolívar.

Mientras en el sur de América, en la capitanía de Chile, inmediatamente después de obtener la borla del bachillerato, Don Juan Martínez de Rozas consiguió la cátedra de filosofía del Real Convictorio Carolino. Consiguió también, en ese mismo plantel, dar lecciones de Física experimental a los jóvenes, materias que hasta la época no eran enseñadas en el Reino de Chile. Adquirió grandes conocimientos en el manejo del francés, que le permitió leer y conocer las obras de Rousseau y Montesquieu.

Fue profesor de los infantes José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez, durante sus primeros años. Luego de varias disputas legales, a causa de los sueldos atrasados que se le debían, Juan Martínez de Rozas dejó de prestar funciones en el Convictorio Carolino.

En 1787 se integró a la Academia de Leyes, de la que fue secretario. Recibió el nombramiento de asesor letrado de Ambrosio O’Higgins, el entonces intendente de Concepción, pasando a ser imprescindible en las decisiones políticas tomadas por O’Higgins, que le valieron a este, se reconocido por una exitosa administración.

Ese año también, el 27 de noviembre, la ciudad de Santiago recibió a Ramón Freire Serrano, hijo del comerciante Francisco Antonio Freire y Paz, casado con Gertrudis Serrano y Arrechea. La familia Freire Serrano pasaba sus días viajando entre los principales poblados de la capitanía, los puertos de Valparaíso y Concepción, además de Mendoza y la capital Santiago, por lo que Ramón no recibía formación académica permanente.

Corría el año 1788 y Juan Martínez de Rozas, en un ascenso de su rápida carrera política, pasó del puesto de asesor a ocupar el cargo de Intendente interino de Concepción, donde recorrió y organizó los fuertes de la frontera, delineó la villa de San Ambrosio de Linares e impulsó la higiene en Concepción. Por sus servicios se le recompensó con el nombramiento de coronel y comandante del escuadrón de caballería de milicias regladas de Concepción, con lo que inicio su breve carrera militar.

El mismo año y con la familia San Martín y Matorras ya instalada en Málaga España, el infante José de San Martín quiso seguir la carrera militar y gracias a su padre, capitán del ejército español que intercedió para lograr su admisión como cadete, ingresó al ejército realista e inicio su preparación militar en el Regimiento de Murcia. 

Es la tranquilidad que precede a la tormenta, el largo sueño del reinado de Castilla y Aragón, en la América española, se verá removido el año 1789, cuando un fuerte movimiento político y social, sacude los cimientos de las viejas estructuras monárquicas europeas, marcando el inicio de La Revolución francesa... Es el año del comienzo de una nueva Era.


Siguiente capítulo: La Revolución Francesa


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