FEDERACIÓN DEL SUR

 


Poniendo junto todo lo que se sabe, acerca de qué hizo el patriota José Miguel Carrera en esos meses, es posible especular sobre su plan estratégico.

Dejando de lado aspectos más “personales”, como su declarada intención de “ahorcar a cuatro bribones”, para concentrarse en lo sustantivo:

Se sabe que, estaba en contacto con José María Alvear quien promovía ahora el federalismo.

Se sabe también que, durante 1817 había estado preparando una campaña de publicidad contra los gobiernos “unitarios” en Argentina y en Chile.

Se sabe además que, estuvo en contacto con José Artigas, quien fue uno de los principales promotores del federalismo en las provincias del Río de la Plata y que, de acuerdo con sus planes, “de ahí a Chile”.

Se sabe igualmente, que contaba con el apoyo de los Estados Unidos para establecer gobiernos “conformes a la Logia Masónica” de ese país.

Finalmente se sabe que, José Miguel, se dedicó a luchar para establecer a Alvear como presidente de una Argentina federal y así volver a Chile y al gobierno.

Por estos motivos, Carrera, se dedicó a luchar políticamente en el Rio de la Plata junto a su amigo Alvear.

Parece entonces posible especular que, el plan continental de los federativos, era lograr a través de Artigas, el apoyo de la Liga Federal, a fin de establecer la presidencia y una federación en las provincias unidas, lograr el reconocimiento de Estados Unidos para esa entidad y, con el apoyo de esos gobiernos y el de sus partidarios entre los militares y civiles en Chile mismo, regresar al poder en este país a fin de integrarlo a una Federación del Sur.

Podría ser que, al menos para empezar, en esos planes Carrera se reservaba el papel de cerebro estratégico, a cargo de una campaña política y relaciones con gobiernos y fuerzas exteriores.

Es posible también ver como tales planes servían al interés del general Lecor. Cualquier división o lucha entre las fuerzas patrióticas, fortalecían su posición militar y podían redundar en ventaja para los intereses expansionistas brasileños.

En todo caso, en 1819 un enfervorecido Carrera juró venganza, por la muerte de sus hermanos, de su amigo Manuel Rodríguez y por todas las penurias que tuvo que soportar su familia, por lo que, con redoblado ardor, continuó su acción de denuncia política, contra la Dictadura Lautarina.

Desde Montevideo enviaba panfletos a Buenos Aires y a las Provincias Unidas, donde propiciaban el estado federativo y denunciaban, los planes e intentos de José de San Martín y Juan Martín de Pueyrredón de establecer una monarquía constitucional.

En tanto en ese mismo año, Javiera Carrera ya libre, se refugia en un barco portugués que se hallaba en el puerto de Buenos Aires y parte a Montevideo para apoyar a su hermano.

 

Mientras en Chile, el antiguo patricio don Ignacio de la Carrera, era hostigado por el director supremo Bernardo O'Higgins, obligándole por decreto el pago de la deuda que contrajo José Miguel en Estados Unidos para armar su flota, no importando que hubiera sido requisada por el gobierno de Argentina y además, los costos asociados al fusilamiento de sus dos hijos, lo que hizo enfurecer aún más a José Miguel Carrera, quien siguió publicando sus textos incendiarios, entre ellos un “Yo Acuso”.

Frente a esto, Irisarri creó la gaceta El Duende, mientras que, en las Provincias Unidas del Río de la Plata, se publicaba la Gaceta de Buenos Aires dirigida por Julián Álvarez. En ambos periódicos se desprestigiaba políticamente a José Miguel.

Frente a la creación del Duende, Carrera creó El Hurón, periódico con el cual pretendía desacreditar a los políticos bonaerenses, por sus “intenciones monárquicas” y bajo la consigna de la unidad de las naciones del sur, promover el federalismo sudamericano. El periódico era distribuido por Carlos Rodríguez, el hermano del Guerrillero chileno, con los hermanos Zamudio, el capitán Bustamante y un cura franciscano de nombre Solano García.

 

Bajo las órdenes del argentino Antonio González Balcarce, nombrado comandante de la Segunda campaña enviada al sur de Chile con el batallón patriota, donde marchaba Vicente Benavides, se dirigió a continuar la guerra en la frontera.

Destacándose en la toma de la Isla de La laja y otros puntos aledaños, hasta esos momentos controlados por los realistas, González siguió la campaña que se alargaba, producto de los ataques de guerrillas realistas que golpeaban y se replegaban, sin enfrentarse en una batalla normal.

Es a partir de este lento avance hacia La Frontera, cuando Benavides rompe su pactada situación con José de San Martín, desertando nuevamente del ejército patriota.

En una propicia ocasión se interna en los bosques de araucarias, para reintegrarse al ejército realista en el preciso momento en el que Sánchez, abandonaba la región rumbo a Valdivia y este, aprovechando la llegada del desertor, lo dejo al mando de la población civil y una pequeña partida de 50 hombres, con los cuales se pretendía hacer frente al ejército patriota.

Ciertamente, no resulta fácil comprender las motivaciones que llevaron a Benavides a esta última acción, que era prácticamente un suicidio. No obstante, se cree que tanto los ánimos de venganza, como las posibilidades de elevar su posición militar lo convencieron de asumir esta difícil tarea.

 

En un sorpresivo regreso a la Argentina, sobre lo que puede ser visto como un intento desesperado de lograr sus objetivos, José Miguel Carrera convenció a Estanislao López de convocar un cabildo en Luján, en el cual, el 1 de julio de 1819 José María Alvear fue declarado como Gobernador de Buenos Aires.

Sin embargo, el Cabildo de la ciudad desconoció su elección y cuatro días más tarde, eligió a Manuel Dorrego como gobernador.

El futuro paladín del federalismo decidió vengar el revés sufrido por el ejército porteño y lanzó una ofensiva contra las fuerzas federales.

Aparentemente, Estanislao López con sus soldados no se encontraban realmente interesados en el asunto y se habían retirado detrás del Arroyo del Medio, dejando a las fuerzas de Carrera y Alvear aisladas en la villa de San Nicolás de los Arroyos, donde luego de un encarnizado combate, fueron completamente derrotadas.

Dorrego informó al Cabildo de Buenos Aires de su victoria, destacando que “ha sido igualmente fruto de nuestra empresa la prisión del cuadro de oficiales que formaban la escolta de Alvear, que han sido los más obstinados en rendirse”. Luego de este fracaso, Alvear tuvo que regresar a Montevideo.

En la hacienda de El Monte en tanto, don Ignacio de la Carrera ya muy debilitado, continuaba siendo hostigado por O'Higgins, quien, confiscando sus bienes por la deuda del fusilamiento en Mendoza, le daría el último golpe que le destrozaría el corazón.

Don Ignacio de 86 años, ya sin fuerzas, se echó a morir y meses después de este incidente fallecería el 22 de junio de 1819.

 

Mientras esto ocurría al sur de américa, en el norte Simón Bolívar realizó una de sus hazañas militares más destacadas.

Nuevamente decidió realizar el Paso por la cordillera de los Andes, que ahora lo haría en una estación poco propicia y que se consideraba imposible con los medios de la época.

La misión era dar un golpe contundente a las fuerzas realistas que se organizaban en Nueva Granada, por lo que Bolívar decidió sorprender al ejército enemigo, cayéndoles por la retaguardia montañosa de Los Andes.

El sorpresivo paso de la montaña, nuevamente sin preparación previa y con los mínimos medios, fue heroica y definitivamente épica.

El difícil avance de las tropas patriotas se produjo a través del páramo de Pisba, cayendo finalmente por las quebradas y faldas cordilleranas hasta dar alcance a los realistas el 25 de julio de 1819 en la batalla del Pantano de Vargas, enfrentamiento en el cual, la tropa realista huyó en desbandada, situación que le permitió a los patriotas llegar a la ciudad de Tunja el día 4 de agosto.

Allí, se reúne con las tropas patriotas que estaban bajo el mando de Santander en la población de Tame (actualmente ubicada en el departamento de Arauca), en donde comienza la definitiva campaña libertadora de la Nueva Granada.

El enfrentamiento decisivo con los realistas se produjo en la batalla de Boyacá el 7 de agosto, por medio de la cual se pretendía detener el avance de las tropas leales comandadas por Barreiro hacia la ciudad de Bogotá y que resultó en una gran victoria para los generales Francisco de Paula Santander, Simón Bolívar y para el ejército revolucionario.

Cuando el virrey Sámano, quien como todos los demás realistas conocía el Decreto de Guerra a Muerte, se enteró de la derrota por lo que huyó inmediatamente de Bogotá y de esta forma, el ejército libertador entró triunfante a la capital el día 10 de agosto de ese año.

 

A fines de 1819 José Maria Alvear formo una alianza con el general chileno José Miguel Carrera, junto a otros opositores al partido lautarino y a los patriotas que gobernaban en Buenos Aires y Santiago.

Buscaron entendimiento y una alianza con José Artigas o la Liga Federal, pero esta no se concretó en los términos que posiblemente Alvear y Carrera esperaban, por lo que este ultimo, desprovisto de apoyo organizado en Chile como consecuencia de las acciones familiares, consideró que el plan confederado se veía gravemente amenazado.

Sin embargo, posiblemente tomando en cuenta que sus actividades en Montevideo ya habían producido todo lo que podían dar, tanto Carrera como Alvear, más los Benavente, Pedro Vidal y algunos otros de sus seguidores, decidieron a fines de 1819 y aparentemente bajo instrucciones de Artigas, abandonar Montevideo. Por lo que regresaron al Rio de la Plata y se sumaron al ataque de los caudillos, Francisco Ramírez de Entre Ríos y Estanislao López de Santa Fe, contra los unitarios de Buenos Aires, triunfando en la batalla de la Cañada de Cepeda, el 1 de febrero de 1820 derrotaron al Director Supremo, José Rondeau, que significó la caída del Directorio y la disolución del Congreso, cesando todas las autoridades nacionales.

El nuevo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el general Manuel de Sarratea logró llegar a un entendimiento con los líderes federales, entendimiento en el cual José Miguel Carrera participó y sus intereses fueron considerados en el Tratado del Pilar, que le concede soldados, armas y equipo, con los que organiza su nuevo "Ejército Restaurador de Chile".

El problema para Carrera fue que, si bien se logró establecer un gobierno federal en Argentina, no fue su amigo Alvear quien estaba a cargo, por lo que, aunque obtuvo fuerzas militares para su proyecto, éstas no eran las suficientes como para lograr sus objetivos finales. Aún peor, las nuevas autoridades federales en las provincias del rio de La Plata no estaban dispuestas a dejarlo cruzar sus territorios hacia Chile y el gobierno de Buenos Aires, carecía de la autoridad para obligarlas a concederle ese paso.

De acuerdo con la biografía, en el Instituto de Investigaciones Históricas de Argentina, Carrera tiene una participación secundaria en el Tratado del Pilar, el que da término a la Constitución unitaria de 1819 y consagra el régimen federal, en Argentina.


Próximo Capítulo: La Última Campaña


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