EL LEGADO DE LAUTARO
En el proceso de la independencia americana, los primeros periodos insurrecciónales se fueron dando, por la decisión de los patricios criollos y revolucionarios, del considerado pueblo patriota, con derechos civiles de propiedad agraria y habitacional, junto al derecho adquirido de matrimonio, de acuerdo a la edad cumplida.
Tanto, el bajo pueblo como el indígena autónomo, reconocido por orden real, que le había conferido su libertad y una frontera, no participaba y miraba este proceso transformador desde lejos.
El pueblo Mapuche, tomó partido por los realistas, que le aseguraban en nombre del Rey, desde algún tiempo, el Wallmapu sur americano y su reconocimiento como wallmapuwen.
A los considerados, blancos de orilla del bajo pueblo, junto a los gañanes de pueblo, los afuerinos, inquilinos, mestizos, mulatos, zambos, pardos y negros, no les interesaba mayormente, el cambio de régimen político y si participaban, era ingresando de forma obligada, a las tropas militares, por medio de levas de vagos, conmutación de penas en cepos y mazmorras, obligaciones de estancia, tanto con el patrón de hacienda o encomendero de tierras, fincas, chacras y parcelas. Obedecían al “patroncito” porque lo mandaba el Rey y la ley de Dios y por ellos, vivían o morían sin otro derecho.
Uno que otro prócer patriota, por su cercanía de infancia con estos grupos marginales o necesidad de sobrevivencia, se dio cuenta de la importancia de esta situación, para la causa de la libertad e independencia, cuando la tropa se comprometía a luchar hasta el final, por una razón superior, generalmente, por alguna oferta de posesión material o en otros casos, por sentimiento de identidad.
Razón por la cual, se percataron que, en algún momento, se debería contar con el compromiso voluntario del bajo pueblo y o, ganar al aborigen americano para la lucha, siguiendo los pasos de Lautaro o Tupac Amaru.
En Londres, los primeros días de enero de 1812, una vez obtenida su licencia del ejército español, Carlos Maria de Albear se prepara para regresar al Río de la Plata, como parte de los planes de los Caballeros Racionales, para contribuir a la gesta libertaria.
El 12 de enero de ese año, se embarcan desde Londres, en la fragata británica George Canning, José de San Martín junto con Alvear. En el mismo barco viajaban José Matías Zapiola, Francisco Chilavert con su hijo Martiniano, siendo niño aún, y otros militares criollos que, regresaban a sus tierras y una vez a bordo, la fragata elevo anclas para partir por el atlántico hacia el continente sudamericano.
Mientras en la América del sur, el gobierno de José Miguel Carrera, realizaba una labor que señalaba los progresos de la emancipación chilena.
Se imprimió la Aurora de Chile, cuyo primer director fue fray Camilo Henríquez, con la colaboración de Manuel de Salas, Antonio José de Irisarri y el Doctor Bernardo Vera y Pintado, sacando el primer numero el día 14 de febrero.
Mientras el 15 de febrero de 1812, el Congreso de la Confederación de los estados de Venezuela, suspendió sus sesiones y acordó trasladarse a Valencia, designándola Ciudad Federal, el 1 de marzo de ese mismo año, cuando reanudó sus sesiones.
Durante los primeros meses del gobierno personalista de Carrera en Chile, se entablaron relaciones con los Estados Unidos de América, cuyo gobierno envió como representante comercial, con el título de Cónsul a Joel Roberts Poinsett, a pesar que el gobierno norteamericano no reconoció la independencia de ninguna nación hispanoamericana por su tratado con España, de no intromisión en asuntos políticos. El Cónsul, quien se traslada de Caracas a Santiago y una vez presentado en el gobierno, le sugiere establecer las relaciones comerciales con las naciones del norte y formalizarlas, por medio de un escrito constitucional que declarase la independencia comercial de la corona española. Carrera le acepta el ofrecimiento, encargándole la redacción del proyecto constitucional, por su conocido y probado conocimiento al respecto en Caracas.
Por otro lado, en calidad de secretario de José Miguel Carrera, el abogado Manuel Rodríguez ofició como una especie de Ministro del Interior, como se conoce en la actualidad, pero durante ese periodo, ambos tuvieron algunos desencuentros políticos graves, en cuanto al apasionamiento y personalismo del gobernante, influenciado por Poinsett.
El 17 de febrero, se dicta legalmente para toda la nación, el reglamento constitucional, redactado en gran parte por Manuel Rodríguez y un pequeño grupo de letrados, reglamento que seria el documento precursor de la Constitución política presentada por el cónsul norteamericano, después de la redacción de este.
Más adelante, durante la llamada “Organización de la República”, el joven Rodríguez alcanzó el cargo de diputado, Ministro de Gobierno y Relaciones, e integrante de la Corte Suprema.
Por su parte, Ambrosio Rodríguez Erdoíza, también estuvo involucrado en el proceso de independencia, llegando a ejercer como intendente de Chillán, mientras O'Higgins asumió como Intendente de Concepción.
En el atlántico sur en tanto, la fragata británica Canning ancló en el puerto de Buenos Aires, el 9 de marzo de ese año.
Carlos Maria de Albear, José de San Martín y otros notorios militares argentinos, ninguno de los cuales se encontraban en el Río de la Plata cuando se produjeron los sucesos revolucionarios de mayo, arribaban a Buenos Aires dispuestos a cooperar con las nuevas autoridades.
La Gaceta de Buenos Aires, en su número del 28 de marzo de 1812, informaba a los rioplatenses:
– “El nueve del corriente ha llegado á este puerto la fragata inglesa Jorge Canning, procedente de Londres, con cincuenta días de navegación (…) A este puerto han llegado entre otros particulares que conducía la fragata inglesa, el Teniente Coronel de caballería don José de San Martín primer ayudante de campo del general en jefe del ejército de la Isla, Marqués de Coupigny; el Capitán de infantería don Francisco Vera; el Alférez de navío don José Zapiola: el Capitán de milicias don Francisco Chilavert: el Alférez de carabineros reales don Carlos Alvear y Balbastro; el Subteniente de infantería don Antonio Arellano; y el primer teniente de guardias Walonas Barón de Holmberg. Estos individuos han venido á ofrecer sus servicios al gobierno, y han sido recibidos con la consideración que merecen, por los sentimientos que protestan en obsequio de los intereses de la patria”.
Integrando el grupo de oficiales recién llegados, San Martín se presentó ante los miembros del Primer Triunvirato, quienes accedieron a su pedido de servir al gobierno.
El 16 de marzo, el Triunvirato aceptó también, la propuesta de José de San Martín de crear un cuerpo de caballería, que llamó Regimiento de Granaderos a Caballo, que contaba con Carlos Maria Alvear como capitán y sargento mayor, para custodiar las costas del río Paraná.
Durante el año 1812 se ocupó de instruir a la tropa en las modernas técnicas de combate que conocía, por su extensa actuación europea contra los ejércitos de Napoleón.
Tanto San Martín, el Comandante del flamante escuadrón de granaderos a caballo, como su capitán Alvear, trabajaron junto a Zapiola, Martín Rodríguez y otros, en la organización de la “Logia de los Caballeros Racionales Argentinos”, un grupo secreto que intentaba corregir la dirección política del gobierno.
La logia, fue creada con la finalidad de obtener la Independencia de la América Hispana, rompiendo con el control político de la corona encarnada en el consejo de regencia de los reyes de España y dictar, una constitución basada en el liberalismo, que estableciera un estado republicano y unitario.
La capacidad de Carlos Maria para organizar políticamente la logia, para relacionarse por igual, tanto con la nobleza, o con el pueblo criollo, fue lo que ayudo a San Martín en su carrera política de la sociedad porteña y también lo convenció de aceptar, ser su padrino de casamiento.
En la Confederación federal americana de Venezuela, en tanto, sorpresivamente y siendo las 16 horas del 26 de marzo, un devastador terremoto casi destruyo la ciudad de Caracas, causando la muerte de, por lo menos, veinte mil personas, dejando además grandes daños en la región.
Mientras, alejado de la política y de las decisiones del gobierno, Bolívar se siente abandonado en fortín de Puerto Cabello, ejerciendo un cargo sin la dotación militar suficiente.
Los prisioneros del ejército realista, recluidos en el fortín, percatándose de la situación de ventaja y conspirando permanentemente, logran tomar por sorpresa a la guardia y la dominan sin dificultad, gracias a la traición del oficial patriota Manuel María de las Casas, al que sobornaron, apoderándose rápidamente del castillo San Felipe, para retomar la guerra contra revolucionaria, procediendo a bombardear la plaza Puerto Cabello.
Aprovechando este nuevo impulso, las fuerzas realistas contraatacaron en varios frentes, donde los patriotas se defendían con coraje, pero el general Francisco de Miranda era incapaz de pasar a la ofensiva, por problemas logísticos y las constantes deserciones que se daban en sus tropas, situación agravada por el Terremoto que afectó, en su mayoría, a centros poblados bajo control de los patriotas. Estos problemas, eran un reflejo de la impopularidad que gozaba la causa de la independencia, en la sociedad mantuaria acomodada venezolana.
Miranda intentó resistir el ataque realista pero la caída de la plaza de Puerto Cabello, la rebelión de los esclavos de Barlovento, así como el creciente número de los ejércitos españoles que le atacaban, el de Monteverde desde Valencia y el de Yáñez desde Calabozo, le hicieron imposible detenerlos, por lo que se replegó hacia Caracas.
Entretanto en Chile, el gobierno de José Miguel Carrera seguía con problemas internos, provocando una crisis que, debido al tenso clima político con la junta de Concepción, llevaron a romper la relación con su amigo Manuel Rodríguez, ordenando que dejase el cargo en el gobierno y que fuese espiado secretamente, por ser sospechoso, junto a sus hermanos de conspirar contra el gobierno, pero finalmente los problemas se aclararon debido a su amistad de años y siguieron gobernando en relativa comunión.
Es así, como en marzo de 1812 Bernardo O’Higgins dejó Concepción y se dirigió a su hacienda, donde tomó el mando de su regimiento para partir a Linares, y reunirse con las tropas movilizadas por Martínez de Rozas, con el fin de oponerse a las fuerzas de José Miguel Carrera en el norte.
A consecuencia de la unidad militar entre O’Higgins y Martínez de Rozas, la Junta de Concepción desconoció la autoridad del gobierno militar de Santiago, demandando la restauración del “Gobierno Representativo” de las regiones.
No era tranquila tampoco, la situación en las tierras venezolanas, y ante el avance de las tropas españolas al mando de Domingo Monteverde, el 23 de abril, Francisco de Miranda es nombrado por el Triunvirato ejecutivo, como dictador y jefe supremo, con el rango de generalísimo, de los ejércitos de la Confederación Federal de los Estados de Venezuela.
Ante este panorama y recibido el nombramiento, Miranda moviliza al ejercito en dirección a San Mateo, para interceptar las tropas realistas.
Mientras, José Miguel Carrera que, anteriormente, había mandado a través de Bernardo O’Higgins aseveraciones de buena voluntad, consigue una reunión a fines de abril de 1812, donde aseguró a Martínez de Rozas que, de hecho, “desde la revolución de diciembre protestó el gobierno que sería Representativo”.
Confiando, en las palabras de Carrera, las tensiones se relajaron y las provincias del sur, se dispusieron a recibir diputados de Santiago a fin de resolver las dificultades.
Sobre esto, Carrera agrega en su diario:
- “Para evitar los males con que nos amenazaban las juntas de Concepción y Valdivia, era preciso tomar medidas sagaces y activas; asegurada Concepción, nada costaba sujetar a Valdivia”.
A fines de mayo, estabilizado el gobierno de José Miguel Carrera y el triunvirato, con Gaspar Marín y Martínez de Rosas, Bernardo O’Higgins regresó definitivamente a su hacienda de Las Canteras con la intención de preocuparse exclusivamente, de sus tierras y los negocios del campo.
Mientras tanto en Santiago, las pasiones y deseos de libertad en Javiera Carrera, le hacían participar activamente en la política, cosa mal vista por la sociedad patriarcal.
Su personalidad y su conducta avivaron odios y amores, los O´Higginistas la apodaban la "jaiba", nombre vulgar que se le daba a varios cangrejos del mar y la relación política que mantuvo con Bernardo O'Higgins, siempre fue crítica; lo apodó "el huacho Riquelme", refiriéndose a su condición de hijo ilegítimo.
Según cuenta la tradición, la bandera patria habría sido bordada por ella, siendo presentada e izada por primera vez, el 4 de julio de 1812, en una cena con el cónsul estadounidense Poinsett, para celebrar el aniversario de la independencia de aquel país.
Entretanto, las tareas agrarias que demandaban las tierras en Las Canteras, no permitieron a Bernardo O'Higgins vislumbrar las conspiraciones y manejos políticos que siguieron sigilosamente fraguándose en el mes de junio.
Así, el 8 de julio de 1812, Juan Miguel Benavente derriba, con un movimiento de tropas al mando de oficiales realistas, a Juan Martínez de Rozas en Concepción, reconociendo solamente el poder y la autoridad de Santiago.
Uno de los partes enviados al diputado O´Higgins, informaba que “en Julio del presente, fue mandado a Concepción don Juan Antonio Salcedo y Muñoz, como diputado del gobierno de la junta de guerra, para tratar y cortar toda desavenencia; su principal objeto era destruirla” lo que se logró “por el influjo de don Pedro Benavente, para revolucionar la tropa, destruir la junta de guerra, apresarla, remitirla a Santiago con muchos de los sospechosos y dejar el mando seguro, en manos de Benavente.”
A consecuencia de esas y otras maniobras, la guarnición de Valdivia se puso a las órdenes del virrey del Perú y en Concepción, las autoridades y sectores más conservadores, vieron fortalecidas sus posiciones políticas.
Lo anterior, dio motivos para muchas sospechas atribuidas al gobierno de José Miguel Carrera.
Algunos vieron el segundo golpe como un intento de restaurar el partido Monárquico. Otros incluso, ajenos a la política chilena, lo vislumbraron como una tentativa basada en la ambición personal.
Es de notar, que todo lo anterior, fue justificado por José Miguel Carrera como necesario, para el bien “de la causa de la independencia” debido a que, “las formas republicanas unidas al poder absoluto; dividida la opinión por la divergencia de los partidos; la ambición disfrazada con el ropaje del Bien Público; la Autoridad sin reglas para mandar, el Pueblo sin leyes para obedecer, cual nave sin gobierno en medio de las olas, fluctuando entre las convulsiones de la anarquía, presentaba Chile en su estado de oscilación el cuadro de la crisis espantosa ...” Sin embargo, a pesar de tales declaraciones en relación a buscar la independencia, es de notar que, en documentos oficiales de su gobierno, esa independencia nunca fue declarada y, por el contrario, se reconocía específicamente a Fernando VII, como el legítimo rey de Chile, como consta, en el Reglamento Constitucional Provisorio de 1812.
Pero el gobierno carrerino continuaba su tarea emancipadora, y el 11 de julio, el Cónsul Poinsett presenta a Carrera el proyecto de Constitución Nacional.
El escrito constitucional presentado, constaba de 27 artículos y establecía un gobierno, compuesto de un Senado con 7 miembros y una Junta Superior de Gobierno, con tres vocales.
Es posible ver el documento, como una tentativa de establecer una monarquía constitucional o parlamentaria, con una relación directa con la corona, pero con ninguna otra autoridad española.
Se reconocía a Fernando VII de España, como Rey, pero establece claramente que “el poder” reside en el pueblo (artículos 2, 6, 8) y que ese pueblo “hará su constitución” y que el rey “la aceptará”, declarando al mismo tiempo, en el artículo 5° como nula, cualquier orden o disposición proveniente de fuera del territorio nacional.
Ésta parece ser, la primera vez, que implica y se define, que “Chile es un país", a diferencia de una "provincia" o como parte de un imperio, en los documentos oficiales del gobierno.
Adicionalmente, aun cuando establece en el artículo 24 igualdad de derechos, Carrera y sus partidarios no abolieron los títulos de nobleza, porque según declaraciones posteriores, pretendían no aumentar "imprudentemente y sin necesidad, el número de enemigos poderosos contra el sistema de la Independencia".
Esta interpretación, parece congruente con un artículo publicado en mayo en la Aurora de Chile, con la firma de fray Camilo Henríquez, quien estaba a cargo de la comisión redactora de esa Constitución, y que afirmaba: “El gobierno británico es un medio entre la monarquía, que se encamina a la arbitrariedad, la democracia, que termina en la anarquía, y la aristocracia, que es el más inmoral de los gobiernos y el más incompatible con la felicidad pública. Es pues un gobierno mixto en que estos tres sistemas se templan, se observan, se reprimen. Su acción y reacción establece un equilibrio en que nace la libertad.”
A mediados de 1812, finalmente, Carlos María de Alvear junto a José de San Martín, fundaban en Buenos Aires la filial de la Logia de los Caballeros Racionales de Cádiz, que oficialmente la rebautizaron con el nombre de “Logia Lautaro”.
El nombre fue tomado del cacique araucano Lautaro, quien, en el siglo XVI, se había sublevado contra los españoles liberando casi toda la región en el extremo sur de América.
La sociedad estaba formada, tomando la misma estructura de las logias masónicas de Cádiz y de Londres, similar a la que, en Venezuela, tenía como miembros a Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Andrés Bello.
Su objetivo era trabajar “con sistema y plan en la independencia de la América y su felicidad”, convocando a unirse, a todos los “patricios criollos” terratenientes, comerciantes y lideres políticos, de América del sur.
Sus miembros principales, además de San Martín y Alvear, eran José Matías Zapiola, Bernardo Monteagudo y Juan Martín de Pueyrredón.
Mientras, en la guerra del caribe sur americano, temiendo una derrota brutal y desesperado, en correspondencia con las facultades otorgadas por el Triunvirato ejecutivo, que en el Decreto le había otorgado el cargo de dictador plenipotenciario, generalísimo y jefe supremo, Francisco de Miranda convoco a los realistas a buscar un acuerdo.
Pero Monteverde, aprovechando la convocatoria exigió a los patriotas la rendición junto a la entrega de las armas y a cambio, se comprometió, a respetar las personas y sus bienes, por lo que Miranda acuerda la capitulación del ejército patriota de la Confederación.
De esta manera, el 25 de julio, en la ciudad de San Mateo, Francisco de Miranda firma el pacto de capitulación ante el ejército realista, hecho que generaría confusión y se interpretaría como una traición a la patria.
Miranda entonces, determina como concluida su misión militar, por lo que presenta su dimisión a Monteverde y se compromete con la condición de regresar a Inglaterra, por lo que se dirige de regreso a Caracas en busca de sus pertenencias, pero cuando tomaba rumbo a La Guaira antes de embarcarse en el puerto y salir hacia el exterior, según el mismo generalísimo para continuar la lucha, un grupo de oficiales dirigidos por Simón Bolívar lo apresaron en el muelle, acusándolo de traidor y el coronel José Mires, lo encerró en el fuerte San Carlos, el día 31 de julio de 1812.
Al parecer, la intención de Bolívar habría sido fusilarlo, por considerar que el pacto de San Mateo, era un acto de traición; pero finalmente, atendiendo diversos consejos de la logia, permitió que Francisco de Miranda fuese encarcelado bajo custodia del coronel Manuel María de las Casas, comandante militar del puerto, quien en secreto se pasó al bando español, entregando al general Miranda a Domingo de Monteverde, junto con los demás refugiados que no habían conseguido zarpar.
Así las cosas, Simón Bolívar sin enterarse de la traición de Manuel María, se dirigió entonces a Caracas ya con gobierno en manos de los realistas, donde gracias a la intervención de algunas amistades en el bando enemigo, obtuvo un pasaporte extendido por Domingo de Monteverde, de quien se dice que expresó textualmente "Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con la entrega de Miranda".
Tiempo después de salir de Venezuela, Bolívar regresaría a esas tierras, dispuesto para reiniciar definitivamente la guerra.
Próximo Capítulo: El Príncipe de los Caminos
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