EL CRUCE DE LOS ANDES DEL SUR
El 5 de enero de 1817 Ramón Freire y sus lugartenientes llegaron a Mendoza en momentos en que la gran columna principal, como una marea con sus mulas, carretas, cañones y pertrechos para el cruce, salían en dirección a la cordillera. Era una verdadera población en movimiento que, arengados por el Capitán General José de San Martín enarbolando la bandera albiceleste, exclamaba a la muchedumbre:
― “Soldados de la patria, esta es la primera bandera independiente de América… Su deber es honrarla.”
Los campanarios de la ciudad, hacían replicar sus bronces y hierros en medio de los vítores mendocinos, que estallaban en júbilo.
El héroe de Concepción fue reconocido de inmediato por O’Higgins que, saliendo a su encuentro, le invita a sumarse mientras la fiesta se desataba.
Después de un breve descanso, el general chileno lo presenta a San Martín recomendando su participación en la travesía, por los meritos ganados a costa de sacrificios y entrega sin igual a la causa patriota.
En los días siguientes, San Martín convoca a Freire para encargarle la misión que necesita desarrollar. Debería hacerse cargo de una columna con doscientos hombres, ochenta de los cuales eran soldados y los demás, vaquéanos, gañanes y mapuches, con los cuales tenia que ingresar a Chile por el sur de la provincia, hacia Colchagua donde operaban las guerrillas de Manuel Rodríguez, haciéndoles creer a los realistas que el grueso del ejercito de Los Andes ingresaba por ese paso cordillerano, por lo que para esa misión, le entrego los planos de los pasos desconocidos de la zona, que Rodríguez le había enviado.
Ramón Freire y sus hombres se pusieron en marcha de inmediato, para hacer de punta de lanza de la invasión a Chile.
Mientas en el caribe, las tropas del libertador Simón Bolívar acompañado del general Juan Bautista Arismendi, se enfrentaban a las fuerzas realistas el 9 de enero, en el combate de Clarines y Unare, donde fueron derrotados por los soldados del Rey.
A pesar de la derrota, Arismendi fue comisionado por Bolívar, para entregar el plan de la campaña sobre Caracas, ante los generales Manuel Piar, José Antonio Páez, Pedro Zaraza y Manuel Cedeño en Barcelona, campaña que el libertador aplazo indefinidamente por condiciones adversas.
El 12 de enero de 1817 se inició la marcha en dirección al monte Aconcagua para el cruce de los Andes sudamericano.
Adelante marchaba la primera división, donde el cuerpo estaba formado por la vanguardia al mando del brigadier mayor Estanislao Soler.
En el centro, a un par de días de diferencia con la vanguardia, marchaba la segunda división al mando del brigadier Bernardo O'Higgins, estaba integrada por 1000 hombres con la escolta de granaderos al mando del teniente coronel Mariano Necochea.
Después seguía la retaguardia, al mando del teniente coronel Pedro Regalado de la Plaza, que conducía el cuartel general, la maestranza del ejército y el hospital.
Las dos columnas principales estaban formadas por 3500 soldados, 100 baqueanos, 1000 caballos, 10 000 mulas, de las que solo llegaron 4000, treinta cañones, casi un millón de cartuchos de fusil, varias toneladas de pólvora y alimento para todos los hombres y animales durante un mes de marcha.
El resto del ejército se componía por 1200 milicianos montados para la conducción de víveres y artillería, 120 barreteros de minas para facilitar el tránsito por los pasos cordilleranos, 25 baqueanos, 47 miembros de sanidad formando el hospital de campaña, 16 piezas de artillería entre cañones de 6 pulgadas y 2 obuses de 4 1/2 pulgadas mas 4 piezas de montaña de 4 pulgadas, 15 empleados civiles, 1600 caballos extras para caballería o artillería y 9281 mulas de silla y de carga.
A partir del 17 de enero, el grueso del Ejército inició el avance de sus columnas principales hacia el caserío de las Cuevas de la cordillera argentina de Los Andes.
El avance por el Paso de Uspallata y el valle del Río Mendoza se inició el 18 de enero de 1817, conduciendo todo el parque y la artillería, cuyo transporte era imposible por el más escabroso camino al paso de Los Patos. A cargo de las tropas de 800 hombres se hallaba el brigadier Juan Gregorio de Las Heras, siendo su segundo comandante el mayor Enrique Martínez. Entre los hombres que lo acompañaban se encontraba fray Luis Beltrán.
El cuerpo abrió la marcha desde El Plumerillo el 19 de enero de 1817, tomó por Jagüel, Yalguaraz, Río de los Patos, salvó el alto cordón del Espinacito por el paso homónimo, situado a 5000 metros sobre el nivel del mar.
Mientras avanzaban las columnas, con el objetivo de dividir aún más las fuerzas enemigas, José de San Martín ordenó primero el avance de una parte de las tropas, por los pasos de “Come Caballos”, “Guana”, “Portillo” y “Planchón”.
Estos no eran los pasos elegidos para las columnas principales, sino que los dos primeros se hallaban al norte y los últimos al sur de los realmente seleccionados. que eran los pasos de Uspallata y Los Patos, los que ya habían sido analizados por José Antonio Álvarez Condarco.
Entretanto, tomando ventaja de que San Martín y la mayor parte del ejército argentino se encontraba ya cruzando la cordillera preparándose a liberar Chile, en el noroeste de las Provincias Unidas y previniendo una invasión desde el Alto Perú, el general portugués Lecor había iniciado la invasión a la Provincia Oriental, ocupando Montevideo en un rápido asalto el 20 de enero de 1817.
En la altura de Los Andes, entre los interminables montes de la cordillera, el paso de los caballares, las mulas y enseres, se hacia lento a veces. Más de una carga se fue perdiendo en el trayecto, desbarrancándose con su animal, pero la marcha continuaba a pesar de sus contratiempos. Todos sabían que pronto pisarían tierra chilena, pero muy pocos sabían el día y la ruta que seguirían para descender a los valles centrales.
Así, mientras las tropas patriotas avanzaban y las fuerzas españolas que ya esperaban divididas desde el Maule hasta Coquimbo, gracias al talento guerrillero de Manuel Rodríguez con sus montoneros en el centro sur y el pequeño grupo de espías patriotas en el centro norte, el 21 de enero de 1817 San Martín y su plana mayor emprendieron la marcha desde Mendoza hacia la cordillera, con el ultimo destacamento militar rumbo a Chile.
La columna del capitán general José de San Martín, que era el grueso del ejército al mando del propio jefe de la expedición, tomó la ruta directa hacia la cumbre del Paso de los Patos.
San Martín con sus tropas fueron los últimos en partir porque precisamente, el general controló lo más importante, la salida en orden del ejército.
El brigadier O'Higgins le escribía casi a diario al general en jefe del ejercito, que venía varios días más atrás, informándole sobre su marcha y la del brigadier mayor Soler. Esas cartas son algunos de los documentos más precisos para conocer las alternativas de la marcha, que el ejército desarrollo a través de las montañas sanjuaninas.
Entretanto, Ramón Freire ingresaba por el cajón cordillerano que alimentaba el río Maule y había sido informado por el mapuche de avanzada, que se había descubierto a unos espías realistas, por lo que decidió avanzar con sus tropas hasta el atardecer y ya, en las últimas serranías, hizo volver la mayor parte de sus hombres durante la noche aprovechando la oscuridad.
Al día siguiente, una vez cambiados de uniformes los soldados, les hizo pasar nuevamente por el lugar en el cual habían cruzado el día anterior. La maniobra la repitió un par de veces camino al valle de Curico.
Los espías enemigos encendieron la voz de alarma y los realistas, pensando que la invasión era por el valle del Maule, dividieron sus tropas enviando el grueso a defender la ciudad de Curico.
En esos días de enero, Manuel Rodríguez en Chile, perpetró sus últimas hazañas a fin de dividir las fuerzas realistas para la llegada del ejército patriota. Se encontró con algunos guerrilleros mandados por Freire y junto a ellos, organizaron asaltos en las estancias de la región, pasando por los pequeños pueblos arrastrando grandes piedras envueltas en cuero, provocando el sonido de traslado de artillería. Ante la huida de los soldados realistas, Rodríguez cayó sobre Melipilla y se apoderó de los fondos recaudados por contribuciones forzosas, unos dos mil pesos, que repartió entre sus hombres, para que pudiesen alimentar a sus familias.
La desorientación realista fue creciendo y cundió el pánico cuando los lugareños, armados de palos, machetes y lanzas, se rebelaron uniéndose a los grupos guerrilleros de Freire, de Neira y de Rodríguez.
Mientras el Ejército de los Andes, que se dio a la tarea de liberar Chile, llegaba bajo las banderas con los colores celeste y blanco de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Era el gran ejército libertador, sobreviviente a las inclemencias montañosas, quedaba compuesto por unos cinco mil soldados, con los que lograron atravesar la cordillera de los Andes a principios de febrero y todas las divisiones ya avistaban territorio chileno.
La columna de San Martin, que el 2 de febrero inició el paso de la cadena limítrofe por el Paso de las Llaretas fue la columna que tropezó con las mayores dificultades, pues fue preciso escalar cuatro cordilleras.
El brigadier mayor Soler, que, por ir adelante en la vanguardia, fue el primero en enfrentarse a tropas realistas y logró las victorias de Achupallas el día 4 y Las Coimas, el 7 de febrero de 1817.
Al día siguiente, ingresaron a la ciudad de San Felipe las primeras avanzadas del ejército patriota.
Tras vencer en los combates de Picheuta, combate de Potrerillos y Guardia Vieja, los soldados de la columna de Las Heras pudieron ingresar en Santa Rosa de los Andes, el 8 de febrero.
En la misma fecha, se produjo la reunión con la división principal de Soler que llegaba a Curimón y que el día anterior había salido victoriosa en la acción de Las Coimas.
Ambas columnas principales, debían reunirse completamente en el valle del Aconcagua, mientras que efectivos menores dispersaban las fuerzas enemigas, induciéndolas a engaño respecto del avance de la agrupación principal.
Las fuerzas de Las Heras, O’Higgins y Soler se reunieron en el campamento de Curimón.
Era un avance en varios sectores, en un frente de más de 2000 kilómetros, a través de una gigantesca cordillera. Con esto se pretendía distraer a las fuerzas realistas de Chile que no sabían en definitiva por donde arribarían y los obligaba a dividir sus fuerzas para provocar movimientos favorables a la revolución, en zonas alejadas de la capital Santiago.
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