CONVULSIONES DE LA PATRIA VIEJA
Tras los acontecimientos posteriores a la muerte de Antonio Pareja, y luego de sucederlo Juan Francisco Sánchez, el virrey Abascal decidió enviar un nuevo contingente desde el Perú, bajo la comandancia del brigadier Gabino Gaínza.
La expedición zarpa desde el Callao, el 1 de enero de 1814 hacia Chiloé, mientras en Chile, el recién ascendido a Brigadier y reconocido como héroe victorioso en la batalla de El Roble, Bernardo O'Higgins, viajó a Talca para entrevistarse con los miembros de la Junta de gobierno, porque no quería asumir el puesto de Comandante en Jefe y dejó disponible el mando para quien, “el gobierno considerara de confianza”. Este, lo ratificó para que asumiera el control militar y le encomendó que lo pensara bien, entregándole la responsabilidad que, nombrara a sus coroneles en las divisiones del ejército patriota, remplazando a los derrotados hermanos Carrera.
El coronel Juan Mackenna fue quien recibió la orden de la logia, de convencer a O'Higgins que, por el bien de la Patria aceptara el nombramiento.
Con el Alto Perú en poder de los realistas y Chile en peligro, la toma de la guarnición de Montevideo, con 5000 soldados españoles, se volvió un objetivo indispensable para la independencia de la región, puesto que la falta de control de dicha plaza constituía un peligro permanente para Buenos Aires.
Los patriotas sabían muy bien que, la plaza de Montevideo, podía ser utilizada como base de operaciones en el caso de una expedición punitiva contra el Río de la Plata.
El Segundo Sitio de Montevideo por el ejército del norte, no había tenido hasta entonces resultados satisfactorios ya que la armada española, tenía acceso al puerto de Montevideo y la posición de los españoles era inexpugnable.
En 1814, Carlos Maria de Alvear y Juan Larrea, impulsaron la creación de una escuadra naval que, al mando de Guillermo Brown, realizó la Campaña Naval de ese año.
Las diferencias políticas de cómo deberían administrarse los recursos para la guerra, se acrecentaron en la Logia Lautaro, por lo que esta se dividió entre los partidarios de San Martín y los de Alvear. Producto de la mayor influencia política de este último, se las arreglo para alejar a San Martín del poder proponiéndolo para ocupar al mando del Ejército del Norte.
Como consecuencia también, de las derrotas que sufrió Manuel Belgrano como general en jefe del Ejército del Norte, frente los realistas, en las batallas Vilcapugio y Ayohúma, y debido al triunfo de José de San Martín en el combate de San Lorenzo, el Segundo Triunvirato reemplazó a Belgrano por San Martín como comandante del Ejército del Norte.
De esa manera, la logia Lautaro ya dividida, posicionaba sus piezas en el teatro de operaciones sur americano.
El encuentro de San Martin con el jefe saliente Manuel Belgrano, al que personalmente no lo conocía, ha sido llamado “abrazo de Yatasto”, ya que la tradición lo ha fijado en la posta de Yatasto, en la provincia de Salta.
La investigación del historiador Julio Arturo Venencia, sostiene en cambio que dicho encuentro, fue el 17 de enero de 1814 a la salida de la posta de Algarrobos, en las cercanías del río Juramento y a 14 leguas de Yatasto.
Como comandante del Ejército Auxiliar del Perú, San Martín debió reorganizar un ejército deshecho por las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma, planteando que los recursos de la Escuadra Naval deberían ser usados para reforzar el ejército de las provincias a su mando. Para concretar dicho fin, retrocedió hacia San Miguel de Tucumán, donde acantonó al ejército en una fortaleza en construcción conocida como la Ciudadela, lugar donde se dedicó a reforzar la tropa y adiestrar concienzudamente al contingente militar, asegurándose de contar a futuro, con una tropa profesional.
Mientras tanto, el 31 de enero llegó a Chile Gabino Gainza, con la nueva expedición realista.
Ésta expedición desembarcó en Concepción y reagrupó a las tropas realistas que se encontraban en la zona, para retomar el avance hacia Santiago, pero Bernardo O'Higgins, recibió las noticias del desembarco del brigadier realista, gracias a una red de contactos y vigías en la zona de Chillan y Concepción, quienes le informaron que desembarcaría en las costas de Arauco con importantes refuerzos, a los que se habían sumado hombres traídos desde Chiloé.
En la misma fecha se enteró que su madre y su hermanastra, que se encontraban prisioneras por las fuerzas realistas desde el asalto a Las Canteras un tiempo atrás, habían recuperado su libertad gracias a un canje de prisioneros.
Entretanto, la Junta chilena, que sesionaba en Talca, con el fin de dividir políticamente a las fuerzas de los Carrerinos, nombró secretario de Guerra a Carlos Rodríguez Erdoíza, quien tuvo una dilatada carrera política, durante los primeros años de la independencia con el Conde de la Conquista y con Martínez de Rozas.
En esa nueva coyuntura y en una táctica política, tanto militarista como unitaria, el 1 de febrero de 1814 José Miguel Carrera reconoce a Bernardo O'Higgins, como comandante en jefe.
Por esta razón y sumado a la negativa de O'Higgins a asumir el cargo presentada en Talca y que, finalmente aceptó por sugerencia de su incondicional amigo y consejero de la logia, el coronel Juan Mackenna, el traspaso de mando del ejército patriota sólo se concretó el 12 de febrero en la ciudad de Concepción, quedando definitivamente al mando, el brigadier Bernardo O'Higgins de Riquelme.
En el mes de enero también y a principios de febrero, en la Confederación Venezolana, el capitán de milicias español José Tomás Boves, famoso por su valentía y las incontables veces que se libró milagrosamente de la captura patriota, nuevamente inició operaciones con tropas autóctonas de los llanos venezolanos, autorizadas a apoderarse de las tierras y bienes, producto del saqueo y el pillaje.
Las fuerzas del general Simón Bolívar, enfrentadas a un enemigo implacable, que usaba tácticas de guerrillas y emboscadas rápidas, además de ejecutar a todos los prisioneros, sin importar si eran españoles o criollos, se fueron debilitando militarmente al no poder atraparlos ni detener el terror en la zona.
En febrero de 1814 se produjo un motín de las tripulaciones de dos de los buques de la escuadra naval al mando de Guillermo Brown, lo cual fue aprovechado por José de San Martín para reforzar su oposición al proyecto naval, por lo que convenció al director Posadas de que era hora de “desarmar los barcos” de la escuadra.
Pero con medidas enérgicas, Carlos María de Alvear consiguió sofocar el motín y disuadió al Director Supremo de esta resolución.
En Chile entretanto, las tropas realistas en un sorpresivo ataque el 3 de marzo de 1814, conquistaron la ciudad de Talca, donde el coronel patriota Carlos Spano al día siguiente, muere defendiendo la ciudad de los ataques enemigos.
Este hecho, produjo el regreso a Santiago y la renuncia de toda la Junta de Gobierno, con el propósito de terminar con el poder ejecutivo colegiado y concentrar todo el mando, en una sola persona que, bajo el título de Director Supremo, dirigiera los destinos del país.
Así, el 6 de marzo y una vez entregado el mando en Concepción, José Miguel Carrera que, se dirigía de vuelta a Santiago solo con sus hermanos y sin más soldados, fueron sorprendidos por una patrulla realista que los persiguen y no pudiendo evitarla, son hechos prisioneros por los españoles.
En Santiago, el 7 de marzo se produce el nombramiento del Director Supremo de Gobierno, que recayó en el coronel Francisco de la Lastra, para que llevara como plenipotenciario las riendas del gobierno.
Gracias a la gestión de Alvear en Argentina, para mantener la escuadra operativa, el 8 de marzo Brown pudo finalmente hacerse a la vela para librar su primer combate naval contra una flotilla realista, que se encontraba en la isla Martín García.
En pocas semanas también quedaron igualmente prontas y listas para marchar, las tropas que debían pasar a reforzar el sitio de Montevideo, así como todo el material necesario, armamento, municiones y vestuario, para el ejército porteño.
En las fuerzas realistas en tanto, el 19 de marzo, siendo reemplazado por el interino Matías de la Fuente en Concepción, Gabino Gaínza avanza con sus soldados a enfrentar al ejército patriota de Chile, en la zona de Quilo – Membrillar.
Mientras el capitán Ramón Freire y sus jinetes se enfrentaba a fuerzas muy superiores, realizando acciones suicidas entrando y saliendo de las posiciones enemigas, entorpeciendo a las fuerzas de Gaínza, el brigadier Bernardo O'Higgins planificó atacar las plazas de Los Ángeles y Nacimiento, para cortar la línea de abastecimiento y comunicación de las fuerzas realistas con Valdivia. Para ello, ordenó a Mackenna que se encontraba en Quirihue, que descendiera hacia Concepción mientras él, reunía y equipaba a sus hombres.
O'Higgins se enteró que Gaínza también preparaba sus fuerzas para atacar a la división de Mackenna, que ahora ya se encontraba en Membrillar en la ribera norte del río Itata, por lo que decidió ir en su auxilio.
El 19 de marzo de 1814, cerca de Ñipas en la localidad de Quilo al sur del río Itata, O'Higgins abatió un destacamento de tropas realistas y al día siguiente, observó desde una altura, como el coronel Mackenna abatía a las tropas de Gaínza. Luego, con ambas divisiones O'Higgins avanzó hacia Talca para cerrarle el paso a Gaínza hacia Santiago.
Ambos ejércitos avanzaban hacia el norte, en una carrera paralela por alcanzar el río Maule.
Durante este desplazamiento, O'Higgins se enteró de que los refuerzos de más de 1000 hombres al mando del capitán Manuel Blanco Encalada, habían sido derrotados el día 29 de marzo en Cancha Rayada.
El ejército patriota, pasó el río Maule antes que el ejército realista y se atrincheró en el fundo Quechereguas, en la ribera sur del Río Claro de Talca y ahí, el 8 de abril resistió la embestida de Gaínza que, ante su fracaso, decidió regresar a la ciudad de Talca.
O'Higgins se mantuvo en Quechereguas, en espera de un nuevo refuerzo de tropas desde Santiago. Mientras más al sur, Ramón Freire ya era una leyenda con sus dragones, gracias a los pequeños éxitos guerrilleros en territorio enemigo.
A principios de abril, una vez reparados los buques que habían combatido a la flotilla realista en Martín García, la escuadra del Río de la Plata quedó en condiciones de operar nuevamente, por lo que se organizo de inmediato, el sitio sobre Montevideo.
En esa instancia y ante el estancamiento de las acciones militares por el desgaste de ambos bandos en Chile, Francisco De la Lastra llamó al coronel Mackenna a Santiago para conocer la situación real del ejército patriota y luego de escucharlo, considerando entre otras causas la grave crisis financiera en que se encontraba el país, aceptó la mediación que el comodoro inglés James Hillyar, en representación del Virrey del Perú que le ofrecía firmar un tratado de cese de las hostilidades.
El virrey Abascal aceptó la designación de O'Higgins y de Mackenna, como plenipotenciarios por la parte chilena, previamente ambos oficiales fueron investidos de poder, siendo Mackenna ascendido al grado de brigadier y Gainza, actuó como representante de Abascal, pero con la condición de que, lo que se acordase, debería ser ratificado por éste.
Así, a orillas del río Lircay, realistas y patriotas suscribieron el 3 de mayo de 1814 el denominado, Tratado de Lircay.
Los puntos dispuestos en el tratado, indicaban que los patriotas debían ser leales al Rey y que, los realistas, se comprometían a reconocer un gobierno provisional chileno.
Sin embargo, el pacto no se llevó a cabo en la práctica y sólo proporcionó una instancia de tregua momentánea, pues ambas partes sabían que no cumplirían lo convenido.
Gabino Gainza retrocedió hasta Chillán mientras que Bernardo O'Higgins se mantuvo en Talca y posteriormente, el tratado de Lircay fue rápidamente rechazado por el Virrey Abascal, quien comisionó al coronel don Mariano Osorio para reiniciar las acciones contra los patriotas.
Al poco tiempo, llegó la información confirmando que el virrey Abascal rechazaba el tratado y que, además, enviaría una nueva expedición contra los insurgentes de Chile.
Así las cosas, el 12 de mayo, los hermanos Carrera prisioneros en las manos realistas de Chillan, supieron del tratado firmado por O´Higgins y Gaínza, lo que aprovecharon para organizar su liberación.
Gracias a su ingenio y su reconocido origen familiar, ofrecen una recompensa al carcelero del campamento para su libertad, indicándole que se había logrando el armisticio. Acordado el monto y su salida de madrugada, los hermanos sin mayor dificultad consiguieron fugarse de sus captores.
El Director Supremo Posadas, del Río de la Plata, nombró comandante del ejército que sitiaba a los realistas en Montevideo, a Carlos María de Alvear reemplazando a José Rondeau, pero Alvear no asumió el mando de este ejército sino después de la victoria naval de Brown frente a Montevideo, por lo que su actuación militar fue muy breve pero exitosa.
Negoció la entrega de la plaza y utilizando un ardid, obligó a una rendición completa a las fuerzas realistas el 20 de junio de 1814.
Pero la victoria no dio todos los resultados positivos que se esperaban de ella, por las crecientes discrepancias del gobierno central con José Gervasio Artigas, el líder de los revolucionarios orientales. Este prócer reclamó que la ciudad de Montevideo les fuera entregada a los orientales.
Alvear llamó a Artigas para negociar su entrega, pero este, desconfiando de sus intenciones, envió en su lugar a Fernando Otorgués, que acampó con su división a cierta distancia de la ciudad.
Al día siguiente, Alvear avanzó al frente de una división, iniciando tratativas con Otorgués mientras reunía otras fuerzas. Acusó a Otorgués de haber intentado sublevar a las tropas realistas en su contra y atacó en Las Piedras el campamento de Otorgués, cuyas tropas fueron completamente dispersadas.
Este triunfo patriota, contra los españoles en Montevideo, modificó sustancialmente la geografía de la revolución en el área del Río de la Plata, en beneficio de los revolucionarios.
En junio de 1814, las bandas compuestas por llaneros lugareños que, organizadas por José Boves, seguían asolando de robo y pillaje los llanos venezolanos, con la promesa realizada arbitrariamente por el realista, de propiedad de la “tierra arrasada y los bienes de los blancos”, razón por la cual las montoneras seguían creciendo y atacando, a las fuerzas patriotas de la Confederación.
Ante la falta de medios, tanto económicos como militares para combatir a las montoneras de Boves y sus llaneros, Bolívar decidió el 7 de julio retirarse con las fuerzas que le quedaban, hacia el Oriente venezolano y unir fuerzas con Santiago Mariño.
Organizada, además, por el virrey Abascal, la nueva expedición realista al mando de Mariano Osorio, el 19 de julio inician su viaje al sur para reforzar las fuerzas realistas en Chile.
Entretanto, Bernardo O’Higgins se encontraba en su campamento en Talca, comentando la noticia de la fuga de los hermanos Carrera de su cautiverio en Chillán, cuando José Miguel y Luis Carrera se presentaron ante él para ofrecer sus servicios. Se quedaron varios días en Talca y ahí, se encargaron de reforzar lo impopular que era el tratado de Lircay entre los patriotas.
Ante la negativa de O´Higgins de reintegrarlos, Luis Carrera reunió a las tropas leales que formaban su antigua división y continuaron su regreso hasta Santiago.
Días después, José Miguel Carrera y sus hermanos llegaban a la ciudad, siendo reconocidos aún, como el general del ejército patriota y los integrantes de este cuerpo militar, por lo que se reúne con sus partidarios, donde Manuel Rodríguez, como diputado y abogado constitucionalista, dejaba de lado las rencillas políticas y renovaba su apoyo, al enterarse de la remoción de José Miguel y sus hermanos, por las movidas políticas de la Logia.
En reuniones organizadas por Javiera Carrera, en la hacienda de El Monte, decidieron reorganizar entre las familias Carrera y Rodríguez, un nuevo grupo político que desconociera el tratado de Lircay y de forma independiente a las organizaciones de Cádiz e Inglaterra, que influían en los masones americanos, llevaran el proceso independentista al extremo de las ideas liberales, como años atrás se habían planteado en la conspiración de “Los Tres Antonios”.
Para sus planes, contaban, con la información del hermano de Manuel, Joaquín Rodríguez Erdoíza, que figuraba como miembro de la corte virreinal limeña en calidad de oidor de la Real Audiencia de Perú, y con la participación de otros notables de Coquimbo, como José Gaspar Marín y el presbítero Julián Uribe.
Mientras se organizada la nueva conspiración de Carrera con sus partidarios, para desconocer el tratado de Lircay que fue desahuciado por el Virrey Abascal, acusando al Director Supremo De La Lastra, de dictador, los carrerinos se encargan de enardecer los ánimos de los vecinos de Santiago.
Desde la hacienda en El Monte, José Miguel junto con sus hermanos, salen preparados y dispuestos a retomar la conducción del gobierno y del ejército patriota.
El 23 de julio de 1814, José Miguel Carrera encabeza, junto con el presbítero Julián Uribe y su partido, una revuelta que depone al Director Supremo Francisco De la Lastra de la Sotta, e instala nuevamente mediante un golpe de fuerza, una junta de gobierno integrada por Manuel Muñoz Urzúa, Julián Uribe y José Miguel Carrera, asumiendo éste ultimo como presidente.
Sin embargo, parte del gobierno derrocado escapa al sur y al día siguiente, en un cabildo abierto en Talca, solicitan a O'Higgins que restaure el gobierno representativo, por lo que O'Higgins, que se oponía a Carrera y según lo dispuesto por la Logia, aceptó el mandato y movilizó su ejército hacia Santiago, con el propósito de restablecer en su cargo al Director Supremo derrocado.
El mes siguiente, el 12 de agosto, el brigadier Mariano Osorio desembarco en Talcahuano y llegando de inmediato a Concepción, asumió el mando del ejército realista que, estaba bajo control del comandante José Berganza designado por el mismo brigadier y desde allí, inició un nuevo avance hacia el norte.
En la Confederación Venezolana, una retirada estratégica de Simón Bolívar produjo un éxodo desde Caracas hacia Oriente, en el cual murieron muchas personas que seguían a las fuerzas republicanas, por temor a las represalias de Boves y su lugarteniente Francisco Tomás Morales.
Fue entonces cuando Bolívar decidió hacerles frente en Aragua de Barcelona, el 17 de agosto de 1814.
En la Madrugada, Morales cruzó el río con su infantería bien pertrechada y dirigida por oficiales disciplinados. Su caballería flanqueaba las defensas por un paso que Bermúdez, había dejado desguarnecido.
A las 9:00 horas, los patriotas fueron empujados a las calles de Aragua, resistiendo ferozmente cuanto pudieron hasta el mediodía, cuando Bolívar ordeno la retirada para Cumaná por el camino hacia Barcelona con 400 sobrevivientes y Bermúdez, huye a Maturín con las columnas de José Tadeo Monagas, Pedro Zaraza y Manuel Cedeño, que serán las bases de las fuerzas en el resto de la campaña.
De esta forma, los españoles recuperaban terreno usando todos los medios para infundir terror, mientras en el Pacifico, los territorios de Ecuador y Perú se mantenían en control de su virreinato.
El 18 de agosto, se desarrollaba en el sur de Chile la llegada de Osorio con pertrechos a Chillán.
Enterado este, de la división en dos bandos del ejército patriota y habiendo planificado como estrategia de debilitamiento avivar sus rencillas, Osorio había dispuesto enviar de forma secreta la orden de liberación de Carrera antes de su llegada al sur y esperaba dar el golpe definitivo al ejército independentista, que se encontraba enfrentado entre si.
Tras ser derrotado en el norte, Simón Bolívar logró llegar a Cumaná el 25 de agosto y unirse a Antonio Mariño.
El saldo de la batalla, arrojo que el batallón Caracas fue aniquilado. Los llaneros masacraron a más de 3.700 soldados y civiles, por lo que los restos del ejército de occidente, salvados por Bolívar en La Puerta, encontraron su fin.
Para seguir la lucha se debía continuar en las provincias de Margarita y Barcelona, pero con un nuevo ejército.
Los realistas sufrieron 1.011 muertos y 832 heridos.
El montonero Morales salió a Maturín, dejando como gobernador al realista José Martín, quien continuó degollando supuestos patriotas, hasta llegar casi a las 1.000 personas, que ejecutó sin juicio alguno.
Estos crímenes serian, a la postre, los que definirían las opciones en favor de la independencia, en el pueblo venezolano.
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