FIN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA
Mientras en el norte, con el apoyo del Gobierno neogranadino, Simón Bolívar fue reconocido como jefe por todos los venezolanos que se encontraban en Nueva Granada.
El 19 de septiembre de 1814 Bolívar se encontró con Camilo Torres Tenorio, el presidente del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, para preparar una nueva estrategia ofensiva patriota. Pero era una decisión tardía, puesto que los realistas recibían apoyo y se reorganizaban para seguir la guerra.
A destiempo también, aún tan tarde como la unidad de las fuerzas patriotas, en septiembre de 1814, en vísperas de la batalla de Rancagua, Carrera en nombre del gobierno de Chile proclamaba que:
– “Hoy le hostiliza el infame Mariano Osorio contra las órdenes expresas del Rey, que en el decreto del 4 de mayo de 1814 deja las autoridades constituidas en ambos hemisferios hasta la resolución de un nuevo Congreso, y anula la Constitución Española, y órdenes de la Regencia con la pena de muerte a los que pretendan su obediencia. Por tanto, se declara a Osorio y a todos los que sigan su campo, traidores al Rey y a la patria.”
En el extremo sur de Chile mientras tanto, el día 25 de septiembre Mariano Osorio con sus fuerzas realistas llegó a San Fernando con 5000 hombres organizados en cuatro divisiones.
La defensa del ejército patriota, preparada para la contención de las tropas enemigas, logró mantener a Osorio y sus fuerzas al sur del Cachapoal, hasta fines del mes.
El 1 de octubre las fuerzas realistas emprendieron el cruce del río Cachapoal. La división de Juan José Carrera, al no poder contener el avance enemigo retrocedió y de acuerdo al plan, se refugió en Rancagua a la espera de refuerzos.
Bernardo O'Higgins, con su división, concurrió también a la ciudad a reforzar las fuerzas de Juan José, resistiendo en la Plaza de ese lugar hasta el 2 de octubre.
El general José Miguel Carrera se mantuvo en su posición y decidió no enviar sus tropas a los patriotas sitiados por fuerzas superiores, a riesgo de perder al ejército en su totalidad.
Ramón Freire, viendo el desatino de O´Higgins por acudir al refuerzo y mantenerse en la plaza de Rancagua, que no prestaba buenas defensas, decidió no retroceder con las tropas del general Carrera a la Angostura de Paine y convencido, de cabalgar a una inminente derrota, se lanzó al galope con sus dragones a prestar ayuda.
Nuevamente, en una temeraria acción, Freire atacó a sablazos junto a sus dragones la retaguardia enemiga y entonces, ante la arremetida patriota, Bernardo O'Higgins viendo debilitada la defensa enemiga, decidió forzar el retiro de las fuerzas sitiadas, mediante una carga de caballería por el flanco que se abría, gracias a los dragones de Freire.
De los novecientos patriotas que iniciaron el combate sólo alcanzaron escapar alrededor de doscientos.
Esta derrota, en definitiva, marcó el fin de la denominada Patria Vieja chilena.
En la mañana del 3 de octubre, O'Higgins llegó a Santiago y de inmediato, se reunió con José Miguel Carrera.
Junto con el parte de la batalla, exigió una explicación de su conducta en Rancagua y de su retiro en forma sorpresiva cuando llegaba con su división a las puertas de la ciudad y pudiendo, según él, entre ambos haber vencido a las tropas realistas.
Ninguna explicación de Carrera lo dejó satisfecho, pero no eran las explicaciones lo que realmente quería, lo que le interesaba o pretendía demostrar su interés, era saber y decidir militarmente los próximos pasos a seguir.
O´Higgins estimaba que, la única solución era defender Santiago en las orillas del río Maipo y Carrera en tanto, estaba resuelto a retirarse hacia el norte del país hasta Coquimbo para seguir la lucha.
Era una eterna disputa de egos, en donde ninguno aceptaba el análisis táctico del otro, pero el problema real se daba en lo político, producto de que ambos grupos, los conservadores bajo el mando de Bernardo O'Higgins y los liberales bajo el control de José Miguel Carrera, no reconocían el liderazgo del otro en su origen legal, por lo que no llegaron a ningún acuerdo y O´Higgins, decidió en forma drástica y seguramente orientado por el coronel Juan Gregorio de Las Heras, que llego nuevamente enviado por San Martín como representante de la Logia Lautaro, renunciar a la guerra defensiva y partir con los suyos al destierro de Mendoza.
El coronel Las Heras junto a sus soldados, coopero con los partidarios de O´Higgins en la salida de Santiago, del primer grupo patriota hacia Mendoza. San Martín lo había enviado de regreso, para intentar ayudarlos contra la ofensiva realista, pero este llegó poco después del “desastre de Rancagua”, en el que se perdió casi la totalidad del ejercito patriota chileno. Solo alcanzó a proteger el cruce hacia Mendoza de miles de refugiados.
El 8 de octubre Bernardo O'Higgins emprendió el cruce de la cordillera con su madre, su hermanastra y con muchos otros inquilinos, soldados y ciudadanos sureños que, con sus familias, habían escogido emigrar hasta la vecina Mendoza.
Los restos del ejército de patriotas chilenos, decidieron su retirada por grupos a la Ciudad de Mendoza, por ser la única opción inmediata tomada por sus generales. Junto a ellos emigraron los independentistas exaltados y también Manuel Rodríguez.
En estas condiciones políticas y en el momento en que España reconquistó Chile, Javiera Carrera abandonó a su esposo e hijos para autoexiliarse y seguir los pasos de sus tres hermanos, con el otro grupo de desterrados.
José Miguel Carrera dirigía al grueso de exiliados de Santiago y Coquimbo, con el cual emigraron a Mendoza junto a muchas familias patriotas.
Él con sus soldados, se encontraban en la retaguardia para proteger a la multitud que huía, enfrentándose en plena cordillera con las tropas realistas en la denominada Batalla de los Papeles, el 11 de octubre de 1814.
El día 12 el grupo de O`Higgins comenzó a bajar hacia Argentina, acampando en el refugio de Las Cuevas y llegando al día siguiente a Uspallata, donde los esperaba el general José de San Martín como gobernador de Cuyo y con todo tipo de auxilios.
Un par de días después, el 17 de octubre, llegaron también a Cuyo, José Miguel Carrera, sus hermanos y los otros criollos, que habían decidido seguir el mismo camino a Uspallata. Junto a ellos, Javiera Carrera llegaba a las Provincias Unidas del Río de la Plata, para vivir también el exilio en Mendoza.
Cuando los trasandinos llegan a esta ciudad, la disputa entre los partidarios y los opuestos al gobierno carrerino recrudecieron.
El altivo general Carrera se presenta al gobernador y exige a San Martin, ser reconocido como representante del gobierno chileno, por derecho de “ultimo gobernante” y sólo logra que, él con su grupo de patriotas, obtuviera el derecho al asilo por parte de Argentina.
Apenas llegado a Mendoza, y en las peores condiciones económicas y anímicas, el solitario Manuel Rodríguez trabajó modestamente en una imprenta, donde se reproducían manifiestos políticos y uno de esos días, recibía una lamentable noticia del Perú, que en la corte virreinal limeña su hermano Joaquín Rodríguez terminaba sus días muriendo sorpresivamente y muy joven.
El plan de San Martín, para liberar el Virreinato del Perú, sufría un traspié. Había sido pensado para ser llevado a cabo desde un Chile patriota; con la caída de este país en manos enemigas, el plan parecía destinado a ser desechado. Pero San Martín tomó la decisión de seguir adelante, solo que ahora, primero, tendría que liberar a Chile.
A fines de 1814, el Director Supremo Posadas, nombró comandante del Ejército del Norte a Carlos Maria de Alvear, pero una revuelta de sus oficiales lo obligó a regresar a la capital.
El gobierno rioplatense afrontaba las disputas internas de las facciones porteñas y de la Logia Lautaro, por lo que al ver que no era obedecido, el Director Posadas decidió renunciar y en su lugar, la Asamblea, nombró como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a Carlos Maria de Alvear para que cumpliera el resto de su mandato.
El nuevo Director solo tenía 25 años y según pasaban los días en el puesto de gobierno, su gestión fue calificada por muchos, como una verdadera dictadura.
Organizó una red de espionaje y arrestó sin juicio a sus opositores e implantó una severa censura de prensa. Ante una posible conspiración y sin juicio alguno, ordenó ejecutar a un capitán de ejército y colgarlo en la Plaza de Mayo.
Intentó rodearse de un “boato y ceremonial” que, contrastaba con la modestia de que habían hecho gala los gobiernos anteriores, lo que le valió la censura de la opinión pública.
Alvear gobernó rodeado de su propia facción, sostenido solo por la logia secreta a la que también pertenecían los oficiales adeptos del ejército.
Entre los que le objetaban la administración del joven director supremo, se hallaba su antiguo correligionario el entonces gobernador de Cuyo, José de San Martín, quien reafirmaba la idea de que, para asegurar la independencia de las Provincias Unidas, ahora se debía lograr la liberación de Chile ya que el poder realista había retomado el control enviando para encabezar el gobierno después de la batalla de Rancagua, a Casimiro Marcó del Pont y refuerzos militares a cargo del tenebroso capitán San Bruno.
Después de lograda la liberación trasandina, había que eliminar el poder realista en el Perú con una invasión desde Chile. San Martín ideó la conformación de un gran ejército rioplatense que, junto a las fuerzas chilenas pudieran invadir el Virreinato del Perú.
Entre los refugiados chilenos, el brigadier Bernardo O'Higgins obtenía el apoyo de José de San Martín, quien era su hermano masónico, ya que ambos estaban unidos por la secreta Logia Americana, conjurados para la liberación de América. Además, San Martín no tenía confianza en los Carrera, por una variedad de motivos, incluyendo una serie de actitudes por parte de los hermanos, que fueron consideradas por el general, como una tentativa de desconocer su autoridad en la antigua capitanía española.
Al mismo tiempo, los hermanos Carrera habían sufrido mucho desprestigio político, a consecuencia del desastre de Rancagua y muchos, entre los refugiados en Mendoza, los acusaban, erróneamente, de haberse robado el tesoro nacional y de traición.
San Martín, ante la disyuntiva de tener que enfrentar permanentemente los indisciplinados reclamos y acciones de los Carrera, cuando menos distracciones necesitaba dado su proyecto de organizar un ejército patriota unido, para el cruce de los Andes, en un lineamiento político de la Logia Lautaro, toma la decisión de no apoyar a José Miguel Carrera. Tampoco ignoraba que los Carrera mantenían vínculos amistosos con algunos masones del Río de la Plata, aunque eran bandos opositores.
Finalmente, tanto O'Higgins como José Miguel y Juan José fueron enviados a Buenos Aires.
Entretanto, Ramón Freire llego a Buenos Aires y no se quedó esperando que se resolvieran las disputas entre los patriotas chilenos por lo que, en el puerto, se incorporó a la escuadra corsaria del almirante Guillermo Brown, que seguía realizando diversas correrías por el océano Pacífico, en contra de las naves realistas.
A su llegada a Buenos Aires, Carrera se encuentra con Carlos María Alvear, amigo suyo desde los tiempos de Cádiz y enemigo acérrimo ahora de San Martín. Los dos generales se encontraron y estrecharon nuevamente su amistad. Aunque Alvear era miembro de una facción de la Logia Lautarina que continuaba ganando adeptos en América del sur, también era el fundador de la Logia número 3 de Cádiz: "Los Caballeros Racionales", orden a la que se dice, Carrera pertenecía.
La disputa interna en la Logia Lautaro, que se había divido entre los partidarios de San Martín y los de Alvear, favorecían al general Carrera.
Con Alvear como Director Supremo de las Provincias Unidas, Carrera habría obtenido un apoyo decisivo para lograr sus propósitos, ser reconocido como gobierno legítimo de Chile y obtener recursos para montar una expedición a Coquimbo, desde donde planeaba continuar la guerra por la independencia.
Mientras Javiera Carrera, también se trasladaba a Buenos Aires donde fue recibida por el sacerdote Bartolomé Tollo, antiguo amigo de la familia.
Su vida en Buenos Aires se hizo difícil, tanto por causa de problemas de salud y por un desastre financiero. Gracias a su encanto y belleza, se gano la admiración de los jóvenes bonaerenses, pero su inteligencia y vivacidad le permitieron relacionarse en la clase acomodada patriota, por lo cual entonces, inició una relación sentimental con el capitán estadounidense nacionalizado argentino, David Jewett.
Mientras tanto, la oposición crecía en el interior de Argentina y en la capital. En todo el territorio estallaron manifestaciones de oposición y rebeldía.
El Director Alvear carecía de influencia en el interior. San Martín mantuvo el conflicto con el poder central y renunció a su cargo aduciendo mala salud. En respuesta a su acción política, Alvear envió al coronel Gregorio Perdriel para reemplazarlo, pero este, fue rechazado por el cabildo de Mendoza, definida como la capital de la provincia de Cuyo, que confirmó a San Martín.
En la capital porteña argentina, recrudeció a tal extremo la diferencia entre O’higinistas y Carrerinos, que Luis Carrera y Verdugo se batió a duelo con el coronel Juan Mackenna, por ciertas expresiones de este último que eran consideradas ofensivas para la familia de los Carrera, muriendo en la contienda el O’higinista Mackenna.
El bando lautarista de San Martin exigió al gobierno aplicar la justicia contra el hermano de José Miguel, por lo que Luis fue encarcelado y Javiera Carrera no disimuló el rencor que sintió hacia José de San Martín, Toribio de Luzuriaga, Juan Martín de Pueyrredón, Tomás Godoy Cruz, a los Larraín, y a la Logia Lautaro, pues consideraba que todos ellos, que apoyaban al Huacho Riquelme, eran los causantes y promotores de la caída política, social y económica, de su familia.
Gracias a la conexión con Carlos María de Alvear, José Miguel Carrera consigue la liberación de su hermano Luis y la resolución del gobierno para enviar a O´Higgins y sus partidarios de vuelta al interior, hacia la provincia de Cuyo.
La tarea de organizar el ejercito unido para la travesía de Los Andes, demandaba la necesaria colaboración del líder chileno que regresaba a Mendoza, por lo que San Martín lo integró como cofrade, tomándole el juramento de la Logia y la primera tarea Lautarina que le asignó a O'Higgins, fue alistar la localidad de El Plumerillo a una legua de Mendoza, para trasladar ahí el campamento de sus tropas, pues deseaba mantener a los hombres de Bernardo alejados de las distracciones de la ciudad que podrían afectar la disciplina y el espíritu militar. El campamento estuvo listo y recibió al fragmentado ejército chileno a fines de septiembre.
Luego de conocer a José de San Martín, con quien simpatizó de inmediato, Manuel Rodríguez se incorporó a los preparativos para la Reconquista del territorio nacional y colaboró con San Martín y O'Higgins en el campamento del futuro ejercito de Los Andes.
En secreto, José de San Martín aceptó un plan propuesto por Manuel Rodríguez, para volver a Chile y mantener vivo el espíritu de la insurrección en las poblaciones chilenas, y le encargó la delicada misión de mantenerlo informado sobre los movimientos de la tropa realista y organizar clandestinamente, la rebelión en contra de Casimiro Marcó del Pont en la zona centro sur, durante la Reconquista.
San Martín vio en Manuel Rodríguez el emisario ideal y lo comisionó para viajar, junto a otros espías de la zona centro norte, a fin de deslizar una pequeña fuerza en la retaguardia enemiga.
De esta forma, organizó un servicio de espionaje para saber lo que sucedía en Chile y difundir noticias falsas sobre lo que ocurría en Mendoza.
El 10 de diciembre de 1814 Simón Bolívar tomó a Santa Fe, y obligó Cundinamarca a reconocer la autoridad del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada.
Así, mientras Bolívar reorganizaba el ejército de la Confederación, San Martín tomó la decisión de seguir adelante con su plan de liberación Continental y sumar apoyos regionales, por lo que viajo al sur argentino para sacar el compromiso de no intromisión del pueblo mapuche a cambio de mantener su condición de independencia y el control de su propio territorio, además les solicito permiso para transitar por sus tierras en el sur de Chile y consiguió sumar una compañía de guerreros al ejercito libertador.
Sabía que en el sur de Chile había grupos de ellos, luchando con los realistas y en una maniobra de inteligencia, haría creer a los caciques de Arauco que el paso de Los Andes seria por el sur.

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