EL SCORPION Y MAL GOBIERNO REALISTA
A principios de julio de 1808, el Gobernador encargado de Caracas, Juan de Casas, recibió dos ejemplares del diario londinense “The Times” que el Gobernador de Trinidad remitió antes que al gobernador de Cumaná y que relataban la noticia de la abdicación del trono de España en favor de Napoleón.
Las autoridades trataron de mantener la noticia en secreto para evitar la alarma social, pero no por mucho tiempo.
En 1808 en Chillan, al Sur de América, Bernardo O’Higgins ingresó en un grupo conspirativo conocido como los "Duendes patriotas" que integraban jóvenes pertenecientes a las principales familias de Concepción, Talcahuano y pueblos cercanos.
Ese año también, falleció el gobernador de la capitanía de Chile, don Luis Muñoz de Guzmán y luego de varias diligencias encabezadas por el cuyano Juan Martínez de Rozas, ya activo militante del secreto círculo Masón sudamericano “la gran Logia Americana” y tras, amenazas de los militares a la Real Audiencia, fue designado para ocupar el cargo de gobernador, el militar de mas alta graduación, don Francisco Antonio García Carrasco, apoyado por chapetones de reputación dudosa. Asumido el cargo, Carrasco nombró como su secretario privado a Martínez de Rozas por sobre Don Pedro Díaz de Valdez, el marido de Javiera Carrera, con lo que se ganó la enemistad de la reconocida familia Carrera.
Eran las 11 de la noche del 14 de julio, cuando al puerto de La Guaira de la Capitanía de Venezuela, recalaba el bergantín de guerra francés “Serpent”. Paúl de Lamanón, su capitán, se dirigió de inmediato a Caracas, a fin de entrevistarse al día siguiente con el gobernador Juan de Casas, para entregar documentos enviados por el Consejo de Indias que, anunciaba el ascenso de José Napoleón Primero, al trono de España y ordenaba al virreinato, a reconocerlo como tal. El gobernador recibió el documento y sin tomar ninguna decisión al respecto, lo entregó a Andrés Bello.
A los días siguientes, la noticia se expandió por toda la provincia y los mantuanos más notables, incentivaron una protesta en contra de los militares franceses con la población recorriendo las calles, al grito de “viva Fernando VII y muera Napoleón”.
El gobernados se justificó con los franceses, aludiendo que los criollos se apoderarían del gobierno por medio de una conspiración, por lo que Lamanón y sus soldados, regresaron a La Guaira para zarpar y huir del buque de guerra inglés “Acasta”, que llegaba con noticias de España, sobre la formación de la junta de Cádiz, del levantamiento popular, el triunfo de Bailen y que, la lucha en España para rechazar a los franceses continuaba y que Napoleón, no tenía la situación dominada.
Enterados los mantuanos exigieron, apoyados por el Cabildo en Caracas, que el gobernador declarase el apoyo a Fernando VII y Casas tuvo que reconocer la decisión.
La ciudad de Caracas se convirtió en un hervidero conspirativo, el cabildo se reunía, por un lado, la Real Audiencia por otro, en la Cuadra de los Bolívar se reunían socialmente algunos mantuanos para tratar “materias de estado”, incluso se hablaba de establecer un nuevo gobierno.
Entonces surgió un proceso político extraño entre el Gobernador, La Audiencia y el Cabildo, que terminó de socavar el orden colonial vigente y esto, hizo que la conmoción en la sociedad caraqueña se orientara en dos direcciones, una representada por Bolívar y la naciente Sociedad Patriótica, que quería proclamar la Independencia; y otra representada por otros criollos que querían mantener la fidelidad a Fernando VII.
La situación se mantuvo de esa manera, hasta agosto.
Entretanto en Cádiz, como premio por su actuación en batalla, José de San Martin recibió el grado de teniente coronel, el 11 de agosto de 1808. El ejército español completo, al mando del general Redding, recibió la Medalla de Oro en honor a los Héroes de Bailén.
* * *
El nuevo gobernador de la Capitanía de Chile, se vio envuelto en amoríos con mujeres livianas y mulatas concubinas, junto a un escándalo económico, incentivado por su secretario de la logia, para desprestigiar al gobierno e indirectamente también, a la gestión jurídica de Juan Martínez de Rozas.
Influenciado por este mismo, junto al delegado de Colchagua don Francisco Antonio de la Carrera, con el accionar del gobernador García Carrasco y parte de la guardia de palacio, se llevó a cabo la operación de emboscada y captura de la fragata Scorpion, un barco mercante de origen inglés, en la bahía de Topocalma el 27 de septiembre, donde fueron ajusticiados casi toda la tripulación y asesinando Tristán Bunker el capitán del barco, en total desconocimiento de la Real Audiencia y culpando falsamente por esa acción, a la reconocida familia de los ochocientos, puesto que uno de los complotados se hizo pasar por mayordomo de la familia Larrain.
El movimiento jurídico de Rozas fue dejar el barco como botín de guerra, para que no pagase los impuestos respectivos y quedaran unos 80 mil pesos de la época, liberados para los conjurados en la operación.
El pueblo de Colchagua, con los “ochocientos” a la cabeza, trató de linchar a todos los participantes, que escaparon de la muerte al ser detenidos por los dragones del Rey y puestos bajo guardia armada permanente.
En Santiago, toda la cólera fue dirigida hacia el Gobernador García Carrasco y su secretario Martínez de Rozas, pidiendo la renuncia de ambos hombres que, en un tiempo muy corto acumularon un gran número de pleitos legales, mientras los disturbios públicos hicieron erupción.
Martínez de Rozas tuvo que dimitir asumiendo toda la culpa y dirigirse a Concepción para organizar y liderar desde allí, una junta provisional autónoma. Él, García Carrasco y todos los que planearon y ejecutaron aquel acto criminal, fueron bautizados como los «escorpionistas».
Desde ese momento tanto la Real Audiencia así como el Cabildo de Santiago, se distanciaron del Gobernador García Carrasco, igual que en Caracas, donde la tensión entre el Cabildo, dominado por los mantuanos y la Real Audiencia, controlada por Joaquín de Mosquera y Figueroa, fue creciendo, junto a la exigencia mantuana, de convocar a una junta de gobierno. Finalmente, el Cabildo de Caracas se pronunció de forma afirmativa, por la posibilidad de convocar a una junta.
Pero tan importante como el escándalo del Scorpión en Santiago, fueron las noticias del cautiverio de Fernando VII por parte de Napoleón Bonaparte, lo que incentivó la correspondencia con Buenos Aires y la creación de fuerzas militares para la defensa de los intereses del monarca cautivo, integradas por oficiales criollos de la capitanía.
El Gobernador, que ya no contaba con el apoyo de los patricios ni de las grandes familias criollas de la capitanía de chile, y enemistado con la Real Audiencia, quedo arrinconado y sin apoyo político, criticado como “un mal Gobierno”.
La junta provisional de Concepción, con O'Higgins y Martínez de Rozas, fueron de los pocos grupos criollos organizados, que visualizaron el alcance que estos sucesos, podrían tener para la independencia del país.
Así las cosas, en el caribe hispanoamericano, el 23 de septiembre de 1808 arribó al puerto de La Guaira, la fragata Fénix, con la primera imprenta encargada por Gallagher y que, fue armada con partes de la imprenta que Miranda traía en el Leander en la expedición de Ocumare de la Costa, y que fue solicitada por las autoridades y Andrés Bello López, para editar la “Gaceta de Caracas”, con la finalidad de frenar las ideas independentistas que se esparcían con los papelones llegados de Europa. El primer número de la Gaceta, salió a la luz editada por Bello, en octubre de ese año.
Durante los últimos cuatro meses, los ánimos políticos parecían haber estado calmados, pero la “Conspiración de los Mantuanos” resurgió a principios de noviembre de 1808, con el regreso de Antonio Fernández de León a Caracas, donde le propuso al marqués del Toro y a José Félix Ribas, que se reanudasen las gestiones para formar una junta.
Se celebraron varias reuniones nocturnas en casa de José Félix Ribas, a una de las cuales incluso llegó el conde de Tovar, por su avanzada edad arriba de una butaca.
Los realistas se enteraban de los encuentros conspirativos y en algunos lugares de la ciudad aparecían escritos que, ridiculizaban a los mantuanos, junto a otros que atacaban a las autoridades, acusándola de “un mal gobierno”.
Finalmente, se recogieron firmas, se redactó un documento y en la noche del 24 de noviembre, encontrándose reunido Juan de Casas con miembros del Gobierno, se le entrego el documento junto a un oficio de remisión, suscrito por los notables Antonio Fernández de León, el conde de Tovar y el marqués del Toro.
Se pedía formalmente al gobernador, la formación de una Junta Suprema que quedaría subordinada a la Junta Central de España y se autorizaba, a 7 patricios de la capitanía, para que, junto con el capitán general, gobernador y con el Cabildo de Caracas, organizasen la Junta, incorporando, además a los representantes de otras instituciones de la provincia.
Al pie de la petición, aparecían firmando entre otros, el conde de San Javier y los apellidos de mantuanos caraqueños como, los Ponte, los Quintero, los Tovar, los Ibarra, los Montilla, los Ustáriz, los Ribas, los Toro, los Blanco Uribe, los Palacios, los Briceño y los Matos Monserrate, al lado de militares, hacendados y comerciantes.
Minutos después de presentado el documento, comenzaron a llegar al edificio, los capitanes Carlos Sánchez, Pedro Arévalo, Muncio Colón y Juan Antonio Ponte, integrantes de los cuerpos de las milicias de pardos de Caracas, los valles de Aragua y Valencia, quienes protestando contra el proyecto de establecer una Junta que, según ellos, podía estar orientada hacia la independencia, la cual rechazaban enérgicamente, manifestando su lealtad al Gobierno, ofreciendo sus vidas en defensa de Fernando VII y el Gobierno en Caracas.
Aquella misma noche fueron arrestados los firmantes de la petición, algunos de los cuales quedaron en prisión y los demás, fueron confinados a otros lugares fuera de la capital o en sus haciendas, terminando así la conspiración.
El gobernador, continuo su mandato con relativa tranquilidad hasta el 11 de enero de 1809, cuando llegaron a Caracas los despachos oficiales que, anunciaban, la creación de la Junta Central de España e Indias, la que terminó instalándose en Sevilla cuatro meses después.
Sumado a esto, el 14 de enero, llegó a Venezuela el mariscal de campo Vicente Emparan, en calidad de capitán general de Venezuela y gobernador de Caracas.
Su llegada dio una nueva perspectiva a la situación política, ya que empezaron a circular rumores que lo relacionaban como partidario de los franceses, por lo que fue acusado de querer confundir a la población.
El joven Simón Bolívar entretanto, organizaba la Liga de los Patriotas de Caracas, para incidir organizadamente en los futuros eventos políticos. El editor de la Gaceta de Caracas, el joven Andrés Bello, en ese tiempo ya, además de funcionario público, era un filósofo, poeta, traductor, filólogo, ensayista, educador, político y diplomático, que participó activamente como parte del bando revolucionario, en la Liga con Bolívar.
Los papeles a favor de una junta circulaban por toda la región y algunos se imprimían, secretamente, en La Gaceta de Caracas, ciudad donde también, se emitían declaraciones subversivas acusando, además de los franceses, a los españoles, que explotaban a los venezolanos, por lo que varios patriotas fueron arrestados y recluidos en las bóvedas de La Guaira.
El día 27 en el Ayuntamiento, el capitán general Emparan pidió la opinión sobre la posibilidad de crear una junta como la de Sevilla, con el propósito de calmar los ánimos.
En Ecuador en tanto, luego de haber completado su educación formal con las monjas conceptas, Manuela Sáenz ingreso al monasterio de Santa Catalina de Siena, de la Orden de Santo Domingo en Quito, para concluir así con la formación que, en ese tiempo, las señoritas de las más importantes familias de la sociedad quiteña, debían adquirir. En ese lugar, aprendió a bordar, a elaborar dulces, a comunicarse en inglés y francés, habilidades y labores que, la mantendrían ocupada gran parte del día.
A principio de 1809 en la capitanía de Chile, el abogado opositor Manuel Rodríguez, presentaba sus antecedentes al Claustro Universitario, con un abundante repertorio de documentos, reunidos y solicitados a doctores intelectuales, como el Rector Don Manuel José de Vargas, Don Pedro Tomas de la Torre y Vera, Miguel de Palacios, junto a otros ilustres chapetones, para obtener su doctorado en Leyes y la borla respectiva.
El grado era concedido mediante un pago de trescientos pesos, suma inalcanzable para el joven tribuno y su familia, por lo que postuló su caso al Claustro, que se reuniría para otorgar vacantes, acogiéndoles al beneficio doctrinario para los bachilleres opositores de extremada pobreza, que era estudiado de acuerdo a los meritos, autorizando la cancelación de la mitad del pago de propinas.
Pero, justo el día en que el Claustro Universitario se reuniría para resolver, el vice patrono y Gobernador García Carrasco, ordeno suspender la revisión de antecedentes, hasta nueva orden, a petición de los reaccionarios chapetones don Juan Francisco meneses y don Pedro Juan del Pozo y Silva, que actuaron como informantes en contrario. Para estos personajes, la figura del joven tribuno, de espíritu innovador, no merecía concesiones, puesto que frecuentaba las peñas de los canónicos liberales, simpatizantes de la logia de Boston, como don José Rojas, Juan Antonio Ovalle y Vicente de Larrain y Rojas, catalogados como “bostoneses” contrarios a la corona, por lo que había que entorpecer el acceso al foro de este “advenedizo literato” que, de obtener la borla, vislumbraba como posible competidor.
El obstinado Gobernador, alargó el juicio interpuesto por Rodríguez, para que se emitiera la resolución del Claustro Universitario sobre el beneficio solicitado, juicio que se postergó durante meses.
Bernardo O’Higgins entretanto, no descansaba un momento, en organizar sus tierras e inquilinos, para continuar difundiendo sus ideas liberales, pero sí temiendo por su libertad, más aún cuando en octubre de 1809 fueron detenidos en Chillán por soldados de los Dragones de la Frontera, sus amigos el prior Acuña y Pedro Ramón Arriagada.
A fines de ese año, el pueblo de Los Ángeles lo eligió como subdelegado interino del partido de la Isla de La Laja, lo que le permitió después organizar militarmente las fuerzas del territorio.
Producto de una herida en la batalla de Ocaña, el 19 de noviembre de 1809 José Miguel Carrera fue transferido a Cádiz, donde recibió la Cruz de Talavera y fue ascendido a sargento mayor del Regimiento de Húsares de Galicia. En esos momentos Cádiz era centro de gran agitación política, en la medida que ahí se encontraba el Consejo de Regencia y se discutía la futura constitución.
Es probable que en esa ciudad Carrera haya entrado en contacto con Joaquín Fernández de Leiva, quien era medio hermano de Manuel Rodríguez, el íntimo amigo de José Miguel y se encontraba ahí, en representación de Chile frente a las Cortes de Cádiz, para enviarle información sobre su condición y los eventos políticos en España.
Carlos Maria Alvear llegó también a Cádiz a fines de 1809 y a los pocos meses, producto de su espíritu inquieto, frecuentaba los centros de discusión filosóficos que Francisco de Miranda había organizado con los criollos de América y que se habían convertido en grandes focos de influencia de la masonería de Boston. Así, de inmediato se dio a la tarea, con empeño y determinación juvenil, de fundar la Sociedad de los Caballeros Racionales, o Logia Nº 3, como una filial argentina de los Jóvenes Americanos, con sede en Londres, a la que posteriormente se incorporó José de San Martín que conocía a Alvear desde la batalla de Bailen.
Años después, el mismo San Martín recordaría - en una carta - que mientras estaba en España conoció a varios “jóvenes americanos” que decidieron volver a sus países para participar en el proceso por la independencia, que se agudizaba. En la carta San Martín no menciona quiénes fueron aquellas personas.
En 1810, de acuerdo con un inventario confeccionado por él mismo Bernardo O’Higgins en Las Canteras, la cantidad de viñas y frutales alcanzaba a 85.000 plantas, tenía cultivos de papas, trigo y forraje y contaba con 10.228 cabezas de vacuno.
En las labores agrícolas trabajaban alrededor de 400 inquilinos, la mayor parte a través del sistema de medieros. En varias ocasiones O'Higgins contrató para trabajar en ellas, a ingleses que habían naufragado en las costas del país.
También, desde su instalación como latifundista en Las Canteras, en sus viajes por las ciudades de Chillan y Concepción, comenzó a difundir las ideas independentistas que su profesor Francisco de Miranda le había inculcado en Londres.
El amor a su tierra, su carácter franco y desinteresado, su capacidad de trabajo, seriedad y corrección en el trato de sus inquilinos como su buena educación y el hecho de descender de un reconocido virrey, lo hicieron muy popular en la región.
Viajaba ocasionalmente a las ciudades del sur, en las que permanecía largas temporadas.
En Concepción, con el regreso de Juan Martínez de Rozas y la formación de la junta provisional, trabó gran amistad con el hábil abogado que, a pesar del escándalo del Scorpion, gozaba de gran influencia en la región y que, además, había trabajado bajo las órdenes de su padre, por lo que le tomó gran cariño.
En esta ciudad, hacía ya algunos años que Martínez de Rosas encabezaba un grupo de jóvenes autonomistas.
Se llamaban autonomistas a quienes pretendían gobernarse libremente, pero reconociendo la autoridad del Rey de España. Los independentistas, en cambio, pretendían instalar un gobierno total y definitivamente independiente de cualquier país o mandatario foráneo.
Tanto los Duendes Patriotas como los Jóvenes Autonomistas, conformaban células secretas e independientes de la gran Logia Americana.
Asistían a las tertulias políticas que se efectuaban en la casa del abogado José Antonio Prieto y en estas visitas, hablaban de las ideas independentistas que circulaban en Europa y especialmente del proyecto elaborado por Francisco de Miranda, que planteaba la formación de gobiernos independientes y hacían propuestas, que incentivaban a acciones de comercio emancipadoras, desconociendo las disposiciones del Consejo de Regencia de Cádiz al respecto.
En Chillán, O’Higgins visitaba a Fray Rosauro Acuña y en la estancia vecina a la suya, a Pedro Ramón Arriagada, a los que convirtió en incondicionales seguidores de sus ideas, que consistían principalmente en establecer la libertad de comercio y la creación de un Congreso independiente de España, también predicaba la necesidad de formar una élite política criolla que, llegado el momento, estuviera en condiciones de reemplazar a las autoridades de la corona española en América.
Desde su regreso de España y al poco tiempo de haber tomado posesión de Las Canteras, O’Higgins se relacionó con los oficiales que custodiaban la frontera austral del reino, aprendiendo de ellos los rudimentos de la guerra. Con la noticia del cautiverio del Rey y los avances de la guerra contra Napoleón, se reforzaban las tropas con oficiales criollos en cargos de dirección militar, para defender los territorios del monarca y evitar intentos de invasión inglesa, como las ocurridas en el Río de la Plata y en el Fortín de la Vela, en Venezuela, por lo que un gran contingente de Patriotas, tanto autonomistas como independentistas, integraban las tropas del ejercito realista en Hispanoamérica.
Próximo Capítulo: En Nombre del Rey
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